Lagarde clama su inocencia

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Christine Lagarde, directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), clamó ayer su inocencia en la apertura del juicio en París por presunta negligencia en la concesión de una indemnización de 403 millones de euros al empresario Bernard Tapie en 2008, cuando ella era ministra de Economía y Finanzas en el Gobierno francés. La antigua abogada de negocios, quien dijo sentirse muy afectada por la agresividad del acta de acusación, declaró haber actuado «en conciencia con el único objetivo del interés general».

«Quiero demostrar que no he sido culpable de negligencia», proclamó de entrada Lagarde al comparecer ante la Corte de Justicia de la República (CRJ), órgano con competencia exclusiva en Francia para juzgar a los gobernantes acusados de cometer delitos en el ejercicio de sus funciones. La directora del FMI, quien declaró unos ingresos de 450.000 dólares al año, explicó que había pedido al organismo internacional que le levantara inmunidad porque quería explicarse ante la Justicia. «No tengo intención de callarme», replicó cuando le fue recordado el derecho a guardar silencio por la jueza Martine Ract Madoux, presidenta de la jurisdicción especial que está formada por seis diputados, seis senadores y tres magistrados del Supremo.

La estrategia defensiva de Lagarde consistió en ampararse en la ingente labor ministerial para eludir responsabilidades directas en el multimillonario laudo otorgado por una comisión arbitral a Tapie para saldar el litigio en torno a la compraventa de Adidas en 1994 por el banco Crédit Lyonnais, entonces de titularidad pública. «Esa historia de arbitraje no era una prioridad», alegó la titular entre 2007 y 2011 de las carteras de Economía, Finanzas y Empleo, que se describió acaparada por las cuestiones macroeconómicas e internacionales en los inicios de la crisis financiera al frente de un ministerio «gigantesco».

Preguntada sobre el motivo de no haber tenido en cuenta una nota de sus servicios fechada el 1 de agosto de 2007 sobre los riesgos de un arbitraje que acabó siendo tan generoso con Tapie, respondió que recibía «unas 8.000 o 9.000 al año» y que confiaba en sus colaboradores. «No leo todas las notas y mi gabinete tiene precisamente la función de filtrarlas», planteó tras reconocer que había descubierto algunos de los dictámenes técnicos a posteriori.

«¿Fui engañada? Quizás un día lo sabremos. ¿Fui negligente? No y me empeñaré en convencerles», expuso. «Pues 'Le Canard Enchaîné' estaba bien informado de lo que se tramaba con el arbitraje», objetó la presidenta del tribunal especial para aforados. «No leo ese semanario», replicó la acusada.

Lagarde, de 60 años, declaró sentirse «profundamente afectada» por lo que consideró «tono agresivo» del auto de procesamiento que según ella se inventa «un ministerio utópico, fuera de la realidad y de la crisis». Las conclusiones de la instrucción le reprochan «una decisión de entrar en arbitraje mal preparada» resultado de su «incuria, precipitación y ligereza».

La corte rechazó la petición de suspensión del juicio, programado hasta el próximo martes, formulada por la defensa a la que también se opuso la acusación por sospechar una maniobra dilatoria y un medio para escapar a los jueces. La Fiscalía subrayó que la Justicia civil ya ha fallado que existió fraude en el arbitraje y que Tapie está condenado a devolver la indemnización, sentencia que tiene recurrida.

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