Los caros pelos de Hollande
El Gobierno francés justifica que el peluquero personaldel presidente cobre casi 10.000 euros brutos al mes
El contribuyente francés ya se ha enterado de lo que vale un peine. 'Le Canard Enchaîné' publicó ayer el contrato del peluquero particular de François Hollande. El barbero del Elíseo cobra 9.895 euros brutos al mes, sin contar indemnizaciones por residencia y otras ventajas familiares. En cinco años de mandato presidencial, la remuneración acumulada asciende a 593.700 euros. Es casi lo que cuesta la reparación del donostiarra Peine de los Vientos. Para poner los pelos de punta.
La abogada de Olivier B., el peluquero más caro de la República Francesa, ha explicado al semanario satírico que tiene que estar a disposición del presidente las 24 horas del día y de la noche. O sea, también cuando el bien peinado se va a echar una cana al aire en moto con la obra maestra capilar tapada por un casco. «Se ha perdido el nacimiento de sus hijos, sus brazos rotos, sus operaciones.», alega la letrada, que no tiene un pelo de tonta.
El contrato estipula que el beneficiario, a su expiración, debe guardar «el secreto más absoluto sobre los trabajos que haya efectuado y las informaciones que haya recogido». Para que tenga pelos en la lengua. Ni hablar del peluquín. Los peinados del especialista en tijeretazos y recortes varios son secreto de Estado.
El ministro portavoz, Stéphane Le Foll, confirmó la información por la que los franceses se tiran de los pelos. «Comprendo las interrogaciones y puedo entender que haya juicios», comentó. «Todo el mundo se peina, ¿no? No es una persona cualquiera. Eso es todo», justificó. Pelillos a la mar.
Valérie Trierweiller, la ex primera dama, negó que el peluquero hubiera sido contratado a petición suya, como afirman los autores del libro 'L'Elysée Off'. «Seamos justos: F. Hollande no estaba al corriente del salario del peluquero. Puedo testimoniar de su enfado cuando lo supo más tarde», aseguró en su cuenta personal de Twitter. Un desmentido por los pelos.
La oposición se desmelenó con la tomadura de pelo. La ocasión la pintaban calva para atacar al impopular estadista. «Hay que esperar que en el futuro no tengamos más que calvos», bromeó el conservador Philippe Gosselin, diputado de La Mancha. El vicepresidente del Frente Nacional Florian Philippot, con la raya muy a la derecha, anunció que, si llega al Elíseo, «exigiré que las tijeras presidenciales que me corten el pelo sean de oro macizo».
El diario 'Le Figaro' tiró de calculadora. A 30 euros el precio medio practicado en las peluquerías de París, el cliente del Elíseo sale a 329 cortes de pelo al mes, o sea diez al día. «A esa tarifa podría haber previsto por lo menos una sesión de implantes en complemento al teñido», ironizó el rotativo conservador, también del cabello.
Pero se le olvidó recordar que Nicolas Sarkozy tenía una maquilladora personal que trabajaba por la cara. También a cuenta de los presupuestos del Estado. Sombra aquí, sombra allá. A los presidentes franceses se les va a caer el pelo. Mañana, todos calvos.