Macroeconomía

"Hay demasiada desigualdad cuando se compite con bajos salarios"

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El economista James K. Galbraith, hijo del mítico John Kenneth Galbraith y profesor en la Lyndon B. Johnson School of Public Affairs y en la Universidad de Texas, ha escrito un libro didáctico sobre la desigualdad, sobre "Lo que todo el mundo debería saber sobre la distribución de ingresos y de la riqueza" (Deusto). Es un volumen que explica la desigualdad salarial, la de renta y la de la riqueza, qué indicadores se utilizan para medirla y cómo se calculan. Pero no se detiene únicamente en las dimensiones que se pueden cuantificar, sino también en las cualitativas (o categóricas, como las llama el autor en su libro), las ligadas al género y a la raza, entre otras, aunque, tal y como nos contesta el propio Galbraith por correo electrónico, en realidad, todas estas desigualdades, las que son fáciles de medir y las que no, están muy relacionadas en muchos casos y, de hecho, unas suelen ser causa de otras. 

El autor realiza un recorrido por la evolución reciente de la desigualdad, desde su punto más elevado en 1929, en el caso de Estados Unidos, para caer a partir de ahí y, sobre todo, después de la Segunda Guerra Mundial, para registrar un último tirón a la baja a finales de los años sesenta, coincidiendo con la Guerra contra la Pobreza y de la Gran Sociedad del presidente Lyndon B. Johnson. A partir de los años setenta, las desigualdades comenzaron a incrementarse de nuevo, sobre todo en los primeros años ochenta, aunque sólo a partir de la última crisis, la que arrancó en 2008, con la caída de Lehman Brothers, se ha convertido en un asunto al que se presta atención y preocupación. Y, según Galbraith, quien se preocupa por la desigualdad acierta "porque la riqueza es poder, como escribió Adam Smith; y porque el poder extraído de la riqueza generalmente es abusivo". 

Hablando de Adam Smith, un aspecto especialmente interesante del libro de este economista estadounidense reside en la concepción de la desigualdad a lo largo de la historia económica, de acuerdo con diversos autores además de Smith, como Marx, Keynes, Veblen y su clase ociosa, Schumpeter o Kuznets, así como el surgimiento y la defensa de la idea de igualdad. Podemos resumir la idea sobre la que ha versado la discusión a lo largo de la historia en si la desigualdad es necesaria, natural y conveniente; o, más recientemente, en si la desigualdad es una de las madres del progreso o si es una de sus guadañas. Galbraith nos aclara por correo electrónico su conclusión: "Algún grado de desigualdad es obviamente necesaria". Pero que haya demasiada es contraproducente. ¿Y cuándo hay demasiada? Galbraith contesta: "Cuando uno puede ver la miseria en medio de la abundancia, cuando hay pobreza al lado de la riqueza, cuando hay desempleo, cuando los empleadores pueden competir ofreciendo bajos salarios y no mejorando sus negocios". Según su opinión, el actual nivel de desigualdad que hay en el mundo ya es preocupante. 

Otra de las preguntas que plantea en el libro, que en realidad está construido así, a modo de preguntas y respuestas, es si las sociedades más igualitarias son más prósperas o si es la prosperidad la que reduce la desigualdad. Se lo preguntamos directamente a Galbraith, para que nos responda brevemente, para que comparta la esencia de su desarrollo en el libro y nos cuenta: "Hay evidencia de que las sociedades más igualitarias funcionan mejor, incluso atrayendo negocios de alta productividad, que son los que mejoran la riqueza y el nivel de vida". 

A la hora de hablar de las causas de la desigualdad centrándose en Estados Unidos, enumera la educación, el comercio, la migración, el Gobierno, los sindicatos, los cambios en las estructuras familiares, los mercados financieros y sus burbujas, es decir, todas las instituciones que rigen nuestras sociedades. Pero el primer aspecto que toca es la tecnología. Como el último repunte de la desigualdad en el mundo ha acontecido en un contexto en el que la tecnología es tan importante, como su propiedad está tan concentrada, como los puestos de trabajo que están naciendo al calor de las nuevas tecnologías son tan diferentes (de élite o subempleo), le planteamos a Galbraith si un mundo cada vez más tecnológico nos empuja, indefectiblemente, a una desigualdad crónica, es decir, si un mundo tecnológico es desigual por definición. En su opinión, no necesariamente, "pero la concentración de los ingresos durante la expansión de la tecnología bajo el esquema institucional actual ha sido dramática".

De todas maneras, la explicación dominante sobre el reciente aumento de la desigualdad reside, según Galbraith, en el poder de las finanzas: "Está bien demostrada en el trabajo empírico que hay detrás de este libro". 

Existe la sospecha, que ratifica Galbraith en las respuestas a nuestras preguntas, de que detrás de Le Pen, el Brexit y Trump está también la creciente desigualdad. O, como el economista matiza, "la desigualdad experimentada como estancamiento económico por parte de una gran proporción del electorado". Y también la desigualdad explica en parte la fuerte crisis que sufre la socialdemocracia en Europa, dado que no ha sido capaz de ponerle coto; dado que bajo su mandato en los principales países europeos las diferencias sociales han aumentado: "La subordinación de los socialdemócratas a sus financieros es una de las tragedias morales de nuestro tiempo", sentencia el economista estadounidense.

Ante este relato de los acontecimientos, Galbraith cree que, generalmente, es una buena idea mantener toda forma de desigualdad bajo control. Y, en la última parte del libro, desgrana y analiza las políticas eficaces contra esta enfermedad social: ¿es útil la libre competencia para reducir la desigualdad?, ¿y el libre comercio?, ¿son buenos los impuestos para lograr este objetivo?, ¿y el salario mínimo?, ¿o es la educación la que tiene la clave?, ¿estamos indefectiblemente abocados a reeditar la sociedad victoriana, es decir, tan polarizada como la del siglo XIX? Esta última pregunta la analiza con una pormenorizada discusión, explicación y síntesis de las teorías de Thomas Piketty. 

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