Temer tuvo que recular en su decisión de sacar el Ejército
El presidente brasileño llamó a los militares a Brasilia tras una multitudinaria manifestación que exigía su renuncia
En menos de veintitrés horas el presidente de Brasil, Michel Temer, acorralado por denuncias de corrupción, tuvo que dar marcha atrás y revocar un decreto que él mismo había firmado horas antes para autorizar un despliegue militar en Brasilia después de que una multitudinaria manifestación en demanda de su renuncia terminara con serios incidentes en varios ministerios.
La sucesión de decretos contradictorios surgió a raíz de una protesta convocada por las centrales sindicales en Brasilia para exigir la renuncia de Temer, el freno al proyecto de reforma laboral y la convocatoria a elecciones presidenciales directas y adelantadas. La Policía indicó que hubo unas 45.000 personas. Para los organizadores fueron muchos más. Los activistas marcharon pacíficamente y -según su versión- solo un grupo de infiltrados provocó desmanes.
Pese al fuerte despliegue de fuerzas de seguridad, un centenar de jóvenes con la cara cubierta arremetieron contra las entradas de ocho ministerios. Tres de los edificios fueron saqueados, con los vidrios rotos, y dos incendiados. Hubo siete detenidos y medio centenar de heridos producto de la represión con balas de goma, bombas de gas lacrimógeno y de estruendo.
En respuesta, Temer firmó un decreto que convocaba a 1.300 efectivos del Ejército y a 200 de la Marina para que defendieran la capital brasileña hasta el 31 de mayo. Según el Ministerio de Defensa, la medida fue adoptada a petición del presidente de la Cámara de Diputados, Rodrigo Maia, que reclamó protección para el edificio del Congreso. Pero Maia declaró de inmediato que era «mentira» que él hubiese solicitado la intervención militar en Brasilia. También el gobernador del Distrito Federal, Rodrigo Rollemberg, se quejó de que no le hubieran consultado sobre una decisión tan grave. Decenas de constitucionalistas y políticos cuestionaron el decreto de Temer.
El más airado fue el senador Renan Calheiros, líder del PMDB (el partido de Temer) en la Cámara Alta. «Si este Gobierno no se sostiene, no son las Fuerzas Armadas las que van a sustentarlo», expresó Calheiros, que se ha erigido en uno de los mayores críticos de la permanencia de Temer en su puesto.
El presidente debió entonces dar marcha atrás. Ayer, mediante un nuevo decreto, revocó el anterior. El ministro de Defensa, a su vez, se disculpó públicamente con Maia y dijo que todo fue «un malentendido».
Sin precedentes en democracia, la pretensión de Temer de amedrentar a los manifestantes con el Ejército acentuó el aislamiento en el que está sumido desde hace una semana, cuando se conocieron las grabaciones de un empresario que parecen demostrar su implicación en hechos de corrupción. Aferrado al cargo desde entonces, su caída parece solo cuestión tiempo.