Economía brasileña mantuvo su lento ritmo de recuperación en primer trimestre

La economía brasileña creció un 1,2 % en los tres primeros meses de 2018 frente al mismo período de 2017, su cuarta expansión trimestral consecutiva, con lo que mantuvo la "muy lenta" y gradual recuperación que experimenta desde el año pasado, tras la profunda recesión que sufrió en 2015 y 2016.

La recuperación del producto interior bruto (PIB) de la mayor economía suramericana en el primer trimestre fue lastrada por el aún elevado desempleo, la reducida inversión, principalmente del Gobierno, y a la tensión en un año en que Brasil tendrá sus elecciones más inciertas en varios años, según los economistas.

Según los datos divulgados hoy por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadísticas, la economía brasileña creció 1,2 % en el primer trimestre frente al mismo período de 2017 y un 0,4 % en comparación con el último trimestre de 2017, en tanto que acumuló una expansión interanual del 1,3 %.

Esos datos muestran que la economía mantuvo en los tres primeros meses la tímida recuperación de 2017, cuando acumuló un crecimiento del 1,0 %, tras las retracciones del 3,5 % en 2015 y del 3,5 % en 2016, cuando Brasil enfrentó su más grave recesión varias décadas.

"Brasil siguió creciendo este año, así como en 2017, pero a un ritmo muy lento y gradual", admitió la gerente de los estudios de cuentas nacionales del Instituto, Rebeca Palis.

"La recuperación viene siendo absurdamente lenta. La economía no empeoró pero da la sensación de que no anda", dijo a Efe André Perfeito, economista jefe de la corredora Spinelli.

Según los cálculos de esa firma, el nivel del PIB en el primer trimestre de 2018 es prácticamente el mismo que en igual período de 2012, con lo que se puede decir que Brasil no avanzó nada en seis años.

"Esa baja velocidad de retomada es la causa real de la insatisfacción general que vive el país, reflejada en la actual huelga de camioneros (que paralizó Brasil), y producto del ajuste recesivo en curso", afirmó Perfeito.

Según este economista, el ajuste fiscal impulsado por el Gobierno del presidente Michel Temer desde 2016, con una fuerte reducción del gasto público y de las tasas de interés, no tuvo el deseado efecto de incentivar la inversión particular, "que era su apuesta para la retomada económica".

"Con la ociosidad aún elevada (en un nivel peor al de la crisis de 2008) y la demanda aún reprimida, debido a que el Gobierno no está consumiendo y a la baja expansión de la capacidad de las familias para gastar, los empresarios se resisten a invertir", explicó.

De esa forma, la capacidad del país para generar capital de inversión sólo aumentó del 15,5 % en los tres primeros meses del año pasado hasta el 16,0 % en el primer trimestre de 2018.

Además de la reducida inversión, el crecimiento económico también está lastrado por el elevado desempleo, que en abril llegó al 12,9 % de la población activa (13,7 millones de desempleados), lo que limita el poder de compra.

El consumo igualmente sigue frenado por las altas tasas de intereses cobradas por los bancos, que aún no han repasado a sus clientes la reducción de los tipos determinada por el Gobierno. En abril, la tasa promedio de intereses para capital de giro era del 321 % al año y la de tarjetas de crédito del 331,6 % anual.

Con las cuentas públicas con un rojo histórico y la reducción de sus gastos (del 0,8 % frente al primer trimestre de 2017), el Gobierno tampoco consume.

La economía brasileña tampoco consigue despegar en medio de un ambiente de ajuste mundial, medidas proteccionistas que amenazan las exportaciones siderúrgicas y el dólar en su mayor nivel frente al real en los dos últimos años.

Ese ambiente mantiene el índice de confianza de los empresarios en su menor nivel desde noviembre de 2017, lo que se agrava con la incertidumbre electoral y la baja probabilidad de victoria de un candidato comprometido con la austeridad fiscal y que agrade al mercado.

A todo ello se sumó la huelga camionera que completó hoy diez días y provocó una grave crisis de desabastecimiento que obligó a varias fábricas a cerrar sus puertas, lo que, según los economistas, se reflejará en el PIB de este año.

"Obviamente tendrá efecto. Es lógico que para parte de la industria y el comercio tendrá efecto significativo", dijo Palis.

La lenta recuperación de la economía y la incertidumbre electoral ya obligaron al Gobierno y a los analistas a reducir sus previsiones de crecimiento para este año y deben volver a hacerlo por el paro camionero.

Mientras que el Gobierno redujo su proyección de crecimiento en 2018 desde el 3,0 % hasta el 2,5 %, los economistas lo bajaron desde el 2,75 % hasta el 2,37 %.

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