Guindos ensalza a la banca española para blindarla del caos italiano
Pocos en Bruselas dudaban de que al final pasaría, y la renuncia aún no consumada de Matteo Renzi como primer[…]
Pocos en Bruselas dudaban de que al final pasaría, y la renuncia aún no consumada de Matteo Renzi como primer ministro de Italia no ha hecho más que precipitar los acontecimientos. No provocarlos, sino acelerarlos. Italia, la tercera potencia del euro, está viviendo su 2012, el año que estigmatizó a España, el cuarto país del bloque. Tan lejos y tan cerca. Siempre el Sur. Pero la Eurozona de entonces nada tiene que ver con la de ahora. Hay redes de seguridad y el efecto contagio es latente, de ahí que el ministro de Economía, Luis de Guindos, lanzase este martes en Bruselas un contundente mensaje en defensa de la fortaleza del sistema financiero español.
«Nuestro sistema financiero está en circunstancias distintas a las que estaba hace cuatro o cinco años. Se ha inyectado capital, se ha producido la reestructuración, se ha producido la consolidación, se ha creado el 'banco malo' (...) Por lo tanto, esas dudas, esas incertidumbres que se comentan sobre las entidades financieras en Europa, creo que nos afectan de forma prácticamente inexistente o muy limitada», zanjó. Y preguntado en concreto por la situación del Banco Popular, muy golpeado en las últimas semanas hasta el punto de haber tenido que cambiar a su cúpula, eludió referirse a entidades en concreto, pero sí apostilló que «todos los reguladores, ya sea españoles o europeos, me dicen que ninguna entidad de nuestro país les preocupa».
De Guindos habló al término de dos maratonianas sesiones comunitarias junto al resto de ministros de Finanzas del euro y la UE (Eurogrupo y Ecofin, respectivamente), en las que los fantasmas italianos han sobrevolado la capital comunitaria. «No hemos hablado del asunto», recalcó. Quizá no oficialmente, pero en los corrillos no se habla de otra cosa. De hecho, 'Financial Times' señalaba en las últimas horas que el próximo fin de semana podría producirse el rescate público del Monte dei Paschi, el banco más antiguo del mundo. Este martes muchas de las preguntas giraron en torno a este nuevo tsunami, pero De Guindos se mostró tajante e incluso tranquilo. España ya no es el problema y eso es un desahogo de incalculable valor.
«No voy a ser pretencioso de dar consejo, los italianos saben perfectamente lo que deben hacer. No voy a entrar en especulaciones. Es paradójico, pero ahora hay gente que dice que tuvimos suerte en 2012 de pedir rescate bancario... Ojalá otros países lo hubieran hecho, me dicen», recalcó con cierta retranca que evidencia que se sufrió y mucho. Ya en un tono más serio, el ministro recalcó que «el único consejo es que la transparencia es mucho más importante que el capital y las provisiones».
Debilidad frente a EE UU
En cualquier caso, recordó que «una de las principales causas del crecimiento mediocre» que sufre la Eurozona es la situación del sistema bancario europeo y las dudas sobre el mismo. «Sin duda, plantea una situación de ventaja comparativa para Estados Unidos y una desventaja comparativa para Europa. Hay que empezar a quitar la sombra de duda sobre el sistema bancario europeo», reiteró. Sí, reiteró, porque no es la primera vez que hace este comentario.
En este sentido, el ministro destacó la necesidad de levantar el tercer y último pilar de la unión bancaria -el fondo común de garantía de depósitos (EDIS por sus siglas en inglés)- y, al mismo tiempo, mantener el enfoque equilibrado entre compartir y reducir riesgos. Dicho de otro modo: dar concesiones a Alemania para que Alemania ceda en su creación.
Por último, y en relación a la propuesta de la Comisión para trasponer a la legislación europea una parte de los requisitos de capital de Basilea III, el ministro De Guindos explicó que se trata de una directiva «importante» que hay que enmarcar en las negociaciones en el seno del comité de supervisión bancaria, a las que España «entra con una situación bastante confortable».
Impuesto medioambiental
El gran caballo de batalla español se sigue llamando déficit. El lunes, el comisario de Asuntos Económicos, Pierre Moscovici, bendijo la subida de impuestos aprobada el pasado viernes por el Consejo de Ministros al asegurar que «van en la dirección correcta». España debe bajar el déficit del 4,6% al 3,1% en 2017 y, al margen de los efectos de cola, la bajada supone un ajuste estructural de 5.500 millones. O subir impuestos o bajar el gasto. Sencillo.
El Gobierno de Mariano Rajoy, en un guiño al PSOE, ha apostado de momento por lo primero y, de hecho, ahondará en esta vía porque en el borrador presupuestario que enviará a Bruselas en las próximas horas incluirá una penalización fiscal de índole medioambiental que irá bien como nuevo impuesto o bien con cargo a alguno ya existente.
Así lo desveló este martes Luis de Guindos, que también manifestó que el documento incluirá «una auditoría del gasto público pactada con Ciudadanos para ver las duplicidades y posibilidades de ahorro para un objetivo de unos 1.000 millones». Según sus previsiones, el análisis de la Comisión llegará dentro de unos «15 días» y el resultado se analizará en el Eurogrupo de principios de enero, el primero de 2017. Y respecto al debate lanzado por el Ejecutivo comunitario para que la Eurozona apueste por los estímulos fiscales y que el lunes fue tumbado por países como Alemania u Holanda, admitió que la propuesta casi nació muerta porque el bloque carece de instrumentos comunes como un presupuesto del euro. Y apostilló que con tantas elecciones nacionales, el bloqueo es evidente.