Turquía rebaja del 4,5 % al 3,2 % su previsión crecimiento económico en 2016

El Gobierno turco ha reducido a la baja su estimación sobre el crecimiento de la economía del país este año hasta el 3,2 por ciento del PIB, desde el 4,5 por ciento previsto anteriormente, informó el primer ministro turco, Binali Yildirim.

Al presentar el programa económico a medio plazo (2017-2019) en una rueda de prensa en Ankara, Yildirim destacó que su gobierno continuará con las reformas estructurales y con la disciplina fiscal que mantiene desde 2003.

"Es un pilar indispensable de nuestra economía", dijo el primer ministro tras reconocer que la tasa del 3,2 % de crecimiento es insuficiente para Turquía.

No obstante, destacó que el plan es que crezca un 4,4 % en 2017 y y un 5 % en 2018 y 2019.

"En nuestro camino a los objetivos de 2023, la tasa de crecimiento de Turquía no será nunca menor al 5 por ciento", afirmó.

Añadió que el programa prevé una reducción de la tasa de inflación hasta el 6,5 por ciento en 2017 y a menos del 5 por ciento en los años siguientes, desde el 7,5 por ciento previsto en 2016.

"Hemos tenido éxito en mantener nuestro déficit presupuestario en el 1,6 por ciento este año. Continuaremos teniendo un déficit", añadió el jefe de Gobierno, al precisar que debido a las inversiones planificadas para el próximo año el déficit presupuestario aumentará hasta el 1,9 por ciento.

Por otro lado, el gobierno planea privatizaciones por un total de 15.000 millones de liras turcas (unos 4.400 millones de euros) este año.

Según los expertos, en 2016 la economía turca ha estado golpeada por una serie de atentados terroristas y la incertidumbre política creada tras el fallido golpe militar del pasado 15 de julio, así como por un bloqueo ruso en los primeros meses del año, que han afectado sobre todo al importante sector turístico del país.

El pasado día 24, la agencia de calificación de riesgos crediticios Moody's rebajó el nivel de la deuda a largo plazo de Turquía en un escalón, para colocarla en el Ba1, lo que equivale al nivel "basura", a raíz de la creciente dificultad en conseguir financiación extranjera y el debilitamiento de los factores de estabilidad.

Y el pasado 19 de agosto, un mes después del fallido golpe de Estado, la agencia Fitch advirtió de que la purga emprendida por las autoridades turcas de funcionarios supuestamente vinculados a la asonada generaba incertidumbre sobre la capacidad y la continuidad de las políticas económicas de Ankara.

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