Telefónica se pone en primera línea para jubilar a la SIM

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En las telecomunicaciones el futuro suele llegar muy rápido, tanto que lo que hace un año no pasaba por ser más un proyecto de algunas compañías y un deseo de los consumidores hoy ya es una realidad. Hablamos de un teléfono móvil sin la dictadura física de una tarjeta SIM, que nos obligue a sacarla cada vez que cambiemos de aparato o, por el contrario, contratar varias líneas para un servicio similar.

A finales de febrero de 2015, en la edición anterior del Congreso Mundial de la Telefonía (MWC), responsables de la red social Tuenti ya advertían que «la SIM no tiene tanto sentido cuando todo puede estar conectado en la nube». Las grandes operadoras también eran conscientes de ello, pero no tenían prisa hasta que se fijaran unas reglas de juego comunes. Ahora ya las tienen.

El dispositivo que en pocos años podría jubilar a las SIM tradicionales -es decir, las tarjetas con los datos de cada cliente que le identifican en la red de cada compañía- es básicamente un chip más pequeño (solo ocupará una cuarta parte que su antecesor) que contiene mucha más información. Así, incorporarán los perfiles de varios operadores (en un principio se había pensado en una docena, aunque la cifra podría ampliarse), pero solo uno podrá estar activado cada vez.

Este chip se conectara con una cuenta electrónica con la información de cada usuario, que será la misma para todos los dispositivos contratados por un mismo cliente. Esto será clave para el desarrollo creciente del llamado internet de las cosas.

El primer efecto será que los cambios de operador telefónico se agilizarán sobremanera, incluso en unos minutos si las compañías que intervengan dan su visto bueno. Porque, no lo olvidemos, en este proyecto se han embarcado las grandes operadoras europeas (Telefónica, Vodafone, Orange, Deutsche Telekom, Telia Sonera...) junto a otras gigantes mundiales (las estadounidenses AT&T y Verizon, la australiana Telstra, las japonesas NTT y KDDI, o la china Hutchison, entre otras).

Todas se han unido bajo el paraguas de la GSMA, la patronal mundial que agrupa a las principales compañías de telefonía y también fabricantes de móviles. Ese respaldo ha permitido que se sumen también la estadounidense Apple -que en 2014 anunció que algunos de sus modelos tendrían como SIM_un chip propio y no la tarjeta tradicional-, la coreana Samsung y la china Huawei.

Dos fases de desarrollo

Con ese 'musculo' empresarial detrás, la GSMA va a aprovechar la última edición del MWC, inaugurado este lunes en Barcelona, para publicitar los dos estándares que ha fijado para la puesta en marcha de la nueva tarjeta remota, conocida como eSIM. El primero permitirá su estreno inicial en todos los dispositivos salvo los 'smartphones' (teléfonos inteligentes), desde relojes a tabletas y pulseras electrónicas o artilugios incluidos en los automóviles.

Alemania es el territorio elegido por las operadoras para esta primera batalla. Telefónica y Samsung venderán en abril el primer reloj inteligente con eSIM, llamado Gear S2. Vodafone espera darle la réplica allí en pocas semanas. Pero el salto a los móviles no será una realidad hasta finales de 2017 o principios de 2018.

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