Jordi Pujol decidió que la «herencia» la gestionara un testaferro

Las grabaciones de las declaraciones de Oriol, Marta y Mireia Pujol Ferrusola en la Audiencia Nacional han evidenciado que la tesis de la herencia del abuelo Florenci para justificar el botín oculto del clan se ha desmoronado. Ninguno de los tres pudo soportar las preguntas del juez José de la Mata ni de los fiscales Anticorrupción Belén Suárez y Fernando Bermejo los pasados 27 y 28 de marzo, según se deduce de los audios de los interrogatorios, a los que ha accedido ABC.

El clan Pujol Ferrusola no ha presentado ni un solo documento para acreditar que los más de 500 millones de pesetas que ocultaban en Andorra provienen de una herencia de su abuelo que ascendía originalmente a 140 millones. A preguntas de la fiscal Anticorrupción, Marta Pujol Ferrusola relató que cuando murió su abuelo Florenci, en 1980, de los siete hermanos sólo ella y el primogénito, Jordi, eran mayores de edad -21 y 22 años, respectivamente-; por lo que se reunieron con sus padres para tratar este asunto. «Mi padre nos lo comunica, que hay esto (el supuesto legado), y decidimos que las cosas continúen así (en manos del gestor)», sostuvo la arquitecta Marta Pujol. «¿Entonces su padre no se desentendió?», inquiró la fiscal para derribar la tesis de que el entonces presidente catalán nada tenía que ver con esos fondos opacos. «Mi padre nos expone que esto está así y decidimos seguir como estaba», responde Marta, investigada por blanqueo de capitales, como el resto de la familia.

La representante del Ministerio Público insistió en que esta tesis no se sostiene, porque para manejar una herencia primero hay que aceptarla: «Una cosa es gestionar un legado y otra aceptarlo, según el derecho de sucesión catalán», asertó Belén Suárez. La respuesta de Marta Pujol fue: «Yo no he formalizado ninguna aceptación». Esta tesis la comparte con sus hermanos Oriol y Mireia, que también declararon no haber aceptado ninguna herencia y ni siquiera haber visto el testamento ni ningún otro documento.

Oriol, en la misma línea, reconoció que nunca acudió «a una notaría a aceptar el legado», un trámite al que obliga la ley para recibir una herencia. «Le digo que no hay ese tipo de documento notarial, al menos en mi caso», repitió el antiguo secretario de Convergència Democrática de Cataluña.

Según lo manifestado por los Pujol Ferrusola, la herencia estuvo diez años en una suerte de limbo jurídico, gestionada por un empleado de la banca andorrana, hasta que en 1990 «asume la gestión Jordi con la misma confianza que tenía el gestor y asume el legado de alguna manera», sostuvo Marta Pujol. La tesis de los investigadores es que no existe herencia alguna y que las cuentas de Andorra se nutrieron con el ingreso en efectivo y transferencias de comisiones ilegales.

El juez José de la Mata, titular del Juzgado Central de Instrucción número cinco, acorraló a Marta Pujol Ferrusola en un «frontón»:

-¿Dónde estaba el legado de su abuelo? -preguntó el magistrado-.

-No lo sé-respondió Marta Pujol-.

-¿En qué entidad bancaria?

-No lo sé.

-¿Cuándo llegó a Andorra?

-No lo sé.

-¿Cuándo tuvo la primera noticia de que el legado había llegado a Andorra?

-No lo sé.

Por su parte, Mireia Pujol, fisioterapeuta y exbailarina, la última de la familia en declarar en la Audiencia Nacional, respondió al fiscal Fernando Bermejo que «nunca» ha visto la documentación del legado «y ojalá la hubiera visto y la hubiera tenido».

En su declaración ante el juez, Oriol también alegó que el único destino del supuesto legado del abuelo Florenci fueron láminas financieras, el producto utilizado por la familia para multiplicar los fondos. El magistrado y los fiscales preguntaron a Oriol por la doble vía de ingresos en las cuentas de la familia: transferencias y entregas en metálico, que él explicó como los dos métodos por los que Jordi les repartía a cada hermano sus porciones del legado y de las inversiones. El juez apuntó que, en las entregas en efectivo, no se puede rastrear el origen.

Según el único hijo de Jordi Pujol que se dedicó a la política, nunca hubo encuentros familiares para abordar los movimientos de dinero, aunque él se reunía de vez en cuando con Jordi.

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