El "Tigre Celta" vuelve a Irlanda por Navidad

El "Tigre Celta" vuelve a Irlanda por Navidad, con señales claras de que la pujante economía nacional está llevando a[…]

El "Tigre Celta" vuelve a Irlanda por Navidad, con señales claras de que la pujante economía nacional está llevando a una parte de la ciudadanía a unos niveles de consumismo similares a los que se dieron antes del desastre financiero de 2008.

Aquel año marcó el comienzo del fin de un periodo de casi dos décadas de espectacular crecimiento, que contribuyó a modernizar el país y aumentar el bienestar general, aunque también provocó un alto endeudamiento privado y bancario.

Fueron tiempos, sobre todo, en los últimos rugidos del "Tigre", de extravagancias de nuevos ricos: bodas en Francia o Italia; segundas viviendas en la soleada España, Turquía o Bulgaria; fines de semana de compras en Nueva York o Reikiavik; champán en las peluquerías y cocaína en los baños del Parlamento.

Las hipotecas se financiaban al con por cien o hasta el 150 % -un dinero extra para amueblar la casa o para un nuevo coche-, mientras que la empresa "Celtic Helicopters" tenía en 2007 un boyante negocio de alquiler para magnates del ladrillo y para padres que, por poco más de 1.200 euros a la hora, podían llevar a sus hijos volando a sus primeras comuniones.

Fue una fiesta de la que Irlanda se despertó en 2010 con una brutal resaca en forma de rescate de 85.000 millones de euros de la Unión Europea (UE), del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Central Europeo (BCE).

La intervención de los "hombres de negro" supuso una humillación para los irlandeses, a los que los políticos, además, les fueron con el tópico de que habían "vivido por encima de sus posibilidades", la receta más eficaz para aplicarles durante más de un lustro la medicina de la austeridad sin rechistar.

Desde entonces, la economía ha despegado de nuevo y volverá a crecer este año por encima de la media de zona euro, al tiempo que el escenario del pleno empleo podría hacerse realidad a final de 2019.

Casi todos los indicadores macroeconómicos son positivos y, aunque sin tantas excentricidades como antaño, la ciudadanía ha comenzado a consumir más, como demuestra el hecho de que cada hogar se gastará de media esta Navidad 2.690 euros, el 3 % más que el pasado año, hasta un total de 4.650 millones, según prevé IBEC (la patronal irlandesa).

Asimismo, el Banco Central estima que el gasto en el comercio online superará los 16.000 millones de euros en todo 2018, el 50 % más desde 2015, dado que las ventas por internet crecen a un ritmo diez veces mayor que el de las tiendas físicas.

Tampoco el Gobierno de Dublín da muestras de contención, pues sus presupuestos generales para 2019 han recordado a los de la era del "Tigre Celta", con una fuerte bajada de la fiscalidad y un significativo aumento del gasto público, lo que le ha valido la reprimenda los organismos estatales supervisores, que los tachan de "imprudentes" y "demasiado generosos".

No solo son buenas noticias para los comerciantes, también se frotan las manos las organizaciones criminales dublinesas que deben hacer frente a la creciente demanda de cocaína.

La Policía irlandesa (Garda) incautó a principio de diciembre en la capital un alijo valorado en 4 millones de euros que estaba destinado a satisfacer el mercado navideño, en un momento en que la subida de los salarios, dijeron, está popularizando de nuevo esa droga, sobre todo, entre las clases medias y altas.

Otra de las señales más preocupantes que apunta al regreso del "Tigre Celta" es el encarecimiento del sector inmobiliario.

De media, el precio del alquiler de una vivienda en Dublín, una de las ciudades más caras de Europa, llega casi a los 1.600 euros mensuales, unos 500 euros más que en el pico del pasado "boom", mientras que la compra se sitúa en los 365.000 euros.

Esta presión está afectando, incluso, a los políticos. Según ha informado el diario "Irish Independent", un grupo de secretarios de Estado del gobernante partido democristiano Fine Gael ha asegurado que no pueden permitirse pernoctar en Dublín durante la semana por los altos precios de los hoteles.

Su salario de 130.000 euros anuales, recordaron, no incluye dietas por desplazamientos.

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