Ocho calas para perderse en Mallorca
El agua de lluvia la disuelve, abre grietas y se escurre por ellas. Labra cuevas y galerías, talla profundos cañones,[…]
El agua de lluvia la disuelve, abre grietas y se escurre por ellas. Labra cuevas y galerías, talla profundos cañones, arrastra finas partículas por ramblas y escorrentías, perfila el paisaje. Si el agua es la herramienta y la roca caliza el material, el escultor no es otro que el tiempo. En este caso, unos 25 millones de años, los que han pasado desde que el fondo de un mar que todavía no era el Mediterráneo se alzara y surgiesen esos dos pliegues calizos hoy llamados sierra de Tramuntana y sierra de Llevant, que corren paralelos en los extremos de la isla. El resultado de la paciente labor de cincel del agua se nos ofrece ahora en forma de farallones, barrancos y un litoral de acantilados vertiginosos en el noroeste y mucho más modestos en el sureste. Y perlado de cuevas, oquedades, arcos y ensenadas, algunas de guijarros, otras de piedra y, en aquellas donde desemboca alguna rambla, cubiertas por un pequeño pero suntuoso manto de arena blanca. Para los amantes de las calas, no hay lugar mejor que Mallorca.
Es imposible citarlas todas. Incluso una selección de las mejores se antoja tarea complicada. Por eso, hemos elegido unas pocas distribuidas a lo largo de un itinerario circular con principio en Palma. Una vuelta a la isla en el sentido de las agujas del reloj pero sin mirar nunca la hora, con las gafas de buceo siempre en el maletero y dispuestos a caminar un rato si hace falta y a creer a nuestros ojos, porque algunos rincones no parecen de verdad.
El recorrido empieza a lo grande, directo hacia el norte, atravesando la abrupta sierra de Tramuntana hasta llegar a nuestro primer destino: Sa Calobra y Torrent de Pareis, premio doble al final de 14 kilómetros de curvas imposibles y vistas espectaculares. La primera es una cala al pie de los acantilados, desde la que se accede a la segunda, que resulta ser la puerta de un enorme circo de roca solo roto por un torrente que corre en busca del mar.