Deporte español: del Ministerio al rescate que viene
El 26 de noviembre del año pasado, en pleno subidón de euforia y a petición del capital español de Copa[…]
El 26 de noviembre del año pasado, en pleno subidón de euforia y a petición del capital español de Copa Davis, Emilio Sánchez Vicario, el presidente Zapatero anunció la próxima creación de un Ministerio de Deportes en "la próxima remodelación ministerial". España acababa de ganar a la Argentina de nuestra hoy visitante Cristina Kirchner contra pronóstico y los protagonistas visitaban la Moncloa. Esa victoria fue el último hito de un 2008 histórico para el deporte español que, sin embargo, amenaza ruina cuando de las cuentas de resultados se trata, sobre todo en el deporte rey. Si la cosas siguen como van, el deporte español va a necesitar más que un ministerio un plan de rescate en toda regla.
Las cifras asustan. A 31 de octubre la deuda de los clubes de la primera y la segunda división con la Agencia Tributaria alcanza los 627 millones de euros -20 más que en julio del año pasado- más otros casi 5 con la Seguridad Social. Se desconocen las cifras individuales y, lo que es más importante, la deuda total de nuestro fútbol, que pude convertir las cifras anteriores en lo de menos. De lo que está pasando en los clubes de baloncesto y balonmano españoles no hay un sola cifra agregada, para vergüenza de un sector que no pasaría la más tierna prueba del algodón. Dicho de otra forma, el descontrol del Gobierno sobre las finanzas del deporte español de alto presupuesto es absoluto.
Craso error, porque el Ejecutivo puede encontrarse en un plisplas con un problemón de altos vuelos, con un alto coste tanto económico como, por la propia naturaleza del fútbol, sentimental. Y el cabreo del personal no se contabiliza en euros, sino en número de votos. Ayer mismo, el Murcia presentó el concurso de acreedores, como antes otros históricos como el Celta de Vigo o el Levante. Los clubes controlados por el constructor o el inmobiliario de turno están como mínimo muy tocados. Sin ir más lejos, han suspendidos pagos las empresas propiedad de los primeros accionistas del Rácing de Santander o el Mallorca. Éste último ya ha sido denunciado por el impago de uno de sus fichajes para esta temporada. Y otros que brillaron en un pasado no tan lejano, como el Logroñés, sencillamente han desaparecido.
El caso de un grande como el Valencia es de todos conocido. Con las líneas de financiación de Bancaja en entredicho, la situación del club es sencillamente crítica. Crece la bola de nieve hasta unos niveles que van a hacer imposible que, como otras veces, la Administración mire hacia otro lado. No puede ser de otra manera en un momento en el que la situación económica de la mayoría de las corporaciones locales va a convertir en sencillamente inviable el apoyo que de forma recurrente han dado a las principales clubes de fútbol, baloncesto o balomano de sus localidades. El otro lado de la balanza, el del capital privado, tampoco funciona. Demasiado tienen los ricos -ya menos ricos- de cada región como poner en orden sus maltrechas cuentas.
Desconocemos si el presidente Zapatero ha desechado ya definitivamente la idea de crear un Ministerio para el deporte español, pero sospechamos que con la que está cayendo -¡cómo para vender ahora otra cartera y sus costes!- debe estar enterrada muchos metros bajo tierra. Nunca una iniciativa ha sido tan efímera.
Por cieto que el promotor de la idea, Emilio Sánchez Vicario, acaba de fichar por la federación brasileña de tenis para dirigir los destinos de este deporte en el país sudamericano que según los expertos mejor va a aguantar la crisis. Si alguien pensó en él como ministro de la cosa deportiva en España, ya hay un candidato menos. A lo mejor lo que haría falta es un buen auditor de cuentas. O un batallón a la vista del diámetro del agujero del deporte español, que sigue mirando -si la deuda de Alberto Ruiz Gallardón lo permite- a los Juegos Olímpicos de 2016.