Las caravanas de centroamericanos hacia EEUU, un éxodo con nuevos rostros

Las grandes caravanas de emigrantes centroamericanos hacia Estados Unidos, cruzando México, han saltado en todo el mundo a las pantallas[…]

Las grandes caravanas de emigrantes centroamericanos hacia Estados Unidos, cruzando México, han saltado en todo el mundo a las pantallas y portadas de medios de comunicación, que muestran filas interminables de cientos o miles de personas buscando un futuro incierto al otro lado de la frontera.

Se trataba, hasta ahora, de hombres jóvenes en su mayoría, pero poco a poco van apareciendo "nuevos rostros" en esas caravanas, los de mujeres y niños y niñas muy pequeños, desde los seis meses hasta los cuatro o cinco años, ha explicado en una entrevista con Efe la periodista hondureña Karla Rivas.

Rivas, del Equipo de Reflexión, Investigación y Comunicación (ERIC) de Honduras y de la Red Jesuita con Migrantes, ha visitado Navarra junto a Andrea Villaseñor, directora del Servicio Jesuita a Refugiados de México, para reunirse esta semana con autoridades e instituciones de la Comunidad Foral e informarles de la dura realidad de los emigrantes centroamericanos.

Éste es el mayor flujo migratorio del mundo, "y en una de las zonas más peligrosas" del planeta, ha apuntado Rivas, que ha afirmado que cada año salen de Centroamérica, rumbo al norte, entre 400.000 y 500.000 personas, procedentes sobre todo de Honduras, El Salvador, Guatemala y ahora también Nicaragua.

¿Las causas de esta salida masiva de emigrantes? En el ERIC hondureño, ha señalado Rivas, realizan desde hace diez años un sondeo de opinión pública y una pregunta que siempre hacen es si se ha pensado alguna vez en emigrar. Siete de cada diez dicen que no, así que "la decisión de salir del país es obligada", en muchas ocasiones para lograr "vivir con dignidad, con seguridad".

No obstante, ha apuntado, "cada vez más en la ruta migratoria encontramos gente que cree que ésa es la única salida para salvar la vida", porque hay muchos "agentes persecutores" que les amenazan en sus países de origen.

Rivas ha comentado que uno de esos agentes es el crimen organizado, en concreto las "maras" y las "pandillas", que "son los grupos de control territorial que se dedican al tráfico de drogas, a la extorsión y al sicariato", pero también están las grandes bandas de tráfico de drogas hacia Estados Unidos.

Otro problema, ha lamentado, son "las expresiones violentas, respaldadas por el Estado, de empresas extractivistas que están entrando a las comunidades sin ninguna consulta previa, libre e informada, apoderándose de ríos para generación de energía, o de bosques y montañas enteras para buscar oro, plata y otros metales".

Estas situaciones están provocando un verdadero "éxodo", que "en términos demográficos va a significar un problema, porque se está yendo la juventud" de Centroamérica, ha asegurado Rivas.

La activista hondureña ha subrayado que, por el "monitoreo" que están realizando, desde octubre del año pasado hasta este mes de febrero, unos 25.000 centroamericanos se han sumado a las caravanas, que tienen la novedad de que "son visibles", porque "la salida de los migrantes antes era invisible, muchas veces ni a la familia avisaban que se iban, con la intención de pasar desapercibidos".

Tradicionalmente, según un sondeo de la Organización Internacional de Migraciones entre las personas que esperaban apoyo del Gobierno mexicano, el emigrante centroamericano ha sido un hombre de 19 a 45 años, con niveles escolares bajos, aunque también con estudios de universidad e incluso de postgrado.

Sin embargo, ha matizado Rivas, "los nuevos rostros que hemos encontrado son mujeres y niños y niñas pequeñas, formando parte de un núcleo familiar". Son los más vulnerables de la nueva emigración, pero la caravana "les da también un sentido de protección", ha indicado.

Una vez en la frontera, muchos emigrantes, quienes pueden permitirse el pago, entran en Estados Unidos guiados por los "coyotes" o traficantes de personas, pero muchos otros, los más pobres, hacen la "ruta del tren", también llamada "de la bestia".

Así, hay emigrantes que se encaraman al techo de los vagones de los trenes de mercancías que parten de México hacia Estados Unidos, sobre todo en la parte atlántica del país. "Ahí van días enteros de polizontes, con el riesgo de que, si se duermen, pueden caer y pueden morir o terminar mutilados", ha señalado.

Rivas ha calculado que, "de cada diez que lo intentan, solo dos consiguen llegar de manera irregular a Estados Unidos".

Los participantes en las caravanas confían en entregarse a la policía estadounidense para solicitar asilo, pero esta condición, ha declarado la activista, solo se concede aproximadamente a un 3 % de los solicitantes.

Por ello, ha resaltado, lo habitual es que el emigrante entre de manera irregular en territorio de Estados Unidos, se busque un trabajo e intente "que no lo agarre la 'migra' (la policía de inmigración) para que no lo deporten".

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