Puede que la estrategia 'smart beta' no sea tan inteligente

Una variante de la inversión en índices, basada en seleccionar los despojos del mercado, causa furor en Wall Strett; pero los más escépticos temen que no dé más de sí

Hace algunos años, Vincent Deluard era fan de los fondos cotizados smart-beta. Beta es inversión en índices en el argot de Wall Street; smart beta es argot de marketing para las estrategias que se supone que replican mejor los índices. La idea es que si nos fijamos en la historia del mercado, podemos identificar factores (como dividendos elevados o baja volatilidad) que predicen qué acciones es probable que tengan mejores resultados. Los ETFs smart-beta replican nuevos índices basados en estos factores. Se han convertido en un gran negocio. Los activos cubiertos por el paraguas smart-beta en EE.UU. se han triplicado desde 2012, hasta alcanzar los cerca de 700.000 millones de dólares en 2017, según los datos recopilados por Bloomberg. Desde 2017, se han emitido 67 nuevos ETFs smart-beta, según BlackRock Inc. Ahora Deluard, estratega de macroeconomía en INTL FCStone Financial Inc. sostiene que la popularidad de los smart beta está suponiendo un lastre para el éxito de la estrategia. «Si todo el mundo lo hace, va a dejar de funcionar», afirma. 

Se propuso demostrarlo creando su propia cartera «tonta». En noviembre de 2016 creó un índice de acciones descartadas por algunas de las estrategias smart-beta más populares. Se fijó en las carteras de cinco ETFs, uno por cada uno de los siguientes factores: baja volatilidad, elevados dividendos, dividendos crecientes de forma consistente, alta calidad de las ganancias y momentum. Cerca de 200 acciones del S&P 500 quedaron descartadas de estas carteras, una recopilación de acciones comparativamente arriesgadas con modestos dividendos y pobres resultados respecto de su precio, con muestras de rentabilidad irregular. Deluard las clasificó por valor de mercado para crear su cartera hipotética.

Desde que comenzó el experimento hasta el mes de abril, el periodo más reciente del que existen datos, la cartera tonta ha batido a una cartera con la misma ponderación de los cinco ETFs smart-beta en dos puntos porcentuales. La recopilación de Deluard de «despojos» del mercado se ha beneficiado de la positiva exposición al sector financiero, que suponía cerca del 30 por ciento de las posiciones, así como de su posición en acciones con precios bajos en relación con los beneficios. 

Si vas a intentar hacer lo mismo, debes tener en cuenta algunas advertencias. Un año y medio no es un registro amplio en el que basarse. Y la cartera tonta, con sus acciones baratas, podría estar aprovechando otro factor clásico: el efecto del valor. Al mismo tiempo, una cartera con posiciones iguales en otros cinco factores en realidad no replica la estrategia smart-beta, según sus defensores. Según estos, los diferentes factores funcionan en diferentes entornos, de modo que un inversor probablemente no querría tener una posición idéntica a todos ellos al mismo tiempo. «Estas estrategias se ponen de moda y se pasan de moda», afirma Melissa Brown, directora ejecutiva de investigación aplicada en Axioma Inc. 

Si nos fijamos en cada estrategia de forma individual, la cartera tonta de Deluard no fue la que mejores resultados obtuvo. La gran ganadora fue la inversión por momentum, favorecer acciones que ya están subiendo, como demuestra el ETF iShares Edge MSCI USA Momentum Factor. Evidentemente, si un factor solo funciona parte del tiempo, los inversores tienen que decidir en qué momento entrar y salir. Y esto contraviene el concepto tradicional de inversión de índices, que se basa en la idea de que intentar ser más listo que el mercado es inútil, y cuanto más se conjetura, más probable será equivocarse.

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