Devaluación del dinar se cobra la primera pieza mientras se agrava la crisis

La crisis desatada por la devaluación del dinar tunecino se cobró anoche la primera víctima, la ministra de Finanzas Lamia Zirbi, a la que se responsabiliza de que la depreciación de la moneda nacional haya sido más abrupta y dramática de lo planeado.

Zribi fue cesada anoche por el primer ministro, Yusef Chahed, junto a su colega de Educación, Neji Jalloul, sin conocerse oficialmente razón alguna, al tiempo que la crisis social y laboral se agravaba en todo el país.

Fuentes cercanas al gabinete han asegurado a Efe que su salida del Ejecutivo podría no ser la única y que en las próximas horas podría anunciarse una reconfiguración más ambiciosa del criticado gabinete.

Zribi mantenía un perfil notable, aunque no exento de críticas, hasta que la semana pasada anunció que el Banco Central obviaría por un tiempo sus sistemas de control y dejaría caer el dinar de forma sostenida.

La ministra insistió en que la operación se haría "de forma controlada" y que en ningún caso se permitiría que ocurriera lo que ha sucedido en Egipto, donde la moneda local ha perdido más de 32 por ciento de su valor desde el inicio de las ahora fallidas "primaveras árabes".

Sin embargo, días después dejó entrever que el dinar, cuyo cambio antes de la devaluación era de 1 euro=2,43 dinares, podría llegar a la paridad 1=3 lo que desató un enorme movimiento de especulación con la compra masiva de divisas.

Aunque Zribi trató después de culpar de esa acción a los propios ventajistas, a los que acusó de complot contra la economía nacional, lo cierto es que tanto analistas locales como la prensa especializada pusieron enseguida el foco sobre su palabras y la presión sobre ella, hasta costarle anoche el cargo.

El primer ministro, que ha pasado una crítica semana con huelgas y graves protestas en diferentes puntos del país, decidió sustituirla por el hasta la fecha ministro de Inversiones, Fadhel Abd Kefi.

Éste será ahora el principal responsable de gestionar el polémico crédito de unos 2.700 millones de euros concedido el pasado año por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial en duras condiciones.

Además de reformas financieras estructurales, ambos organismos han exigido al Ejecutivo de Chahed recortes en la política estatal de subsidios, despidos en la sobredimensionada administración pública y una mayor presión fiscal para la bajar el gasto público y aumentar la recaudación.

Medidas que han aumentado la conflictividad laboral y social en el país, escenario de 46 huelgas y protestas en todas las regiones desde que comenzara el presente año.

La más grave de las dos últimas semanas tiene lugar en la región meridional de Tataouine, donde los manifestantes han paralizado la actividad laboral, especialmente en las zonas de extracción petrolera.

Los huelguistas incluso expulsaron el jueves al grito de "fuera, fuera" al propio primer ministro, que se desplazó hasta la ciudad para ofrecer una paquete de medidas en favor del empleo que fue igualmente rechazado.

En este ambiente, el FMI contribuyó en diciembre ha aumentar la presión sobre el gobierno al retener el pago del segundo tramo del crédito, aduciendo que Túnez no había avanzado en el paquete de medidas exigido.

El pasado 20 de abril, y tras liberar el FMI el dinero pendiente, Zribi anunció la devaluación gradual del dinar, bendecida por el propio organismo internacional, con el objetivo declarado de alentar el turismo y las exportaciones.

Asimismo se emprendió un programa proteccionista para reducir la importación de ciertos productos e impulsar la industria local, medidas que según dijeron a Efe expertos independientes podrían favorecer aún más las ya rampantes especulación y corrupción, azuzar la inflación y aumentar así el sufrimiento de las familias.

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