Gobiernos del cambio en el ecuador: perspectivas intactas y un reto de 2 años
Los nuevos gobiernos autonómicos y municipales que surgieron del vuelco electoral de 2015, incluidos los llamados "gobiernos del cambio", han[…]
Los nuevos gobiernos autonómicos y municipales que surgieron del vuelco electoral de 2015, incluidos los llamados "gobiernos del cambio", han alcanzado el ecuador de sus mandatos con las perspectivas electorales intactas y con un reto: que les quedan dos decisivos años.
Si esta primera mitad de legislatura pasó volando, más rápido pasará la que falta. Hay elecciones en 2019.
Todos estos nuevos gobiernos a escalas autonómica y municipal se mueven en un sutil baile de escaños, de manera que si se altera el paso, variarán las aritméticas. La continuidad dependerá de pocos votos.
Llegados al ecuador de la legislatura local y territorial (excepto en Cataluña, Andalucía, Galicia y Euskadi), Podemos y las marcas que se criaron en su regazo tienen delante un reto mayúsculo: aguantar las más importantes alcaldías españolas.
Aunque en el ámbito municipal los pactos de gobierno de estas formaciones con el PSOE han solido cuajar, los socialistas no se mostrarán tan amistosos a medida que se acerquen las elecciones: su aspiración es gobernar, no acompañar.
Además, el nuevo secretario general, Pedro Sánchez, buscará golpes de efecto donde más duelen, en citas electorales, para seguir labrando su resucitada figura.
El PP desplegará una ofensiva feroz con la idea de recuperar el poder local y regional que las elecciones de 2015 le arrebataron. Deberán ser muy hábiles los populares porque la sombra de la (presunta o no) corrupción no ha desaparecido.
Y Ciudadanos afrontará el primer test serio para probar su fortaleza, siempre y cuando Mariano Rajoy no quiera adelantar las generales.
¿ALCALDES DEL CAMBIO-ALCALDES DE CONTINUIDAD?
Cabalgando sobre los recortes y la gestión de la crisis, Podemos y sus sellos autonómicos y locales llegaron a las alcaldías de Madrid, Barcelona, Zaragoza, Santiago de Compostela o Cádiz. Compromís a la de Valencia. Se les llamó "los alcaldes del cambio".
En las elecciones de 2019 se comprobará si el cambio ha gustado o no.
En Madrid, por ejemplo, Manuela Carmena ha tenido que lidiar tensiones internas (Celia Mayer) y externas (reelaboración del plan económico, conflicto por la recogida de basura, proyectos contra la contaminación), pero también ha cosechado logros (reducción de la deuda, aumento de la inversión social y uso más barato de instalaciones).
Dos años después, no le va mal la cosa: un sondeo reciente de El País da la victoria a "Ahora Madrid" si hubiera elecciones hoy.
Ada Colau, en Barcelona (ahora de baja por maternidad), o José Manuel González "Kichi", en Cádiz, viven situaciones parecidas, y no sólo porque se hayan enfrentado a los mismos problemas, como la deuda disparada o la exclusión social, sino porque gobiernan sobre finísimos equilibrios.
La catalana dirige el consistorio con el apoyo de ERC, PSC y la CUP en una aritmética endiablada que se asemeja a la de "Kichi", quien pudo doblegar al PP gracias al PSOE y otras fuerzas de izquierda.
El regidor de Zaragoza, Pedro Santisteve, o el de Santiago, Martiño Noriega, también sustentan sus mandatos en un baile de escaños muy dúctil.
Porque el 24 de mayo de 2015 impuso una consigna: para gobernar no basta ganar; hay que pactar.
AUTONOMÍAS: CONTIENDA POLÍTICA EN (RELATIVA) PAZ ECONÓMICA
Las últimas elecciones autonómicas y locales revolvieron completamente el mapa del poder en España.
Primero, porque aparecieron "gobiernos del cambio" en casi todas las comunidades menos en Murcia, La Rioja, Castilla y León y Madrid, es decir, las que el PP pudo retener.
Segundo, porque se acabó aquello de la mayoría absoluta. Ni populares ni socialistas pueden gobernar en solitario.
Los primeros necesitan a Ciudadanos, en tanto que los segundos (salvo en Andalucía) a Podemos y a otros partidos de talante nacionalista o regionalista.
Durante estos dos años, el entendimiento ha sido la nota dominante, excepto en Murcia y en Madrid, donde la corrupción ha tensado las costuras de los acuerdos PP-Ciudadanos.
En Murcia se rompió la tela y hay ya nuevo presidente. En Madrid no se ha roto nada de momento.
La presidenta madrileña, Cristina Cifuentes, se aferra a la gestión y a su lucha contra la corrupción para defender el cargo, pero su estrategia no es un caso aislado.
Ximo Puig hace igual en la Comunitat Valenciana y tiene números y razones para ello.
Desde que preside un Gobierno formado con Compromís (y apoyado desde fuera por Podemos), no sólo ha mejorado la macroeconomía (un reciente informe de la AIReF le daba un crecimiento interanual del 3,3 por ciento, por encima de la media), sino que se ha revertido el modelo sanitario.
En líneas generales, las comunidades vislumbran un ciclo económico más tranquilo y hasta se prevé más o menos factible cumplir el déficit del 0,6 por ciento del PIB para este año (informe de FEDEA conocido ayer).
La aprobación de los Presupuestos será esencial en este objetivo porque liberaría casi 5.400 millones de euros a las autonomías.
Los comicios regionales de dentro de dos años, por tanto, se disputarán en un ambiente de mansedumbre económica, a diferencia de las de 2015. Que eso influya en el resultado electoral está por ver.
Se verá qué sucede con las alianzas y pactos actuales y hasta que punto las uniones (PSOE-PRC en Cantabria o PP-Ciudadanos en Castilla y León, por ejemplo) han sido coyunturales o aspiran a perdurar.
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