¿Qué le pasa a Theresa May?
Theresa May descendió tras la Semana Santa de los montes galeses de Snowdonia y desde entonces no logra detener su[…]
Theresa May descendió tras la Semana Santa de los montes galeses de Snowdonia y desde entonces no logra detener su declive. Contra los principios que postulaba hasta ese día para no convocar elecciones anticipadas -la necesidad de estabilidad en los albores de la negociación del 'Brexit' era el más evidente y aplaudido- anunció la inmediata cita con las urnas.
Había descubierto -dijo- que, cuando el país encara «la más importante negociación desde que nací», otros partidos y los mismísimos lores conspiran para «poner en peligro la seguridad de millones de gente trabajadora» y «entorpecer el trabajo que debemos hacer para preparar el 'brexit'». Con 'reluctancia' convocó los comicios «para demostrar que no se puede tratar la política como un juego».
Era el 19 de abril. La compañía demoscópica YouGov terminó ese día el trabajo de campo de un sondeo que dio como resultado que el 48% de los electores tenía la intención de votar a los conservadores y el 24% a los laboristas. La caída no ha cesado desde aquella mañana. La misma firma detectó el 30 y el 31 de mayo que la ventaja sería ahora de 42% contra 39%.
¿Qué ha ocurrido? Las tablas de datos brutos dicen que el 19 de abril el 91% de los votantes conservadores en 2015 tenía intención de mantener la tendencia y votar a May. Solo el 68% de los que apostaron por los laboristas hace dos años iban a repetir; y entre quienes marcaron entonces con lápiz una cruz en la casilla de los liberal-demócratas, al fin de cinco años de coalición de su partido con los 'tories' de David Cameron, el 20% votaría a May y el 7% a Jeremy Corbyn.
'Fuerte y estable'. El lema diseñado por el australiano Lynton Crosby -nombrado 'sir' por el agradecido David Cameron- identificaba dos temas centrales para martillearlos en la campaña conservadora. May ofrecía un liderazgo con solidez ante los peligros del 'Brexit' y era percibida por los británicos como mil veces mejor que el laborista Corbyn.
En el idéntico cuadro del fin de mayo, el 85% de los votantes conservadores en 2015 repetirá el jueves; el 9% dice que votará laborista. El 83% de los votantes del partido de la izquierda británica hace dos años repetirá, un aumento notable con respecto a abril. Y el 31% de los liberal-demócratas dice que votará al candidato laborista en su circunscripción y el 11% al conservador.
Los Liberal-Demócratas son el resultado de la fusión en 1988 del Partido Liberal, que combinó en el XIX y el XX una corriente radical de raíz religiosa en las 'iglesias bajas' protestantes con el reformismo conservador de la tradición 'whig', y del Partido Socialdemócrata (SDP), escisión del laborismo cuando dio un marcado giro a la izquierda tras la victoria de Margaret Thatcher, en 1979.
Sinsentido
Las cifras, a cinco días de las elecciones, dicen quizás que el afán de May de capturar votos del Ukip y de laboristas que votaron por la marcha de la UE con el tono de exacerbación nacionalista que acompaña al 'brexit' ha chocado con el sentimiento político y tribal de izquierda en la política doméstica y ha alienado a un sector sustancial del centro-izquierda, dispuesto a votar a Corbyn para evitar una mayoría conservadora aplastante.
May ha resuelto con su adopción de un 'brexit' fuera del mercado común y la unión aduanera el enredo conservador de las dos últimas décadas, la emergencia de un partido eurófobo, el Ukip, que restaba en numerosas circunscripciones votos que eran del partido y que podía provocar así la victoria de otros. Fue una causa significativa del referéndum europeo y de la deriva británica. Los votantes del Ukip lograron el 'Brexit' y lo persiguen ahora votando a May.
Pero la líder británica quería la victoria aplastante que le sugerían los sondeos de abril para negociar con la UE sin estar atada por amenazas de rebelión en su grupo parlamentario ni someter su acuerdo final al escrutino exigente de un Parlamento en el que tenía una mayoría de 17 escaños. Ninguna encuesta pronostica la victoria laborista, pero es improbable que May logre una mayoría tan holgada.
Aunque la obtuviera, es ya una líder herida ante el país y ante su partido. Su prestigio ha sido dañado por errores de estrategia electoral, rectificaciones, exceso de personalismo y desorden en la trastienda. No aparece ya como fuerte y estable sino como frágil y superficial. Su conservadurismo con acento social, pobre en ideas, no parece haber penetrado con hondura en la experiencia cotidiana de británicos castigados por la austeridad, la carestía de la vida, el estancamiento de salarios.
Debilitada en la política doméstica durante unas elecciones convocadas para tener todo el poder en el 'brexit', ha repetido en la campaña que "no llegar a un acuerdo con la UE sería mejor que llegar a un mal acuerdo". Y ese parece ser su triunfo. El 55% de los británicos está de acuerdo con esa proposición, que el principal comentarista económico del Financial Times, Martin Wolf, ha calificado esta semana como "vacía o sin sentido".