Corbacho: To er mundo e güeno (menos la banca)

"De no hablar sino cuando fuere preciso, raramente despegaríamos los labios". La frase es del filósofo griego Epicteto, tiene casi[…]

"De no hablar sino cuando fuere preciso, raramente despegaríamos los labios". La frase es del filósofo griego Epicteto, tiene casi 2000 años y es la demostración palpable de que nuestros políticos le tienen fobia a los clásicos. Por lo visto, son más de best seller barato, de esos que se consumen en vacaciones entre caña y caña de cerveza.

A nuestro ministro de Trabajo e Inmigración, Celestino Corbacho, el verano -quizá un golpe de calor- le ha soltado la lengua. Ayer hizo una demostración de incontinencia y también de demagogia. Barata, muy barata, por cierto. Ha decidido empezar el curso haciendo amigos entre las huestes bancarias, acusándolas de amparar, promover y ser los primeros beneficiarios de la crisis inmobiliaria. Se le ha olvidado la responsabilidad del partido que le ha nombrado y, claro está, la de todos los ciudadanos que han entrado en el juego sólo para especular. Menos la banca, to er mundo e güeno.

Ahora resulta que, siempre según el sesudo análisis del ministro, no se hubiese construido tanto en España si las hipotecas no se hubiesen dado "al 120% del valor" de tasación del inmueble y si no se hubiesen dado créditos para la adquisición de solares "con tanta facilidad". ¡Vaya novedad! Le ha faltado añadir que tampoco hubiera sido posible sin el aliento del Gobierno -y antes del ejecutivo del Partido Popular- que gracias al ladrillo sacaba pecho trimestre tras trimestre con unas cifras de crecimiento económico en la mano tan sin parangón en el mundo como los beneficios amasados y luego dilapidados alegremente por las corporaciones locales haciendo uso y abuso de su suelo. Ni un aviso hicieron sus representantes a los ciudadanos sobre el riesgo que estaban asumiendo comprado a unos precios disparatados e hipotecándose a 50 años. La rueda tenía que seguir girando.

El caso es que muchos meses después del estallido de la crisis del ladrillo nuestros políticos nos siguen tratando como verdaderos imbéciles. ¿Se tiraría usted por una ventana porque su jefe se lo ordene o porque su médico le diga que es bueno para los huesos? Dando por hecho que no -que nunca se sabe- tampoco un español sensato con 2.500 euros de ingresos destinaría el 80% de los mismos a pagar una vivienda durante 52 años.

El problema es que muchos, los que de verdad necesitaban su primera vivienda para vivir y no para ganar un 40% en seis meses, no han tenido más remedio. ¿Podría el señor Corbacho recordar alguna llamada a la sensatez -en este país, oficialmente sólo las hacía el Banco de España y nadie le hizo caso- por parte de alguna de las dos grandes fuerzas políticas en los tiempos del boom? ¿O una medida para rebajar el precio de suelo? ¿O una iniciativa para fomentar el alquiler?

Claro que la banca se ha puesto las botas. No es precisamente el financiero un negocio en el que manden los sentimientos. Las entidades han ganado dinero a espuertas. Pero cuando el doliente Corbacho -que se enfrenta a la durísima vuelta a la realidad que para las cifras de desempleo significará el fin del verano- habla sólo de la avaricia financiera de los bancos, está dejando de decir toda la verdad, algo que se parece mucho a mentir. Sobre todo, porque muchos ciudadanos de a pie han ganado dinero para mantener a varias generaciones especulando con el ladrillo.

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Entre otras cosas, con prácticas tan nefastas como la compra sobre plano y la venta antes de escriturar los inmuebles ante la pasividad -cuando no connivencia- de todo el sistema. Si muchos se la han pegado tras el estallido de la crisis -también lo han hecho los bancos, y de qué manera-, no han hecho más que asumir las leyes del mercado.

¡Ah! Y también le ha dado duro nuestro ministro en cuestión a la CEOE por no ser capaz de ver que es necesario trasladar un mensaje de tranquilidad a la ciudadanía para reactivar el consumo. Genial, cuando otro ministro como él acaba de defender a título personal una subida de impuestos y el desempleo amaneza con dar otro salto histórico este otoño. Lástima de verano perdido. Tirar balones fuera seguirá siendo la tónica en el curso que empieza. Fuera y mal, claro. Es lo que tiene no leer a los clásicos.

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