Samsung paga su vínculo con la 'rasputina'

Los investigadores del tráfico de influencias de la presidenta surcoreana piden el arresto del vicepresidente de la compañía

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2016 ha sido un mal año para Samsung. Los problemas de diseño que provocaron la explosión de varios de sus teléfonos móviles Galaxy Note 7 han tenido grandes repercusiones en las cuentas de su división electrónica, y han hecho que el conglomerado industrial surcoreano haya perdido una importante cuota de mercado en todo el mundo. En España, por ejemplo, el explosivo fiasco de su modelo estrella ha propiciado que la china Huawei se haya encaramado por primera vez al trono del que más 'smartphones' vende.

Y 2017 no parece haber empezado mejor. De hecho, la aparición de Samsung en el listado de empresas que presuntamente ofrecieron donaciones opacas a Choi Soon-sil, la mujer que ha provocado el mayor escándalo político del país asiático en mucho tiempo por la influencia que ejercía sobre la presidenta Park Geun-hye, dio ayer un giro peligroso para la compañía: la fiscalía surcoreana ha pedido a un tribunal el arresto del vicepresidente y heredero de la multinacional, Lee Jae-yong. Si se concede, algo que se decidirá mañana, Lee sería acusado de soborno, apropiación indebida, y perjurio.

De momento, ayer la primera reacción se registró en el parqué, donde las acciones de Samsung volvieron a bajar. La división más afectada fue la de ingeniería, que se dejó un 3,43% de su valor bursátil, seguida de la que dirige Lee, que retrocedió un 2,14%. Son caídas que se suman a las muchas que han seguido a la retirada del Galaxy Note 7, y echan a perder la breve remontada que habían provocado los rumores sobre las bondades del próximo Galaxy 8. Además, si el proceso judicial continúa su curso con la detención de Lee, las pérdidas podrían aumentar considerablemente debido al vacío de poder en el seno del principal conglomerado de la Corea capitalista, responsable de casi el 20% del PIB del país.

Porque los investigadores están tratando de confirmar que Samsung hizo donaciones multimillonarias a las organizaciones de Choi, conocida como 'la Rasputina coreana' para lograr el visto bueno a la fusión de dos de sus empresas. En concreto, a cambio de ese dinero, Choi utilizaría la influencia que ejercía sobre la presidenta para lograr una operación que aumentaría el peso específico de Lee en la empresa y le facilitaría así una transición de poder tranquila cuando deje la presidencia su padre, Lee Kun-hee, que lleva hospitalizado casi tres años.

El hijo negó que eso sea cierto durante el largo interrogatorio al que fue sometido la semana pasada, pero la Fiscalía considera que hay pruebas suficientes para afirmar que la donación de 16 millones de euros y el contrato de consultoría que la multinacional cerró con otra empresa de Choi radicada en Alemania -por otros 17 millones de euros- tenían ese fin ilegal.

Así que, ahora, tanto el futuro de Lee como el de la mandataria Park dependen de los tribunales. En el caso de ella, será el Constitucional el que se pronuncie sobre la destitución que debería seguir a la moción de censura que perdió en el Parlamento hace un mes. En cualquier caso, pocos en Corea del Sur creen que pueda continuar con su carrera política. Y en el caso de él, una hipotética condena supondría un nuevo batacazo para Samsung, pero no tendría por qué ser el fin del heredero del imperio empresarial.

No en vano, el padre de Lee ya fue condenado en 1996 por haber sobornado al presidente de entonces, Roh Tae-woo. En aquel caso, no obstante, el actual presidente de Samsung recibió un indulto presidencial que le ahorró el mal trago de pasar por la cárcel. Fue la confirmación de que son los 'chaebol', las gigantescas multinacionales familiares, las que realmente tienen el poder en lo que jocosamente se conoce como la 'República de Samsung'. Ahora se certificará si en el siglo XXI siguen estando por encima de la ley.

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