No hace falta crédito, hacen falta ganas de crédito
Uno de los peores enemigos de la economía, en general, y de las crisis que ésta sufre, en particular, es[…]
Uno de los peores enemigos de la economía, en general, y de las crisis que ésta sufre, en particular, es la psicología. Si todo va bien, nadie se apea del carro: todos consumimos por doquier, pedimos préstamos para cualquier gasto y no miramos más allá del disfrute del día a día; pero si la economía cede, la única estrategia que vale es la del ahorro, la del no consumir más allá de lo estrictamente necesario, la de no moverse ni un ápice, "no sea que...".
Y es ése "no sea que..." -justificado, razonado y perfectamente comprensible, con cuatro millones de parados en las cifras oficiales- es el peor enemigo de la crisis. Por ello, que el ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, pida a la banca que haga "un esfuerzo" para abrir el grifo del crédito, no deja de ser, como poco, sorprendente. Primero, porque llevamos diciéndole dos años a las entidades que conceder un préstamo "porque sí" es tan peligroso que nos ha llevado a la mayor crisis de los últimos 50 años, "por su culpa", dicen muchos; segundo, porque muy pocos ciudadanos o empresarios cruzan la puerta de la sucursal para pedir un préstamo.
La concesión de créditos ha caído, sí, pero lo ha hecho en mucha mayor medida la demanda de préstamos. No es que el banco no quiera dar dinero, es que si no lo hace, se desmorona la mitad de su negocio, el de los pasivos. Nos encontramos en la peor etapa de la crisis, la de la incertidumbre popular, ésa que impide tener cualquier iniciativa a los empresarios y que incita a los particulares a subsistir con lo que, por ahora, tienen: "Santa Rita, Santa Rita, que me quede como estoy".