Sánchez se atasca, Rajoy se apoltrona, Rivera e Iglesias atacan

No estaba dispuesto a asumir grandes riesgos y Mariano Rajoy encontró ayer en el plató de la Academia de la[…]

No estaba dispuesto a asumir grandes riesgos y Mariano Rajoy encontró ayer en el plató de la Academia de la Televisión el escenario perfecto para su mitin del primer lunes de campaña. Los reproches del resto de adversarios sirvieron al presidente de los populares para reafirmarse en su relato de éxitos al frente del Gobierno y deslizar una y otra vez los dos mensajes que sustentan su discurso: la experiencia de gestión y la creación de empleo. Sólo la corrupción acabó por arrastrarle fuera de su zona de confort, informa Nuria Vega para Colpisa.

La dirección electoral del PP había diseñado al milímetro el perfil de Rajoy en el debate: «Presidencial, solvente, con palabras de un gobernante». Los mensajes del equipo de campaña subrayando la trayectoria de su candidato como jefe del Ejecutivo inundaron, de hecho, la sala de prensa mientras en el atril el cabeza de cartel de los populares se despachaba con los mismos mensajes recurrentes de los actos de partido. «Aquí no se viene a hacer prácticas, al Gobierno se viene aprendido», reprendía despojándose de complejos generacionales.

En una campaña trazada para amarrar su masa electoral y recuperar al votante defraudado que en los pasados comicios optó por Ciudadanos o la abstención, el presidente se resiste a abandonar el discurso sencillo y reconocible con el que busca trasladar que o gobierna el PP o se corre el riesgo del fin de la recuperación económica. Que o quienes abandonaron la casa de los populares vuelven con su papeleta, o el extremismo se hará con la Moncloa. Sin necesidad de explicitarlo, «en positivo», como repiten a su alrededor, sin demasiados dramatismos. Pero el destinatario de sus advertencias está definido. «Los debates son para reafirmar los tuyos y para convencer indecisos», se explicaban ayer en el entorno del presidente, convencidos de que la cita a cuatro era «importante», pero en ningún caso «trascendental».

Con esa tranquilidad se acercó Rajoy al plató de televisión. Y pese a tener la réplica preparada, sólo en el capítulo relativo a la corrupción decidió salir al campo de juego y entrar en el cuerpo a cuerpo con su adversario directo, Albert Rivera. Subió el tono e incluso arrojó sombras «inquisitoriales» sobre la postura del presidente de Ciudadanos, que cuestiona la idoneidad del líder de los populares para la nueva etapa política. Fue el momento más espinoso. Tampoco dudó el candidato conservador en insinuar al PSOE que tras rechazar al PP su destino es perder la hegemonía en la izquierda.

Sánchez se atasca en su pacto fracasado

Pedro Sánchez no tendrá en esta campaña una segunda oportunidad para distanciarse de Pablo Iglesias. Esta vez no habrá cara a cara con Mariano Rajoy. No podrá ejercer de alternativa en solitario. Lo sabía y optó por jugárselo todo a una carta: reclamar a los votantes progresistas una segunda oportunidad para hacer posible lo que no pudo ser hace dos meses con los 90 escaños logrados por el PSOE el 20 de diciembre. No una sino seis veces recordó que si no es hoy presidente del Gobierno es porque PP y Podemos lo impidieron, informa Paula de la Heras para Colpisa.

El equipo del candidato socialista da una explicación a ese empeño que, en la práctica, resultó arriesgado y que trajo una y otra vez a la memoria que el suyo es un proyecto fracasado. «No pretendemos atraer a votantes del PP ni a los de la izquierda recalcitrante; vamos a los nuestros, a los socialistas de toda la vida, a los que nos votaron en 2011 y el pasado diciembre se fueron a otros partidos o a la abstención», explicaba hace unos días uno de sus principales asesores.

A ese grupo, en torno a 2,4 millones de votantes indecisos que, conforme a los sondeos, dudan si votar al PSOE o a otro partido es al que pretendían ablandar con la retahíla de todas esas medidas que estaban en su pacto con Ciudadanos -la subida del salario mínimo, la derogación de la reforma laboral, la recuperación de la sanidad universal, la atención a la dependencia- y que Iglesias no secundó.

El secretario general del PSOE midió bien sus estocadas al líder de Podemos, con el que se disputa en torno a un millón de papeletas y con el que ya asume que, en el mejor los escenarios postelectorales, estará obligado a entenderse. El grueso de los ataques fue para Mariano Rajoy. Y también dirigió el tiro. Habló, por supuesto de corrupción, pero no solo. Su público objetivo son mayores de 45 años, así que, por ejemplo, hizo hincapié en el «agujero» de las pensiones y prometió cubrirlo con un «recargo de solidaridad» (impuesto) para «los que le votan a usted»( al PP), grandes patrimonios, grandes fortunas y grandes corporaciones.

A Iglesias le atacó donde sabe que más duele a los socialistas de siempre. «Usted -le dijo, otra vez recordando su investidura fallida- antepuso el reconocimiento del derecho de autodeterminación a las medidas sociales». «Pidió el control de los espías». En diciembre, la mayoría de votantes del PSOE (38,6%) consideró al jefe de filas de Podemos vencedor del debate a cuatro. Lo que crean ahora será clave el 26 de junio.

Un Rivera al ataque se vende como la alternativa moderada

Albert Rivera cumplió hoy con todos los objetivos que se había propuesto en el debate a cuatro. El líder de Ciudadanos, a diferencia de hace seis meses, cuando en un escenario semejante sucumbió a la presión y su papel defraudó las expectativas, salió al ataque desde el minuto uno y logró situarse donde quería, en el centro, como la alternativa moderada y regeneradora contra un Mariano Rajoy que no hace reformas, no cumple sus promesas y no persigue a los corruptos y un Pablo Iglesias que quiere «machacar a la clase media» y arruinar al país con el modelo económico griego, informa Alfonso Torices para Colpisa.

Rivera, pese a ser el cuarto en discordia, gracias a la falta de presencia de Pedro Sánchez, logró hacerse visible y colocarse entre PP y Podemos como la alternativa moderada para el Gobierno de España, como «el cambio sensato, el cambio a mejor», desplazando de esa ubicación al PSOE sin necesidad de nombrarlo ni atacarlo. Se dedicó a golpear a izquierda y derecha y a presentar sus propuestas como «realistas» y «posibles» frente al «inmobilismo» del PP y al extremismo de Podemos, que quiere, dijo, «quitarle la cartera a los autónomos», despilfarrar el dinero público y, «con la piel de cordero de socialdemócrata», llevar a España al «corralito» de sus amigos griegos de Syriza.

Con seguridad en sí mismo, con la lección bien preparada, sin rehuir ni un solo enfrentamiento, fue evidente que su objetivo desde un principio era romper la pinza que polariza la campaña en busca del voto útil a los dos extremos y conquistar al electorado más templado de PP y PSOE que aún duda a qué opción votar. Rivera, gracias a las últimas encuestas, sabe que hay 1,8 millones de electores que buscan motivos para decantarse por una de las tres formaciones. Ciudadanos vio en el debate la palanca para dar un giro a su campaña, en la que hasta ahora se conformaba con consolidar sus 40 diputados, y lanzarse a por la millonaría bolsa de votos, en busca de un salto de escaños en el Congreso.

El líder de Ciudadanos se fue directamente a por Rajoy, le acusó de cobrar en B, de proteger a Luis Bárcenas y le restó «toda autoridad moral» para presidir un nuevo Gobierno en España, por lo que le pidió que «reflexione» y dé un paso atrás «por España» para permitir un acuerdo de Gobierno con «gente limpia de su partido». Igual de contundente fue con Iglesias. «Usted no pide dinero a los bancos porque le da siete millones de euros el Gobierno de Nicolás Maduro», le espetó.

Iglesias se centra en 'su rival' Rajoy e ignora a Sánchez

«No soy yo, Pedro. El adversario es Rajoy». La frase que murmuró Pablo Iglesias en un momento del debate en el que el secretario general del PSOE le acusaba de impedir la formación de un Gobierno progresita resume la estrategia que puso en práctica el candidato de Unidos Podemos, informa Ander Azpiroz para Colpisa. 

Iglesias trató de presentar un perfil presidencial. Y la mejor forma que encontró de hacerlo fue apuntar toda su artillería hacia el jefe del Ejecutivo en funciones. Él es el único que puede evitar cuatro años más de recortes del Partido Popular, vino a decir. A Rajoy le reprochó todo cuanto pudo. El desempleo, la deuda pública, la corrupción, los refugiados... «Creo que no hay problemas en democracia en reconocer que se ha suspendido un examen, nosotros pensamos humildemente que podemos hacerlo mejor», espetó al presidente en funciones.

Por contra, el candidato de Unidos Podemos sólo cargó contra Sánchez a modo defensivo. Incluso llegó a calificar una de sus propuestas sobre pensiones como «excelente». Iglesias es consciente de que nunca llegará a la Moncloa sin el apoyo del PSOE. Por eso desde el inicio de la campaña ha tratado de reconstruir los puentes con los socialistas que volaron durante las negociaciones para formar gobierno. «Creo que sus votantes y los nuestros querrían vernos juntos enfrentarnos a las políticas del bloque conservador, pero allá cada uno. Nosotros seguimos teniendo la mano tendida para formar un gobierno de coalición progresista», le dijo a Sánchez antes de instarle a que desvele ya ante el electorado a quien apoyará al día siguiente de las elecciones, si a Rajoy o él. «Yo quiero ponerme de acuerdo con el PSOE», insistió en medio de una sonrisa irónica de Sánchez.

Iglesias trató de demostrar que su partido está preparado para gobernar. Lo hizo exhibiendo una marea de datos que además aprovechó también como ariete contra Albert Rivera. Al presidente de Ciudadanos ya le criticó en su debate en Salvado de falta de rigor en sus propuestas y este lunes volvió a hacerlo. Con Rivera fue con quien elevó más el tono de voz. Especialmente cuando el candidato de C's sacó a colación Venezuela. La estrategia de Iglesias fue la de hacer pasar al candidato de la otra formación emergente como un sucedáneo del presidente en funciones. «Señor Rajoy, tiene un buen escudero en el debate, pero sospecho que no tendrán escaños suficientes para gobernar», le lanzó al candidato del PP en uno de sus muchos lances del debate.

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