El bono español se dispara al 3,7% en plena tormenta y con la deuda en máximos históricos
La rentabilidad del bono español a diez años escala al 3,70%, máximos desde noviembre de 2023, mientras la deuda pública marca récord y los ‘vigilantes de los bonos’ vuelven a poner el foco sobre el coste de financiación de Estados y empresas
La tormenta que sacude el mercado mundial de bonos también ha golpeado de lleno a España, dejando la rentabilidad exigida por los inversores para la deuda española a diez años en 3,7%, máximos de noviembre de 2023.
La sacudida llega en un momento especialmente sensible para las cuentas de la economía española, pues este mismo martes se acaba de conocer que la deuda pública ha alcanzado un nuevo máximo histórico de 1,76 billones de euros.
No obstante, el movimiento está lejos de ser exclusivamente español, puesto que los inversores están vendiendo deuda soberana prácticamente de todos los mercados y exigiendo rentabilidades cada vez mayores para prestar el dinero a los gobiernos, ante una combinación explosiva de inflación, déficits públicos elevados, mayor oferta de bonos y unas necesidades de financiación que no paran de aumentar.
Aumenta el servicio de la deuda
En Alemania, el bono a diez años llegó a tocar el 3,25%, máximos de 2011, mientras que el bono estadounidense a 30 años alcanzó el 5,32%, su nivel más elevado desde 2007. También ha sucedido lo mismo en Japón, donde el bono a diez años bordea el 3%, máximos de tres décadas.
Para España, el momento resulta especialmente relevante, pues con una deuda pública de 1,76 billones de euros en valores absolutos, el movimiento de los bonos supone un coste de financiación de las arcas públicas mucho más elevado.
El hecho de tener que hacer frente a un mayor servicio de la deuda es una especie de “impuesto invisible” que obliga a destinar más dinero del presupuesto público solo para el pago de intereses.
De aquí a finales de año, el Tesoro Público tendrá que celebrar unas 20 subastas de deuda, que tendrán un mayor coste si se mantienen los actuales niveles de la deuda.

La engañosa tranquilidad de la prima de riesgo
En todo este movimiento hay una diferencia importante frente a las grandes crisis de deuda, y es que la prima de riesgo española no se ha disparado y está en 44 puntos básicos, un nivel alejado de las zonas de alarma que se vieron en la gran crisis de la zona euro.
No obstante, la conclusión de que todo está en calma es engañosa, porque la prima mide la diferencia con el bono alemán, que también ha subido con mucha fuerza.
La cuestión es que el mercado no está castigando especialmente a España frente a Alemania. Está encareciendo el precio que prácticamente todos los Estados tienen que pagar para endeudarse.
La subida de las rentabilidades es global y responde a factores estructurales. Los expertos consultados por Bloomberg apuntan a la preocupación por unos gobiernos cada vez más endeudados, la posibilidad de que las tensiones geopolíticas hagan más frecuentes los shocks de oferta y mantengan elevada la inflación, y un cambio en la estructura del mercado que está reduciendo la presencia de algunos de los compradores tradicionales de deuda a largo plazo.
De hecho, la rentabilidad media de una cartera de bonos soberanos globales con grado de inversión se ha acercado ya al 4,5%, el nivel más alto desde que Bloomberg comenzó a recopilar estos datos en 2015.
El resultado es que España no necesita sufrir una nueva crisis de prima de riesgo para encontrarse con una factura financiera más elevada.
Los ‘vigilantes de los bonos’ entran en escena
Por otro lado, el revuelo que se ha visto en el mercado de renta fija ha traído de vuelta la figura de los ‘vigilantes de los bonos’.
El término fue acuñado en los años ochenta por Ed Yardeni, presidente y estratega jefe de Yardeni Research, para describir a aquellos inversores institucionales que venden deuda cuando consideran que las políticas fiscales o monetarias de un Gobierno son excesivamente expansivas o inflacionistas.
El mecanismo es bien conocido. Las ventas hacen caer los precios de los bonos, y como la rentabilidad se mueve en sentido contrario, sube el coste de financiación al que tienen que hacer frente los gobiernos.
Yardeni Research todavía no considera que el mercado haya llegado a ese extremo. “No estamos pulsando el botón del pánico”, aseguraron los estrategas de la firma en una nota recogida por Bloomberg. Pero la firma lanza un aviso: “Estamos vigilando de cerca si los vigilantes de los bonos podrían hacerlo”.
La referencia fundamental está en Estados Unidos, donde el Treasury a diez años ha escalado hasta alrededor del 4,73%, acercándose a la parte alta del rango del 4%-5% que Yardeni considera todavía compatible con una economía y unos beneficios empresariales saludables.
Pero cuanto más se aproxima al 5%, mayor es la vigilancia. Y el fenómeno se extiende mucho más allá de Estados Unidos. Yardeni considera que estos inversores ya están comenzando a moverse en distintos mercados ante el aumento de la deuda pública.
Empresas y estados compiten por el mismo dinero
También hay en este movimiento otra derivada peligrosa que trasciende las cuentas de los estados, y que tiene que ver con el hecho de que la subida de las rentabilidades encarece igualmente el coste de financiación de las empresas.
En los mercados de capitales, lo normal es tomar como referencia de partida las rentabilidades de la deuda soberana, y luego añadir el spread o diferencial extra que exigen los inversores por comprar deuda de cada compañía en cuestión.
Dicho de otro modo, una empresa puede mantener intacta su solvencia y su capacidad para generar beneficios y, aun así, verse obligada a pagar más por refinanciar su deuda simplemente porque ha aumentado el tipo libre de riesgo sobre el que se construye el precio.
Además, no hay que olvidar que los gobiernos y las empresas compiten para llegar a los mismos inversores.
Según datos de Bloomberg, la emisión de deuda empresarial avanza a un ritmo récord, impulsada especialmente por las enormes inversiones que necesitan financiar las grandes tecnológicas para desarrollar la infraestructura de inteligencia artificial. Esta oferta corporativa se suma a las ingentes cantidades de deuda que tienen que colocar los Estados.
Este impacto en las empresas es lo que realmente hace daño a las bolsas, la conexión entre la renta fija y la renta variable. En concreto, el aumento de los rendimientos puede pesar sobre las bolsas porque eleva el coste financiero de las empresas y porque hace que la deuda resulte relativamente más atractiva frente a las acciones.
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