¿Test de estrés periódicos?
Bloomberg acaba de publicar su estadística periódica sobre el número de bancos americanos que van quebrando desde 2007. Y ya[…]
Bloomberg acaba de publicar su estadística periódica sobre el número de bancos americanos que van quebrando desde 2007. Y ya son 258. En su mayoría regionales. Sólo el 9 de julio, cuatro entidades financieras estadounidenses tuvieron que echar el cierre. En junio, el Fondo de Garantía de Depósitos estadounidense tuvo que sacar la cara por otros ocho bancos. Más de la mitad de estas quiebras han tenido lugar a partir de la realización de los particulares "test de estrés" a los que se sometieron las 19 entidades estadounidenses más importantes.
Éste es sólo un primer dato para un ensayo de balance sobre el sistema financiero americano un año después de pasar su examen.
Otro: el presidente de la Reserva Federal norteamericana, Ben Bernanke, se acaba de quejar de que las empresas pequeñas lo tienen muy difícil para conseguir préstamos. Y afirmaba: "Hacer que el crédito sea accesible para los negocios pequeños es crucial para la recuperación de nuestra economía". La autoridad monetaria estadounidense está incrementando la presión sobre las entidades financieras para que den crédito y, así, sostengan el crecimiento, sobre todo después de que los dos últimos informes de empleo, los de mayo y junio, fueran bastante decepcionantes. Sin crédito a las empresas, éstas no pueden crecer ni contratar a más trabajadores. Y éstos tampoco consumen. De ahí que el volumen de créditos al consumo concedidos también se esté comportando peor de lo esperado por los analistas.
¿Coincidencia o un fenómeno causa-efecto? Lo cierto es que tras la publicación de los test de estrés americanos, los mercados vivieron momentos de verdadera euforia. No en vano, coincidía con la publicación de esperanzadores datos del sector inmobiliario americano e, incluso, con buenos resultados de algunos bancos. Además, las entidades no salieron del todo mal paradas. Los 19 bancos tuvieron que inyectarse 74.600 millones de euros de los que casi la mitad correspondían a Bank of America; mientras que Wells Fargo necesitó 13.700 millones; la filial hipotecaria de General Motors, 11.500 millones; Citi, 5.500; Morgan Stanley, 1.800; y Region Financial, 2.500 millones. Pero ni JP Morgan ni Goldman Sachs, por ejemplo, requirieron nuevo capital después de las pruebas de solvencia.
Con estas inyecciones y las anteriores, las que tuvieron lugar a finales de 2008, y la euforia del mercado, tenía que concluirse que el problema de solvencia de los bancos americanos estaba ya solucionado y, por tanto, no podían ser ya un obstáculo para la recuperación. Pero, ¿por qué ahora siguen sin dar crédito? El misterio en los bancos pequeños está claro: están quebrados. Pero, ¿y los grandes? ¿No se habían saneado ya del todo? Pues parece que no. Otra vez Bloomberg publica una estadística muy interesante en la que contrasta las pérdidas atribuibles a cada entidad con el nuevo capital tanto público como privado que se les ha inyectado. En la mayoría de los casos, el nuevo capital no cubriría el total de las pérdidas que han acumulado en los dos o tres últimos años. Aún quedan agujeros que rellenar en las entidades financieras americanas.
Por ejemplo, en Citi, con unas pérdidas atribuibles de 103.700 millones de dólares, "sólo" ha ampliado capital por valor de 88.700 millones de dólares. Merrill Lynch, que se ha anotado pérdidas de 44.600 millones de dólares, únicamente se ha inyectado capital por valor de 23.800 millones. Incluso JP Morgan, entidad a la que se considera una de las ganadoras de la crisis, tendría un agujero de 14.000 millones de dólares. También es verdad que, por ejemplo, Bank of America habría cubierto todas sus pérdidas y un poco más con nuevo capital, al igual que Wells Fargo o Goldman Sachs.
Aunque los grandes bancos, a excepción de Morgan Stanley, son solventes, con un core capital (capital reservas/activos) de entre el 7,5% y el 9%, si hablamos del conjunto del sistema financiero americano, podemos decir que está seriamente descapitalizado. En los años de la crisis ha acumulado 950.700 millones de dólares de pérdidas, que sólo habrían sido cubiertas en parte con la inyección de 647.600 millones en nuevo capital. Con estas cifras, es muy difícil que fluya la financiación.
Con la economía débil y el precio de los activos -por ejemplo, la deuda pública- depreciándose, el colchón de los resultados empresariales podría comenzar a flaquear ya desde este segundo trimestre. En el primer trimestre, los cuatro grandes prestatarios (Bank of America, JP Morgan, Citigroup y Wells Fargo) ganaron 13.500 millones de dólares, la cifra más alta desde el segundo trimestre de 2007. Según el consenso de analistas, es posible que esta cifra haya caído un 28 por ciento en el segundo trimestre. "El primer trimestre fue sorprendentemente fuerte y el segundo parece que será inusualmente débil", afirma un analista de Crédit Suisse.
El Ecofin, es decir, los ministros de Economía y Finanzas de los 27 países de la Unión Europa, se reúne hoy para decidir, entre otras cosas, el modo de publicación de las pruebas de solvencia de 91 entidades europeas. También, si habrá algún mecanismo de recapitalización público, como, por ejemplo, el multimillonario programa planeado por Bruselas a principios de mayo para salvar a los Estados, que se seguramente se reconvierta para salvar a los bancos. El crédito en Europa tampoco fluye como debiera. Ésta es una oportunidad de oro para que las autoridades se pongan duras con los bancos, les obliguen a recapitalizarse en condiciones. Porque, de no ser así, a la economía europea no le queda otra salida que un crecimiento anémico. Y eso sólo en el mejor de los casos. Más vale sufrir turbulencias bursátiles durante unos días que asistir a un espejismo de solvencia.
Y en Estados Unidos, según comentaba Daniel K. Tarullo, miembro del comité de gobernadores de la Reserva Federal, en el discurso en el que evaluaba las lecciones de los test de estrés americanos, quizá no venga mal realizar estas pruebas de solvencia de manera periódica y, a ser posible, de manera muy frecuente.