Pomerantsev: "Rusia es hoy una dictadura posmoderna con fachada occidental"
El escritor y productor televisivo Peter Pomerantsev, autor de "La nueva Rusia. Nada es verdad y todo es posible en[…]
El escritor y productor televisivo Peter Pomerantsev, autor de "La nueva Rusia. Nada es verdad y todo es posible en la era de Putin" (RBA), define la Rusia de hoy como una "dictadura posmoderna con fachada occidental", en la que la televisión desempeña una función "propagandística" primordial.
Pomerantsev destaca en una entrevista con Efe que lo primero que hizo Vladímir Putin cuando se hizo con las riendas del Kremlin en el año 2000 fue "hacerse con el control de la televisión" para someterla a sus intereses políticos.
Putin "sabía que no tenía que cometer el mismo error que la vieja URSS: no podía dejar que la televisión fuese aburrida", por lo que empezó a combinar el "control centralizado" de los tiempos soviéticos con "el espectáculo y el entretenimiento occidental".
Hijo de disidentes soviéticos, nacido en Kiev en 1977 pero criado en Londres desde los dos años, Pomerantsev trabajó entre 2006 y 2010 como productor de la TNT, la cadena de televisión que introdujo en Rusia los 'reality shows': "A través de esos programas tienes la sensación de estar ante una sociedad occidental, pero es sólo una apariencia, un espejismo, una imagen fingida".
Lo mismo ocurre cuando se habla de política: en Rusia hay elecciones, pero la oposición es "de chiste", en buena medida "diseñada" por "tecnólogos políticos" próximos a Putin, como Vladislav Surkov, a quien se responsabiliza de haber dirigido la política rusa de los últimos tiempos como un "gran reality show".
"Surkov se reunía una vez a la semana con los directores de los canales de televisión en su despacho del Kremlin y los instruía acerca de a quién debían atacar o defender, quién podía salir o no en televisión o cómo debían presentar al presidente", explica.
A Putin, que sigue gozando de unos elevados índices de popularidad, se le reverencia como "el presidente de la estabilidad" frente al "caos" de los años noventa, con Borís Yeltsin al timón.
Según Pomerantsev, "el rol de la televisión es dar a entender que no hay una alternativa mejor a Putin, nadie piensa realmente que el sistema de Putin sea genial, los rusos no son tan estúpidos, pero acaban pensando que no hay alternativa".
"En tiempos soviéticos, allí afuera había un mundo con mejores espectáculos televisivos, más dinero y un sistema político diferente. Ahora puedes tener tu Mercedes, ver 'reality shows', vestir tejanos, ir a votar y, además, te dan a entender que allí afuera hay políticos tan o más corruptos que los rusos, está lleno de gais y no paran de urdir conspiraciones contra Rusia".
Pomerantsev matiza que no se trata de un sistema "totalitario", sino de una "dictadura posmoderna, que utiliza como escaparate el lenguaje y las instituciones de las democracias occidentales", cuando lo que en realidad impera sigue siendo "una especie de cultura carcelaria" que ya existía durante el zarismo y la época soviética y que instaura la "ley del más fuerte".
La fascinación que despiertan en la sociedad rusa los mafiosos acostumbrados a balancearse entre el lujo y la muerte, así como la homofobia alentada a menudo desde instancias oficiales, apunta el autor, responden básicamente a los códigos viriles y el sistema de valores que rigen en los centros penitenciarios del país.
Pese a todo, dice Pomerantsev, "hay una generación de jóvenes activistas, políticos y periodistas" dispuestos a plantar cara a la versión oficial y a denunciar las prácticas corruptas en las altas esferas, aunque no lo tienen fácil para que prenda la mecha entre la población, ya que enfrente están los "propagandistas" del Kremlin, el "miedo" que siguen infundiendo los servicios secretos y la relativa estabilidad económica alcanzada con Putin.
"Para convertirte en un activista tienes que ser muy valiente y muy romántico, tienes que creer que lo conseguirás, tienes que ser adicto al optimismo", añade.
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