Cerco a la banca

La banca vuelve a estar en el punto de mira. Ayer, Moody's advertía sobre la presión que va a seguir[…]

La banca vuelve a estar en el punto de mira. Ayer, Moody's advertía sobre la presión que va a seguir sufriendo la rentabilidad de las entidades españolas al menos durante todo el año que viene. Analistas Financieros Internacionales aseguraban que el sistema financiero español necesitará captar 140.000 millones de euros en ese periodo. Jaime Echegoyen se despedía de su cargo de consejero delegado de Bankinter afirmando que el próximo año será muy difícil para el sector. Morosidad, provisiones, gestión de los adjudicados, guerra del pasivo, tipos de interés bajos que hunden los márgenes... Todo juega en contra del sector financiero español.
BBVA y Santander presentan sus cuentas esta semana. Es muy probable que presenten buenos resultados. Pero sobre estas dos entidades también se ciernen peligros. El más importante, que entren en el listado de entidades sistémicas, es decir, las "demasiado grandes para quebrar". Es de esperar que a este grupo de bancos se les reclamen requisitos más estrictos lo que, por supuesto, mermará su capacidad de generar beneficios. Por no hablar de lo duro que se ha puesto ya el Banco de España con la cartera inmobiliaria de la banca.

El rotativo italiano "Il Sole 24 Ore" informaba ayer de que el Comité Europeo de Riesgo Sistémico había puesto bajo vigilancia a quince entidades. Entre ellas se encuentran los cuatro principales bancos de Bélgica: BNP Paribas Fortis, Dexia, ING Belgique y KBC Bank.
También en Italia había mucha tela que cortar. Financial Times avisaba de que, muy probablemente, las entidades del país optarán por recortar drásticamente sus dividendos para no tener que pedirle dinero al mercado, es decir, para no tener que realizar ampliaciones de capital.

El sector financiero europeo vuelve a atravesar horas bajas. Pero las noticias más preocupantes vienen, sin duda, de Estados Unidos. Allí los bancos libran una guerra en dos frentes a cual más cruenta. Por un lado, desde hace ya varias semanas, ha saltado un escándalo de gran envergadura: las entidades habrían realizado embargos de manera irregular. Tanto, que ha habido personas desahuciadas sin tan siquiera haber firmado una hipoteca. La Reserva Federal investiga el caso. Ha anunciado que en noviembre el mercado tendrá una respuesta. Menos mal. Porque algunos bancos de inversión, por ejemplo, BNP Paribas, habían alertado de la posibilidad de una nueva recesión si el caso no se aclaraba con cierta rapidez.

¿Para tanto es? Parece que sí: muchos bancos han paralizado los procesos de embargo, lo que implica que el proceso de drenaje de su morosidad se frena y tienen que continuar provisionándola. La venta de los activos adjudicados, una de sus pocas fuentes de beneficio, en un contexto de escasa rentabilidad de sus negocios tradicionales, también se paraliza. Presión sobre los resultados de la banca y, también, sobre la economía: con menos recursos disponibles, el crédito, ya escaso, corre el riesgo de reducirse todavía más. Y más consecuencias: ante la arbitrariedad de los embargos, es muy posible que los ciudadanos se piensen más de dos veces si comprarse una vivienda. Y menos a un banco: "¿De dónde vendrá el inmueble que me quieren colocar?", se preguntarán. "¿Y si procede de un embargo ilegal?". Teniendo en cuenta que las entidades financieras venden un tercio de todas las viviendas que se comercializan en Estados Unidos, una sólida sombra se cierne sobre el sector inmobiliario americano.

Pero ése es sólo uno de los frentes. Hay otro y éste, no ya sólo con riesgos económicos. También entraña riesgos sistémicos. Aprovechando la coyuntura, Pimco, BlackRock y la Fed de Nueva York demandaban a Bank of America la recompra de hasta 47.000 millones de dólares en bonos ligados a hipotecas porque el proceso de venta o de titulización no se hizo de manera correcta. Si este tipo de demandas se generalizan a otros bancos, por aquí puede haber una fuente de pérdidas muy importantes. Y sobre todo si el proceso salpica a las últimas hipotecas concedidas. Si las viviendas embargadas de manera irregular han sido después vendidas, ¿qué pasa con las nuevas hipotecas? ¿Y con los bonos que se han construido a través de ellas? Seguro que están repartidas por todo el mundo, en fondos, seguros, planes de pensiones... Ahí es donde está el riesgo sistémico.

La Reserva Federal ha tomado cartas en el asunto. En un mes, contará qué ha sucedido. El problema es que en Estados Unidos, al igual que un particular puede devolverle las llaves a un banco en el mismo instante en que descubre que su piso vale menos que la hipoteca que aún le queda por pagar, el banco puede embargar una vivienda con únicamente tres meses sin cobrar la letra del crédito. Y a veces sin papeles, con programas informáticos, con subcontratas que están ubicadas a miles de kilómetros de Estados Unidos. Es posible que la solución final del problema sea un cambio legislativo. Las elecciones de la próxima semana impiden la toma de decisiones de manera inmediata. Demasiados elementos pesan ya contra los demócratas como para meterse a resolver este entuerto pocos días antes de las elecciones. Barack Obama esperará hasta poder compartir la responsabilidad con los republicanos.

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