'Brexit': ¿qué quiere ahora Theresa May?

La primera ministra Theresa May llega bajo la lluvia a Berlín. No consigue salir del coche. Más de 30 segundos[…]

La primera ministra Theresa May llega bajo la lluvia a Berlín. No consigue salir del coche. Más de 30 segundos atrapada en el interior de su Mercedes. La canciller alemana, Angela Merkel, ha salido a recibirla. Hasta seis veces tiran de la manilla para 'liberar' a la británica. May llegando a la sede del Consejo Europeo en Bruselas. Esta vez sí, la puerta del coche afloja rápido. A la primera. Fugaz, sin mirar a los periodistas, accede por la entrada VIP. No hay foto de bienvenida con Donald Tusk. Ni diez segundos.

Son solo dos secuencias de ese viaje que la 'premier' británica emprendió el martes por varias capitales europeas con el objetivo de conseguir «garantías adicionales jurídicamente vinculantes», según concretaron desde su gabinete, para lograr lo que ya parece imposible: que la Cámara de los Comunes valide los acuerdos del 'brexit' que pactó ella misma el pasado 25 de noviembre con el resto de líderes europeos.

La votación debió celebrarse ayer en Westminster, pero como ya es sabido, la 'premier', incapaz de sumar los apoyos necesarios, decidió horas antes aplazarla sin (de momento) fecha. A cambio, optó por un periplo por la Europa continental. Desayunó en La Haya con el presidente holandés Mark Rutte; comió en Berlín con Merkel; té con Tusk y cena con Jean-Claude Juncker en Bruselas. Un recorrido que tiene mucho de teatral desde la óptica europea. Ella quiere hacer ver a los 'brexiters' (y eso incluye a los eurófobos de su partido) que lo ha intentado todo para que Reino Unido abandone la UE el próximo 29 de marzo. Pero ese mensaje (el del «mejor acuerdo posible, el único posible») ya no se digiere en clave interna.

Entonces, ¿qué quiere ahora May? Ni el presidente del Consejo Europeo parece saberlo. «Larga y franca discusión con la primera ministra antes de la cumbre. Claro que la UE quiere ayudar. La pregunta es cómo». Así resumió el polaco su encuentro de dos horas con la británica. Ese 'cómo' es la clave. Porque todo lo que se podía negociar ya está negociado. Son esas 585 páginas del Acuerdo de Salida y la declaración política sobre la relación futura Reino Unido-UE consumada la excisión.

Esos papeles son 'sagrados' en la capital belga y en las otras 26 del bloque comunitario. Se lo recordaron ayer tanto Tusk como Juncker. Ambos, antes y después del cara a cara. El luxemburgués, de hecho, la había recibido con los ecos de un mensaje que esa misma mañana lanzó en el pleno de la Eurocámara: «No hay espacio para renegociar el acuerdo del 'brexit' aunque hay margen suficiente, con inteligencia, para más aclaraciones, más explicaciones sobre la interpretación».

Blanco y en botella. Lo más que puede esperar May de la UE es una aclaración, un anexo, una especie de adenda interpretativa que se sumaría al expediente de los documentos fundamentales del 'brexit', y que suscribirían los líderes del club en el Consejo Europeo que se celebrará mañana y el viernes en Bruselas. Se centrará en el 'backstop' (la solución de urgencia para Irlanda que se activaría concluido el periodo transitorio y que con una eventual ampliación, nos llevaría hasta 2022).

«No queremos que se use el 'backstop' y si se hace, queremos estar seguros de que sea temporal», dijo May ayer mismo a la BBC. Londres querría que su continuidad en la unión aduanera (la salida menos abrasiva que se ha buscado para no 'romper' la isla) tuviera fecha de caducidad o que se garantizase de algún modo que «nunca» se hará realidad porque habrá antes un buen pacto comercial entre los dos márgenes del Canal de la Mancha.

Pero ¿cómo dar forma a esa pretensión? ¿cómo hacerlo sin cambiar lo fundamental? Hay que buscar precedentes. El más reciente, Gibraltar. Pedro Sánchez retiró su veto a la cumbre extraordinaria del 'Brexit' tras lograr lo que definió como una «triple garantía», un texto ratificado por Consejo, Comisión y Gobierno Británico que reconocía a España la última palabra en cualquier negociación sobre el Peñón. Esas declaraciones se incorporaron al acta de la reunión del 25 de noviembre. La fórmula no le valdría a May teniendo en cuenta que ella misma la minusvaloró ante los parlamentarios de su país. «El texto legal del acuerdo de divorcio no se ha modificado. España lo buscó repetidamente, pero no lo logró», dijo entonces. Esto ahora se vuelve en su contra.

Otra referencia para no tener que mover una coma de los tratados del 'Brexit' sería la que consiguió el holandés Rutte hace dos años. A raíz de la firma del acuerdo de asociación con Ucrania forzó al Consejo Europeo a aprobar una 'declaración interpretativa' que especificaba que dicho acuerdo no garantizaba per se que el país del Este fuera candidato a entrar en el club. Le permitió pasar el filtro del parlamento y el senado holandeses. «Necesitamos garantías adicionales jurídicamente vinculantes», indicó desde Londres el secretario de Estado británico para el 'brexit', Martin Callanan. Para la portavoz de los conservadores en Westminster, Andrea Leadsom, estas garantías podrían tomar la forma de un «apéndice».

Que la primera escala de May fuera Holanda no es casual. Siempre ha buscado aquí mayor comprensión. Y a Holanda le interesa un divorcio con acuerdo -lo contrario podría costarle 2.300 millones de euros según un informe del Tribunal de Cuentas-. «Ha sido una conversación útil», zanjó Rutte. Con Merkel hubo más frialdad. May le pidió también ayuda. Y la germana le deslizó un sí a posibles «garantías» adicionales y un no rotundo a «cambiar» lo ya pactado sobre el 'Brexit'. Fue allí, en Berlín, donde se dio la metáfora perfecta.May atrapada en su Mercedes.

En portada

Noticias de 

Si esta noticia ha sido útil para ti,
apúntate a nuestros boletines

También en nuestro canal de Whatsapp