La brasileña JBS vende su negocio exterior tras el escándalo de corrupción

La cárnica brasileña JBS, una de las mayores productoras de alimentos del mundo, anunció hoy que traspasa a un competidor,[…]

La cárnica brasileña JBS, una de las mayores productoras de alimentos del mundo, anunció hoy que traspasa a un competidor, por unos 266 millones de euros, su negocio de carne bovina en Argentina, Paraguay y Uruguay, lo que supone su primera venta de activos tras el escándalo de corrupción que ha hundido su valor de mercado.

JBS, hasta hace un par de años la mayor exportadora mundial de carne y segunda mayor productora de alimentos tras Nestlé, está en la mira del mercado y de sus acreedores desde que sus propietarios, los hermanos Joesley y Wesley Batista, admitieron diferentes delitos en los que salpicaron a decenas de políticos, en una trama que ha puesto contra las cuerdas al presidente brasileño, Michel Temer.

El grupo, necesitado de recursos para pagar sus deudas y mantenerse en un mercado que le ha cerrado el acceso a créditos y ha encarecido las ventas a plazo, anunció la venta por 300 millones de dólares (unos 266 millones de euros) de su negocio de carne bovina en Argentina, Paraguay y Uruguay a la también brasileña Minerva, un importante competidor.

Minerva, una de las líderes en Sudamérica en la producción y comercialización de ganado bovino, carne y derivados, asumirá las operaciones de JBS en los países vecinos (JBS Argentina, JBS Paraguay y Frigorífico Canelones de Uruguay) a través de sus subsidiarias Pul Argentina, Frigomerc y Pulsa S. A.

JBS anunció que destinará los recursos que obtenga en la transacción a reducir su elevada deuda, que aumentará aún más tras el acuerdo al que llegó la semana pasada con la Fiscalía para pagar una multa de 10.300 millones de reales (unos 2.778 millones de euros) para compensar parte de los daños provocados por sus operaciones ilegales.

El escándalo ocasionó pérdidas en el valor bursátil de la empresa de unos 1.500 millones de dólares (unos 1.330 millones de euros) en sólo seis sesiones. Sus acciones valían 11,45 reales (3,1 euros) el 10 de mayo, poco antes de las denuncias, y doce días después habían caído un 47,77 %, hasta 5,98 reales (1,6 euros).

Las acciones cerraron el lunes a 7,29 reales (unos 1,9 euros) y a media sesión de hoy, impulsados por el anuncio de la venta, subían un 7,7 % en la bolsa de Sao Paulo, hasta 7,85 reales (unos 2,1 euros).

Además de la pérdida de valor y de confianza, la multinacional se enfrenta a diversos pleito con la Justicia, amenazas de boicot de algunos restaurantes y asociaciones de consumidores y siete procesos en la comisión reguladora del mercado en Brasil.

Las autoridades investigan también a los hermanos Batista por la compra de un volumen sorprendente de dólares y la venta de parte de sus acciones un día antes de que estallara el escándalo, con lo que se embolsaron jugosas ganancias con la turbulencia provocada por sus denuncias.

Accionistas en Estados Unidos también amenazan con procesos y las agencias de calificación de riesgo han reducido la nota de la cárnica.

Los propietarios de la compañía, los hermanos Batista, confesaron como parte de un acuerdo de colaboración con la Justicia brasileña que en los últimos años pagaron sobornos por 600 millones de reales (unos 162 millones de euros) a 1.829 políticos de 28 partidos en Brasil a cambio de favores en sus negocios.

Ambos, que recibieron autorización para establecerse en Nueva York por supuestos motivos de seguridad, dijeron haber pagado sobornos tanto a Temer como a los entonces presidentes Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Rousseff.

Como parte de este acuerdo entregaron a la Fiscalía una grabación en la que Wesley Batista relata varias de sus corruptelas en una conversación en la que Temer escucha sin inmutarse las referencias a los diferentes delitos.

Ahora, tras las confesiones, la justicia investiga hasta las operaciones que convirtieron a JBS en un gigante mundial, con cerca de 40 marcas, entre ellas las famosas sandalias Havaianas.

La empresa creció durante los gobiernos de Lula y Rousseff gracias a los préstamos a bajo precio que recibió del banco de fomento del Gobierno brasileño para adquirir competidores tanto en Brasil como en el exterior.

El vertiginoso crecimiento hizo que sus ventas pasaran de 4.000 millones de reales (cerca de 1.080 millones de euros) en 2006 hasta 170.000 millones (casi 46.000 millones de euros) en 2016.

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