Theresa May se encierra con su gobierno para zanjar la división por el Brexit

De nuevo encajonada entre las dos facciones de su gobierno, que hacen lo posible para llevarse el gato al agua[…]

De nuevo encajonada entre las dos facciones de su gobierno, que hacen lo posible para llevarse el gato al agua en el Brexit, Theresa May trata este viernes de buscar una posición unitaria que hasta ahora ha brillado por su ausencia.

La «premier» cuenta cada vez con menos tiempo para llevar a buen puerto unas negociaciones que se siguen antojando muy complicadas. Tras verse atrapada entre quienes le piden una salida de la UE lo más blanda posible, dejando las cosas parecidas a como están ahora, y los partidarios de romper con Europa, busca, a contarreloj, una tercera vía que satisfaga a ambos bandos.

Por eso ayer se encerró desde las 9.00 de la mañana con su Ejecutivo al completo en su residencia campestre de Chequers, una mansión del siglo XVI en la campiña inglesa, en una jornada maratoniana que se prolongó durante todo el día y en la que, según la primera ministra, los participantes tenían el «deber» de alcanzar un acuerdo. Tratando de que todos remen en una sola dirección y de evitar distracciones, los 22 ministros británicos que conforman el gabinete tuvieron que entregar a la entrada sus teléfonos.

Esta vez la oferta que May les puso sobre la mesa y que presentará a la UE se puede considerar una solución intermedia, con la que Reino Unido accedería al mercado único en lo que a bienes se refiere, en una especie de acuerdo aduanero post-Brexit que le permitiría la libertad de establecer sus propias tarifas sobre los productos que lleguen al país. Esto solucionaría el problema más inmediato: el temor a la vuelta de una frontera dura en Irlanda. Para ello se utilizarían los avances de la tecnología, que determinarían hacia donde se dirigen esos bienes y, por tanto, donde se deberían pagar aranceles, si en Reino Unido o la UE.

Plan para diciembre de 2020

Esta propuesta mantendría al país alineado con las regulaciones de Bruselas en algunos sectores, como el industrial o el agrícola. Los detalles de cómo funcionaría el plan en la práctica aún no se han publicado, pero desde Downing Street se confía en que todo estaría dispuesto para cuando acabe el periodo de transición, en diciembre de 2020. El único problema: que no existe aún esa tecnología a la que el Gobierno se aferra, o al menos aún no ha sido probada.

El guiño para el sector «brexiter» estaría en no incluir en el acuerdo la libertad de movimientos, recuperando así el control fronterizo que tanto reclaman. May tiene previsto presentar su nuevo planteamiento a Bruselas en el llamado «Libro blanco del Brexit», en un día aún sin especificar de la próxima semana.

Sin embargo, la propuesta no parece convencer a los partidarios de romper con Europa. Estos, liderados por el ministro de Exteriores, Boris Johnson, quieren un nuevo acuerdo comercial con la UE parecido al que esta tiene con Canadá y que evite así el «alineamiento regulatorio» con Bruselas que propone la primera ministra intentando suavizar el Brexit.

Johnson reúne a los suyos

El bando de Johnson llegó preparado a la cita en Chequers tras haber hecho piña el jueves con una reunión en el Ministerio de Exteriores. Hasta siete miembros del Ejecutivo, entre los que se encontraban el ministro para el Brexit, David Davis; el de Medio Ambiente, Michael Gove, y el de Comercio Interior, Liam Fox, formaron parte del encuentro.

Mientras, Bruselas volvía a apremiar la semana pasada a Londres para que «ponga las cartas sobre la mesa», dado que apenas quedan tres meses para que el acuerdo tenga que estar finalizado. Una presión que se une a la que el sector empresarial británico ha ejercido en las últimas semanas hacia Downing Street, con empresas tan importantes como Jaguar Land Rover, Airbus y BMW, poniendo en duda sus futuras inversiones y su permanencia en Reino Unido si el gobierno de May no clarifica cuanto antes cómo va a ser la futura relación con la UE.

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