Los sindicatos echan nuevo pulso al Gobierno de Temer en el Día del Trabajo

Los sindicatos brasileños, tras la huelga general del viernes, volvieron hoy a la calle en el Día Internacional del Trabajo para renovar sus protestas contra las polémicas medidas impulsadas por el Gobierno de Michel Temer.

Las manifestaciones del 1 de mayo sirvieron de palco a las centrales sindicales para echar un nuevo pulso al Ejecutivo de Temer, quien se ha mostrado firme en su intención de llevar adelante las polémicas reformas.

Mientras miles de personas marchaban este lunes en diferentes ciudades de Brasil contra las leyes propuestas por el Gobierno, el mandatario defendía en un vídeo publicado en las redes sociales las "innumerables ventajas" de la modificación de las leyes laborales, uno de los puntos más polémicos de su catálogo de reformas.

Uno de los puntos de mayor controversia de esta medida plantea que "lo acordado valga por encima de lo legislado", lo cual daría valor legal a los convenios pactados entre trabajadores y empleadores, aún cuando no se ajusten totalmente a las normativas en vigor.

A pesar del rechazo en pleno de los sindicatos, el presidente alegó que dicha propuesta, ya aprobada por la Cámara de los Diputados, generará puestos de trabajo en un momento en el en el que las garras del desempleo alcanzan a 14,2 millones de personas, el 13,7 % de la población económicamente activa.

Pero el paquete de reformas propuesto por Temer va más allá de las leyes laborales e incluye la modificación del sistema de pensiones y jubilaciones y una ley ya aprobada por el Congreso que amplía la tercerización del empleo a todas las actividades de las empresas.

Dichas medidas han sido defendidas por las patronales y duramente criticadas por las centrales obreras, quienes el pasado viernes dejaron de lado sus divergencias y convocaron una huelga general que consiguió paralizar algunos servicios básicos, como el transporte, en la mayor ciudad de Brasil, Sao Paulo.

La huelga trastocó la rutina de miles de brasileños y tuvo momentos de tensión y violencia, especialmente en Río de Janeiro, donde una decena de autobuses fueron incendiados y hubo enfrentamientos entre manifestantes y policía.

Las protestas de este lunes tuvieron un perfil más pacífico que las del viernes, pero la hoja de ruta de sus participantes fue la misma: que el Ejecutivo de Temer, con una aprobación de apenas del 9 %, dé marcha atrás en sus impopulares reformas.

Según una encuesta del instituto Datafolha publicada hoy por el diario Folha de Sao Paulo, el 71 % de los brasileños se opone al nuevo modelo del sistema de jubilaciones y pensiones, que propone establecer una edad mínima para acceder a ese beneficio, lo cual no existe hoy en el país y sería de 62 años para las mujeres y 65 en el caso de los hombres.

El mismo sondeo reveló que más del 60 % de los brasileños cree que la reforma laboral y la ley de tercerización favorecerán principalmente a los empresarios, mientras que Temer, quien calificó este primero de mayo como un "momento histórico", recalcó los beneficios que tendrá para los trabajadores.

"Iniciamos una nueva fase, una nueva fase a favor del empleo", recalcó el mandatario, en el poder de manera efectiva desde el pasado 31 de mayo, cuando Dilma Rousseff fue destituida por el Senado por unas irregularidades en las cuentas públicas.

Como era previsible, el mensaje de Temer no convenció a los representantes de los trabajadores, que amenazaron con una nueva huelga general si el Ejecutivo no ameniza el contenido de las reformas, las cuales coinciden con la grave crisis económica que vive el país.

La economía brasileña se contrajo en 2015 un 3,8 %, el peor resultado en 25 años, y cayó un 3,6 % en 2016, encadenando así dos ejercicios en números rojos por primera vez desde la década de 1930.

El Gobierno insiste en que la recesión ha tocado el fondo del pozo y Brasil ha comenzado a ver la luz, pero desde que llegó al poder advierte sin cesar que el país tan sólo saldrá de él si el Congreso aprueba su duro programa de ajustes estructurales.

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