Septiembre será crítico para las divisas

Los próximos dos meses deberían ser relativamente tranquilos. El Banco Central Europeo tiene aversión a los cambios de política o a las comunicaciones críticas en el período estival, y los operadores de mercado prefieren limitar riesgos y posiciones durante las vacaciones. En cambio, septiembre será un mes crítico para los mercados de divisas. Para empezar,  el 7 de setiembre, el BCE deberá clarificar el ritmo al que planea reducir sus compras de bonos soberanos

Para los mercados de divisas, las pasadas elecciones presidenciales francesas pusieron fin a un turbulento año marcado por las sorpresas electorales y las revueltas de los votantes contra el statu quo. Con la economía creciendo moderadamente en casi todos los países avanzados, sin presiones inflacionistas, y los bancos centrales en piloto automático, fue el calendario político el que proporcionó gran parte de la volatilidad en los principales cruces. Las convulsiones empezaron con la sorpresa en el referéndum sobre la permanencia en la Unión Europea en el Reino Unido, que llevo a la libra al descalabro y a sus niveles más bajos de la historia. Después, en noviembre, la victoria inesperada de Trump en las elecciones Presidenciales de los EEUU provocó una extraordinaria volatilidad en el dólar, que reaccionó inicialmente a la baja para subir con fuerza poco después, y volver a cotizar a la baja a medida que los continuos escándalos limitaban la capacidad de la nueva Administración de implementar políticas de estímulo.

El momento actual, sin embargo, es otro. Los bancos centrales de la mayoría de los países avanzados han puesto fin a su quiescencia, y empiezan a anunciar, con mayor o menor vehemencia, que las políticas de estímulo monetario no van a continuar indefinidamente. En un contexto de recuperación moderada pero sostenida del crecimiento y el empleo en casi todas las grandes economías, la gran mayoría de estas instituciones han seguido la estela de la Reserva Federal estadounidense, dejando claro que el próximo movimiento en su política monetaria será para tensionarla. En el caso del euro, las comunicaciones recientes del BCE han llevado a la divisa común a cerca de máximos del rango que ha imperado en los dos últimos años frente al dólar, impulsada por la previsión de una cierta normalización de los tipos de interés a medio plazo desde los niveles bajísimos que han prevalecido en ese período.

Los próximos dos meses deberían ser relativamente tranquilos. El Banco Central Europeo tiene aversión a los cambios de política o a las comunicaciones críticas en el período estival, y los operadores de mercado prefieren limitar riesgos y posiciones durante las vacaciones. En cambio, septiembre será un mes crítico para los mercados de divisas. El 7 de setiembre, el BCE deberá clarificar el ritmo al que planea reducir sus compras de bonos soberanos y, al menos, indicar o dar alguna pista acerca de cuándo espera comenzar a subir los tipos de intervención. El 20 de ese mismo mes, la Reserva Federal anunciará si sube tipos o lo deja para diciembre, y muy posiblemente dará noticia sobre el comienzo de la reducción de su hoja de balance. Además de estas dos grandes citas, vemos alguna posibilidad de que el Banco de Inglaterra mueva también ficha, a la vista de las continuas sorpresas al alza de la inflación en el Reino Unido.

En suma, para finales de septiembre debería quedar claro cuáles van a ser las tendencias críticas en los mercados de divisas duran te los próximos 18 meses.

Por Enrique Díaz-Alvarez, director de Riesgos de Ebury

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