El segundo semestre se presenta con riesgo de caída en las Bolsas

Los analistas recomiendan una estrategia equilibrada o defensiva y confían en que se puedan conseguir retornos positivos

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No ha sido una mala primera parte del año para la renta variable. Las bolsas acumulan una rentabilidad que alcanza el 15% en muchos casos, aunque el Ibex-35 se haya quedado un poco atrás por el mal comportamiento de la banca, que tanto pondera en su composición. Pero lo verdaderamente bueno ocurrió en los cuatro primeros meses del año. El selectivo, que arrancó 2019 en el entorno de los 8.500 puntos, marcaba los que hasta el momento son los máximos del ejercicio a las puertas de los 9.600 puntos el pasado 18 de abril. A partir de ahí, sobre todo en el mes de mayo, la situación se fue complicando: si hasta ese momento parecía que Estados Unidos y China llegarían a un acuerdo comercial rápidamente, lo que despejaba el que se considera principal riesgo que se cierne sobre la economía global, entonces el mercado empezó a ser consciente de que iba a ser muy difícil dar carpetazo a esta incertidumbre a cuenta de los recelos mutuos que se hicieron patentes tanto por parte china como estadounidense. El conflicto dio una vuelta de tuerca con el anuncio del veto americano a Huawei, después pospuesto, y con la amenaza de aranceles contra México que el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador logró evitar prometiendo controlar los flujos migratorios por su territorio. 

¿Complacencia?

Las caídas han encontrado, al menos por ahora, un suelo. En el caso del selectivo, éste parece ser el nivel de los 9.000 puntos a los que llegó a bajar el pasado 31 de mayo. Ante los débiles datos económicos publicados a uno y a otro lado del Atlántico, ante la falta de inflación y a la vista de los riesgos para el crecimiento que se derivan de la guerra comercial, las autoridades monetarias a nivel global y muy en particular la Reserva Federal y el Banco Central Europeo o han bajado los tipos de interés ya o se han mostrado dispuestos a hacerlo o a recuperar otras medidas de apoyo extraordinario a la economía en caso de ser necesario, como el QE europeo. Ello parece haber dado soporte a las Bolsas. Aunque también hay quien avisa de que los mercados pueden estar pecando de optimismo, lo que pone en dificultades las perspectivas para el segundo semestre. 

Así opina Natalia Aguirre, de Renta 4: «Nos da la impresión de que el mercado está complaciente». Y ello porque las Bolsas se han recuperado (las americanas hasta máximos históricos y muchas europeas, hasta máximos anuales) por expectativas de estímulos monetarios cuando lo que subyace es una mala noticia: la economía falla. Además, Aguirre plantea que ahora esas expectativas de bajadas de los tipos en las principales economías tienen que materializarse y, como apunta, el mercado está descontando reducciones muy agresivas del precio del dinero. Hay riesgo de decepción.

Neil Dwane, de Allianz, coincide con esta preocupación: «Los mercados cuentan con entre dos o tres bajadas de tipos hasta final de año. La probabilidad de una rebaja del precio del dinero ha aumentado. Sin embargo, creemos que la Fed continuará siendo paciente, tomará las decisiones según los datos que vayan publicándose y no actuará si éstos o si las perspectivas no cambian de forma significativa». 

Aguirre señala otro «pero» del asunto: el sostenimiento de las Bolsas está sujeto a que los estímulos monetarios cumplan con su objetivo: evitar la recesión o el deterioro económico.

En definitiva, las Bolsas pueden estar más optimistas que la realidad que les espera. Harald Berres, co-gestor del fondo Ethna-Dynamisch, explica: «Tras las ganancias registradas desde principios de año, las Bolsas han cotizado una cantidad considerable de buenas noticias y las valoraciones son algo más ambiciosas, al menos a corto plazo». Y continúa: «La evolución de mayo ha demostrado que es más difícil subir y hay más volatilidad en los mercados que en los primeros meses del año. Esperamos un entorno similar en los próximos meses. Hacia finales de año, las Bolsas podrían volver a calmarse y prepararse para realizar una serie de nuevos máximos. Pero hasta entonces, hay que encontrar soluciones para los actuales puntos conflictivos, en particular, la guerra comercial entre Estados Unidos y China»

Guerra comercial y Fed

De momento y a expensas de lo que suceda este fin de semana entre Donald Trump y Xi Jinping en la cumbre del G-20, el mercado no se ha hecho muchas ilusiones sobre la posibilidad de un inmediato acuerdo comercial que zanje el conflicto, aunque no descarte que se puedan producir avances. Ahora ninguno de los dos líderes siente una gran presión para acabar con el enfrentamiento tarifario. Y, de acuerdo con lo que apunta Álex Fusté, de Andbank, Trump todavía menos. Este experto razona que Jerome Powell, el presidente de la Fed, ha dicho que recortará los tipos de interés si no se despejan los riesgos. A partir de ahí, continúa, es legítimo pensar que Trump tratará de mantener el conflicto comercial a fuego lento para que Powell termine bajando el precio del dinero y, más adelante, ya con vistas a 2020, año electoral en Estados Unidos, pelee finalmente por alcanzar la paz con China. De esta manera, el presidente americano se enfrentaría a su reelección en las mejores condiciones posibles: con bajos costes de financiación que sostengan la economía y un acuerdo comercial que despeje las nubes que se ciernen en el horizonte. 

Sara Herrando, de Norbolsa, plantea el segundo semestre con la premisa de que, antes o después, habrá acuerdo comercial entre Estados Unidos y China, lo que mejorará la visibilidad del crecimiento, que en estas dos grandes economías será moderado. Ello, junto con el apoyo subyacente de los bancos centrales, elemento ausente a finales de 2018, puede poner las bases para «una cierta alegría en las Bolsas en el segundo semestre». Herrando anticipa una rentabilidad en la renta variable de un dígito bajo en los próximos seis meses, ello siempre sujeto a las noticias que vayan llegando de la guerra comercial. 

Natalia Aguirre recuerda la importancia de los resultados del primer semestre que se empezarán a publicar el 15 de julio. La experta de Renta 4 anticipa el riesgo de que las empresas prevean una desaceleración más duradera y estructural o den avisos sobre la evolución de sus cuentas si siguiera sin haber visibilidad sobre la guerra comercial. «De momento, se han revisado a la baja los resultados de 2019, pero los de 2020, aún no», avisa Aguirre. 

Dwane va más allá: cree que las expectativas de beneficio en EE.UU. siguen elevadas para la segunda parte del año, especialmente para el cuarto trimestre. ¿Las revisiones podrían pesar sobre Wall Street? En su opinión, el año será positivo para la Bolsa, pero el ritmo de subidas de lo que resta de ejercicio no tendrá nada que ver con el de los cuatro primeros meses de este 2019.

¿Puede haber recortes?

Los analistas avisan de la posibilidad de recortes en las Bolsas a corto plazo. Fusté da pistas sobre niveles: el Stoxx 600 Europe en estos momentos está bien valorado. Por el momento no recomienda salir. Pero los 406 puntos para él serían niveles de venta. «Es el límite superior de nuestro rango razonable», afirma. Comenta que esos potenciales recortes serían para aumentar exposición en el mercado. Ello, porque cree que los riesgos aún sobre la mesa, como un Brexit sin acuerdo o una guerra total entre Estados Unidos e Irán, tienen poca probabilidad de que se terminen materializando. Otros que habrá que vigilar serán la cuestión presupuestaria italiana y su conflicto con Bruselas y la capacidad de China de seguir creciendo de forma sana, además de potenciales amenazas arancelarias de Trump contra Europa.

Los expertos de Bankinter son relativamente optimistas y en su informe de perspectivas para el tercer trimestre destacan que lo que otros analistas califican de complacencia en los mercados ellos lo consideran fortaleza: «La solidez del fondo del ciclo (economía, beneficios empresariales, bancos centrales...) se valora más que los obstáculos; más que las dudas sobre los niveles alcanzados, tanto por las Bolsas como por los bonos». Y señalan que ello puede ser síntoma de que «los riesgos podrían estar deslizándose a la baja» y de que los precios de los activos pueden estar ahora más protegidos que nunca por la actuación de los bancos centrales. «Los nervios podrían aumentar y también la volatilidad durante el tercer trimestre, pero creemos que la lateralidad sería el peor desenlace entre los razonables», apuntan, para advertir: «Con volúmenes a la baja en verano debemos estar preparados para alguna corrección sin asustarnos». Respecto a la preocupación que muestran otros expertos sobre la evolución de los resultados empresariales, valoran: «En septiembre los analistas ya sustituiremos los beneficios esperados para 2019 por los estimados para 2020 y, de acuerdo con nuestros cálculos, las valoraciones seguirán ofreciendo potenciales atractivos». «En caso de duda, será más acertado mostrarse optimista y elevar la perspectiva», remata el equipo de análisis del banco. 

Para Aguirre, de mantenerse las circunstancias actuales, cualquier recorte sería para comprar, aunque avisa de que habrá que ir vigilando los riesgos que ocasionan los recortes, por si hay que cambiar la aproximación al mercado. En todo caso, de acuerdo con Sara Herrando, ante las incertidumbres existentes, es mejor mantener una cartera de valores equilibrada entre títulos cíclicos y defensivos. No conviene, afirma, descartar los primeros, ya que se espera que, en caso de que haya buenas noticias desde el punto de vista macro o desde el frente comercial, sean los que más despunten con su comportamiento. Aguirre se inclina por una cartera defensiva entendida en sentido amplio: ello no significa que tenga que estar compuesta por eléctricas y telecos, sino, en general, por compañías que sacan partido de los bajos tipos de interés, como Telefónica, Cellnex, Merlín, Iberdrola y Enagás, y también, por aquéllas que se encuentran muy infravaloradas, como Repsol y Ferrovial.

Dwane, en cuanto a estrategia, recomienda mejorar la calidad de las posiciones en general y, en particular para las acciones, una cartera polarizada, es decir, por un lado con firmas especializadas en pagos por móvil, tecnología en la nube o ciberseguridad y, por otro, con acciones defensivas como las del sector salud o bienes de consumo.

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