La inversión en capital humano: una nueva megatendencia

Por cada euro invertido en educación, el retorno es de 2,2 euros

Como inversores a largo plazo, un objetivo fundamental para nosotros es identificar las tendencias que conforman el mundo del mañana explica Aymeric Gastaldi, gestor de fondos de renta variable internacional en Edmond de Rothschild Asset Management.

Las tendencias estructurales, como el envejecimiento de la población y la aceleración del progreso tecnológico, hacen que la inversión en capital humano sea esencial, por lo que ha adquirido la categoría de megatendencia.

Desde el punto de vista social, es una respuesta a los grandes retos a los que se enfrentan nuestras sociedades: la lucha contra las desigualdades, el dominio de la frontera tecnológica y la adaptación del lugar de trabajo. Estos retos a largo plazo se pueden afrontar desarrollando y protegiendo el capital humano de forma duradera. 

La educación, donde todo comienza  

La educación es clave a la hora de abordar los temas del capital humano y el crecimiento sostenible. Como dijo Sócrates a Adeimantus, "la dirección en la que la educación inicie a un hombre determinará su vida futura", lo que ilustra su papel estratégico desde la Antigüedad. 

La educación funciona como una poderosa palanca macroeconómica y microeconómica. Los países emergentes consideran que la educación es una prioridad absoluta que les permitirá alcanzar el nivel de vida de los países desarrollados.

Para estos últimos, la educación se ha convertido en una palanca clave para combatir la pobreza y la desigualdad. Según la OCDE, "la calidad de la educación puede ser un fuerte predictor de la prosperidad económica de un país". Por eso, con un número constante de alumnos, el gasto en educación ha registrado un aumento duradero del 4% anual. 

Ciertos nichos de la educación están creciendo aún más rápidamente. En particular, la "EdTech" (nuevas tecnologías en las herramientas de enseñanza), que se espera que crezca más de un 12 por ciento anual en los próximos años.

En este sector están surgiendo empresas innovadoras que ofrecen nuevas herramientas tanto a los profesores como a los alumnos, contribuyendo a la mejora de la calidad y la distribución de los contenidos educativos. Es el caso de empresas como TAL Education, Chegg o Sanoma. 

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Los estudios realizados por la OCDE ayudan a medir el valor creado por la educación. Por ejemplo, el coste de un diploma en el sector terciario es de 53.000 dólares de media y genera un rendimiento neto de 320.000 dólares, es decir, una tasa interna de retorno (TIR) del 14 por ciento. Otro cálculo indica que, para el Estado, el valor neto actual de un diploma es de 135.000 dólares.

Estas cifras son notables ya que ilustran la lógica económica de la inversión en educación a nivel macroeconómico. En el plano microeconómico, demuestran la pertinencia de las ofertas de formación y ponen de manifiesto la solidez del modelo de negocio de las empresas del sector, así como su poder de fijación de precios, es decir, la capacidad de una empresa para imponer sus precios a un consumidor. 

La naturaleza de los empleos está evolucionando

La transmisión de conocimientos técnicos está naturalmente relacionada con las nociones de educación y formación. Sin embargo, este enfoque es una tendencia nueva en sí misma.

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Hay dos fuerzas estructurales que actúan conjuntamente: el envejecimiento de la población y la aceleración de la difusión del progreso tecnológico. Estas dos tendencias de base aceleran la obsolescencia del capital humano. La inversión en educación y formación es la respuesta a este desafío. 

Esta es la lógica que subyace al reciente anuncio del gobierno chino de que tendrá que "recualificar" al 30 por ciento de la mano de obra del país de aquí a 2030 para alcanzar sus objetivos de crecimiento macroeconómico.

Sobre la misma base, un estudio realizado por Dell Technologies y el Institute for The Future concluyó que el 85 por ciento de los empleos que existirán en 2030 aún no existen en la actualidad. Esta cifra puede ser objeto de debate, pero refleja una verdad innegable: a la luz de las transformaciones tecnológicas actuales, la naturaleza de los empleos está evolucionando y generando una demanda creciente de servicios de formación y educación. 

La protección de los trabajadores favoreciendo la productividad

La protección de los empleados (y su bienestar) también forma parte de una trayectoria a largo plazo. Se trata de la protección del capital humano. La lógica es tanto moral como financiera. 

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La conciencia del aspecto moral es reciente. Sin embargo, está llamada a cobrar importancia, sobre todo en las regiones emergentes. No obstante, podemos considerar que el catalizador inicial fue económico.

Dos investigadores de la Universidad de California han calculado que el coste de los accidentes laborales asciende a 200.000 millones de dólares cada año... y esto sólo en Estados Unidos. Según la OSHA (Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo), esta cifra supera los 400.000 millones de euros para Europa.

La Agencia calcula que, por cada euro invertido en medidas de protección de los trabajadores, el retorno de la inversión es de 2,2 euros

Al invertir en la protección y el bienestar de sus empleados, la empresa seguirá, pues, un argumento financiero pertinente y probado.

Además, también generará externalidades muy fuertes. La primera es la fidelidad de sus empleados, que se traduce en una mayor productividad y una menor rotación. Estas razones explican las conclusiones de KBV Research, que prevé un crecimiento de los presupuestos destinados a la protección de los empleados superior al 10 por ciento anual en los próximos años.

Se trata de una tasa tres veces superior a la prevista para el crecimiento macroeconómico. Varias empresas que cotizan en bolsa, como Rentokil, Epiroc o Ecolab, destacan especialmente en este aspecto. 

La inversión en capital humano constituye, pues, una respuesta económica y social a los grandes retos de los próximos años. Las necesidades en materia de educación, formación y protección están relacionadas con las tendencias a largo plazo impulsadas por las fuerzas estructurales. Para las empresas, al igual que para los gobiernos, la mejora del capital humano tiene una base tanto moral como económica.

Más información en la guía de gestoras

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