MAFO: contra el debate, demagogia
O le ignoran o le apedrean. Hablamos del Banco de España, una de las pocas instituciones de este país -cualquier[…]
O le ignoran o le apedrean. Hablamos del Banco de España, una de las pocas instituciones de este país -cualquier comparación con la Comisión Nacional del Mercado de Valores es odiosa- que mantiene intacto su prestigio tanto dentro como fuera de nuestra fronteras. Miguel Ángel Fernández Ordóñez, su gobernador, ha sido desautorizado por los suyos con la misma falta de sensibilidad con la que su antecesor y hombre cercano al Partido Popular, Jaime Caruana, fue ignorado en su día. ¿El delito? Decir lo que uno piensa, ya sea sobre las posibles soluciones a la crisis de caballo de la economía española en el primer caso, o denunciar los excesos que nos han llevado hasta aquí en el segundo.
Resulta sencillamente desoladora la contundencia de la reacción del presidente Zapatero -que ha descalificado a MAFO con el apelativo de neoconservador- y del ministro Corbacho -que se ha permitido el lujo de sugerirle análisis menos parciales- a las peticiones del Gobernador de una mayor flexibilidad del mercado laboral. No es cuestión de estar de acuerdo o no, sino de sentido común y de sentido de la responsabilidad. Como mínimo se trata de una opinión autorizada y, sobre todas las cosas, independiente, del hombre que hoy maneja la mejor información sobre lo que hay en las alcantarrillas del sistema financiero español y, por lo tanto, de cuál es el auténtico riesgo sistémico al que se enfrenta España. Alto, muy alto, dicho sea de paso.
A Zapatero le hubiera bastado para salir del paso con la primera parte de su réplica a MAFO, cuando aseguró que Estados Unidos tiene el mercado laboral más flexible del planeta, a pesar de lo cual está destruyendo empleo al mayor ritmo de las últimas décadas. Al menos hay materia para un debate que a muchos -por cierto- no interesa lo más mínimo, no vaya a ser que salgan a la luz, con pelos y señales, todas las miserias de la contratación en España, que son muchas. Pero de vuelta al mensaje del presidente, tendrá que responsabilizarse de lo que siguió a la frase anterior, cuando aseguró que lo que da seguridad es mantener los derechos y salarios cada vez mejores.
Decir lo segundo en febrero de 2009 es tan ilusorio como vender el pleno empleo en la última campaña electoral, cuando la crisis era ya una realidad. Es, una vez más, no contarle la verdad a los españoles o, lo que es lo mismo, abundar en la teoría del mundo feliz que nos ha hecho reaccionar tarde en una crisis que requería la máxima velocidad de reacción y que, desgracidamente, podría no haber llegado todavía ni a la mitad del camino. Deberían reflexionar las huestes socialistas sobre la posibilidad de escuchar, aun desde la discrepancia, a quienes se han ganado el respeto general y tienen en sus manos la supervisión del corazón del problema: el sistema financiero. O por lo menos, de no utilizar las opiniones para hacer una nueva exhibición de demagogia.
Hoy, las economías de los dos mercados laborales más elásticos del mundo, EEUU y Reino Unido, sufren una crisis extraordinaria, con una enorme pérdida de empleo. Como España, han vivido los últimos años con los pies a unos cuantos metros del suelo a caballo de la burbuja inmobiliaria. ¿Garantiza la flexibilidad en el empleo una recuperación más rápida? Eso está por demostrar, pero es cuanto menos una teoría respetable. Hace muy bien un Gobierno progresista como el español en defender sus tesis, pero no desde la negación por sistema de los argumentos del presunto rival, porque MAFO es socialista de toda la vida. A un Ejecutivo que ha errado de forma sistemática en el diagonóstico de la crisis hay que exigirle al menos una buena dosis de humildad. Y también de reconocimiento de una institución que se ha ganado la credibilidad a pulso. ¿Cómo? Gestionando bien y diciendo sencillamente lo que piensa. Para eso les pagamos.