De Cuzco a Machu Picchu: el corazón del imperio inca
Muchos años antes de que los hombres barbados llegaran del otro lado del mar, Inti creó a Manco Cápac y[…]
Muchos años antes de que los hombres barbados llegaran del otro lado del mar, Inti creó a Manco Cápac y Mama Ocllo a orillas del lago Titicaca. El dios Sol les pidió que recorrieran el mundo hasta que encontraran el lugar perfecto donde fundar una ciudad, desde la que extenderían entre los hombres la agricultura y la construcción. Para ayudarles, les entregó una vara de oro. Allí donde esta se hundiera en la tierra, les dijo, habrían de levantar su ciudad. Manco Cápac y Mama Ocllo se pusieron en camino. Cuando llegaron al cerro Huanacauri, la vara se hundió en la tierra. Así nació Cuzco, centro neurálgico del imperio inca, y así comenzaron la tarea de extender la civilización.
El antiguo imperio inca lo formaban hasta 15 millones de personas
Pocas generaciones después, su reino, el Tahuantinsuyo, «las cuatro regiones» en lengua quechua, alcanzaba desde el río Mayo, en Colombia, hasta el desierto chileno de Atacama, al sur, y por el este se adentraba en la selva amazónica y la zona de Tucumán, en la actual Argentina. La cordillera de los Andes era la columna vertebral de un imperio de 15 millones de personas de multitud de etnias, lenguas y culturas, pero todas ellas supeditadas a la figura del inca, el soberano descendiente de Manco Cápac. El símbolo de su poder lo encontramos en el Jardín Solar del Qorikancha, el Templo del Sol que todavía se alza en Cuzco. En este espacio de terrazas se depositaban ofrendas llegadas desde todo el Tahuantinsuyo, muchas de ellas plantas y animales representados a tamaño natural en oro y plata. En el mismo recinto se levantaban otros templos, como el de la Luna, el de Venus y las Estrellas o el del dios Illapa. Sus muros estaban construidos con sillares de andesita basáltica unidos con la desconcertante precisión de la arquitectura inca, y muchas de las paredes aparecían cubiertas por láminas de oro.
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