El escudo antimisiles tensa la alianza entre EE.UU. y Corea del Sur

Mientras Kim Jong-un sigue disparando nuevos misiles, como el que estalló al poco de ser lanzado durante la madrugada del sábado, el escudo que Estados Unidos está desplegando para protegerse de sus amenazas tensa su alianza con Corea del Sur. Dichas baterías antimisiles, conocidas como THAAD por sus siglas en inglés, ya se están instalando en el condado de Seongju, en la provincia de Gyeongsang del Norte, en medio de fuertes protestas.

Pero lo que ha enervado a la sociedad y la clase política de este país no son las violentas manifestaciones contra el escudo ni las críticas de China, que teme que sus potentes radares espíen su territorio, sino la última ocurrencia de Trump. En la entrevista concedida a la agencia Reuters por sus cien días de gobierno, el presidente de EE.UU. sorprendió a todo el mundo al asegurar que Corea del Sur debería abonar el escudo antimisiles, que cuesta mil millones de dólares (917 millones de euros). «¿Por qué deberíamos pagarlo? Es un sistema defensivo fenomenal, el mejor del mundo hasta ahora, y tiene como misión proteger a Corea del Sur. Con todo el respecto, creo que sería apropiado que ellos lo pagaran», reiteró después el magnate populista al «Washington Times».

Aunque la Casa Blanca todavía no ha aclarado sus palabras, la propuesta de Trump ha causado un profundo malestar en Corea del Sur, donde ha dado todavía más alas a quienes se oponen a este escudo antimisiles. Entre ellos destaca el favorito a las elecciones presidenciales del 9 de mayo, Moon Jae-in, quien ya ha anunciado que revisará su despliegue si gana. Con una amplia ventaja en las encuestas, el candidato del Partido Democrático aboga por el diálogo con Corea del Norte y ha criticado que la instalación del escudo fue una decisión unilateral de la expresidenta Park Geun-hye, destituida y bajo arresto por el escándalo de corrupción de la «Rasputina».

Tras casi una década de hegemonía conservadora, todo apunta a que este caso de tráfico de influencias devolverá el poder a la izquierda y propiciará un cambio de la política surcoreana hacia el régimen del joven dictador Kim Jong-un. Para empezar, Kim Ki-jung, principal consejero en política exterior de Moon Jae-in, ya ha dicho que «comprar el escudo antimisiles sería una opción imposible» porque, «incluso si lo adquirimos, su funcionamiento estaría en manos de EE.UU.».

Por su parte, el periódico de centro-derecha «JoongAng Ilbo», uno de los tres mayores del país, también ha rechazado la propuesta de Trump. «El Tío Sam no puede pedirle a Seúl que asuma el coste del escudo. Como este sistema defensivo de misiles es un activo de las fuerzas de EE.UU., Washington es responsable de su coste», razona en un editorial este periódico. Basa su opinión en que «el THAAD está fundamentalmente destinado a proteger a las tropas estadounidenses destinadas en Corea del Sur de los ataques con misiles del Norte».

Precisamente, el trato para mantener dichas tropas en su territorio es uno de los motivos que argumenta Seúl para no sufragar el escudo antimisiles. Según informa la agencia estatal de noticias Yonhap, el Ministerio de Defensa surcoreano ha asegurado en un comunicado que «sigue sin cambiar la posición oficial, por la que nuestro Gobierno aporta los terrenos y otras infraestructuras mientras que EE.UU. cubre el coste del despliegue y mantenimiento del sistema THAAD conforme a las normas del Acuerdo sobre el Estatus de las Fuerzas Armadas (SOFA, en sus siglas en inglés)».

Debido a su especial tratado bilateral con Washington, que deberá renovarse en 2018, Seúl paga cada año casi un billón de won (740 millones de euros) por mantener a los 28.500 soldados estadounidenses acantonados en su territorio, lo que supone un 70 por ciento de su coste total. A pesar de tan elevada cantidad, Trump ya pregonó durante su campaña electoral que los aliados de EE.UU., como Corea del Sur y Japón en Asia, debían contribuir con más dinero a su defensa militar.

Decir «no» a los americanos

Tras varios meses en los que no ha vuelto a mencionar dicha idea, su propuesta de que Seúl pague el escudo antimisiles parece ir en ese sentido. Sin embargo, otros expertos creen que pretende así presionar al Gobierno surcoreano para mejorar el tratado de libre comercio que ha heredado de Obama. «Es inaceptable, un trato horrible firmado por Hillary Clinton que vamos a renegociar o terminar», anunció en su entrevista con Reuters.

Pero antes tendrá que esperar a las elecciones surcoreanas y a la previsible victoria del Partido Democrático, que aboga por depender menos de la Casa Blanca. A modo de declaración de intenciones, su candidato, Moon Jae-in, publicó en enero un libro donde aseguraba que Corea del Sur debía aprender «a decir no a los americanos». Habrá que ver si mantiene su discurso cuando llegue el poder.

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