Francia, una olla a presión para las primas de riesgo europeas
El mercado deja de tratar a Francia como un emisor intocable y teme que su deterioro fiscal y la fragmentación política contagien al resto de la deuda europea
Durante buena parte de la historia del euro, Francia ha sido una de las economías intocables de la zona euro a la que el mercado perdona todo. Podía acumular déficits, atravesar crisis políticas serias o incumplir sus objetivos fiscales sistemáticamente, sin que su prima de riesgo se inmutara.
Pero esta situación ha dado un giro radical esta semana, cuando los inversores han sido conscientes de que la combinación de una deuda cercana al 120% del PIB, un déficit enquistado por encima del 5%, unas elecciones presidenciales cada vez más próximas y un Parlamento fragmentado son una olla a presión con elevado riesgo de contagio al resto de Europa.
Sin ir más lejos, la prima de riesgo de la economía francesa, medida por su diferencial con el bono alemán a diez años, ha alcanzado esta semana los 152 puntos básicos, máximos desde la crisis de deuda soberana de la eurozona en 2011.
Esto supone el escenario más complicado para el Gobierno francés. En los presupuestos presentados este jueves, el ejecutivo galo anunció fuertes recortes en el gasto para tratar de alcanzar sus metas de déficit, pero el mercado duda de que los planes puedan salir adelante con el parlamento fragmentado.
“La percepción de riesgo sobre la deuda francesa se está deteriorando”, aseguró esta semana en Bloomberg TV Marie Jacot, consejera delegada de Edmond de Rothschild Asset Management France. “El mercado está empezando a castigar a Francia y su nivel de deuda, algo que no necesariamente hacía en el pasado”.
Riesgo de contagio para Europa
El problema para el resto de los países comunitarios es que el miedo se extiende como una mancha de aceite, y el riesgo de contagio es cada vez más elevado.
Las tensiones ya han provocado repuntes en las primas de riesgo de otros países como España, Portugal, Bélgica o Grecia, mientras los inversores vuelven a diferenciar con mayor claridad entre los distintos emisores soberanos de la eurozona.
Es justo lo contrario de lo que sucedió con la crisis del euro hace algo más de una década. Entonces eran Italia, España, Portugal o Grecia quienes obligaban a los mercados a preguntarse hasta dónde podía extenderse el contagio. Ahora el foco está sobre Francia, la segunda economía de la zona euro y uno de sus grandes pilares políticos.
Los analistas consultados por Bloomberg advierten de que, si París no consigue controlar sus cuentas, las consecuencias pueden extenderse a través del mercado de bonos, el debilitamiento de las reglas fiscales europeas y una menor capacidad de liderazgo político de la Unión Europea.
De hecho, Francia ya está pagando una rentabilidad superior a la de algunos países que durante años formaron parte de la denominada periferia europea.
Por si fuera poco, la situación fiscal francesa se está deteriorando justo cuando todo el mercado mundial de deuda atraviesa un momento especialmente delicado por la inflación, el encarecimiento de la energía y las expectativas de tipos de interés elevados durante más tiempo.
EL BCE no garantiza una red de seguridad
Como los males nunca llegan solos, Francia y el resto de las economías europeas tampoco pueden contar en esta ocasión con una gran ayuda por parte del Banco Central Europeo para frenar el potencial contagio.
El BCE dispone del Instrumento para la Protección de la Transmisión (TPI), diseñado después de la anterior crisis de deuda para actuar si considera que existen movimientos desordenados e injustificados en los mercados soberanos.
Pero las declaraciones que llegan desde el regulador europeo han enfriado la posibilidad de una intervención inmediata.
Joachim Nagel, miembro del Consejo de Gobierno del BCE y presidente del Bundesbank, recordó esta semana que el mandato del banco central es controlar la inflación y no mantener las primas de riesgo en determinados niveles.
Con Alemania vigilando la línea ortodoxa del BCE, Francia afronta con la máxima incertidumbre las elecciones presidenciales de 2027, especialmente si el parlamento sigue igual de dividido.
“Recuperar la confianza exigirá un compromiso creíble con la consolidación fiscal. Sin embargo, una solución duradera dependerá del escenario político surgido de las elecciones de 2027 y de su capacidad para afrontar el desafío fiscal del país”, señalan Jean Dalbard y Simona Delle Chiaie, economistas de Bloomberg Economics.
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