Iglesias: «En cuatro años ganamos o nos podemos dar una hostia de proporción bíblica»

Podemos inicia un proceso de renovación para combatir el voto del miedo al que achaca buena parte de su fracaso en las generales

Tras dos años y medio de «correr a la vez que se ataba las zapatillas», a Podemos le toca ahora replantearse su funcionamiento e identidad política. En la Asamblea de Vistalegre de octubre de 2014 se diseñó una organización a modo de «máquina de guerra electoral», como la definió Íñigo Errejón. El objetivo era «asaltar los cielos» en el menor tiempo posible. Pero el sueño no se ha hecho realidad y la formación morada está obligada a repensarse a sí misma mientras afronta una legislatura en la oposición.

Según reconoció este lunes Pablo Iglesias durante los Cursos de Verano de la Universidad Complutense, Podemos afronta ahora el proceso de «normalizarse» como partido. Es una apuesta que entraña «enormes riesgos», aseguró el secretario general en tono pesimista. «Puede ser que dentro de cuatro años ganemos o que nos demos una hostia de proporciones bíblicas, las dos cosas son perfectamente posibles», dijo un Iglesias que reconoció que el futuro le «acojona».

El líder de Podemos echó mano de la terminología militar para explicar cómo será la transformación del partido, que pasará de ser «una fuerza de partisanos a un ejército regular». En el mismo tono castrense añadió que la próxima legislatura transcurrirrá en «una guerra de posiciones» entre PP, PSOE y Podemos. Los populares, explicó, seguirán siendo «el gran partido conservador» mientras que el PSOE será la pieza que deberá elegir entre qué fuerza gobierna en el futuro, el PP o una coalición progresista.

Errejón, que compartió acto académico con Iglesias, coincidió en la necesidad de revisar el funcionamiento del partido e insistió en su tesis de salvaguardar una transversalidad que ha quedado en entredicho tras el pacto con IU. Para Errejón, el nuevo Podemos «será diferente, más predecible, menos sexy y generará menos ilusión entre los sectores más movilizados pero, al mismo tiempo, menos incertidumbre y menos miedo entre los sectores que miran con posiciones más retardatarias con el cambio político».

Es ese voto del miedo precisamente al que se apunta de forma mayoritaria desde la dirección del partido para explicar la pérdida de más de un millón votos con respecto a los resultados que sumados a los de IU obtuvieron en las generales de diciembre. Errejón, que hace meses ya apuntó la necesidad de reorganizar el partido tras las elecciones, aboga por un clásico modelo federal y abrir los órganos de dirección para fomentar su renovación.

Los pasos iniciales en la modernización de Podemos se darán a partir del próximo sábado con la primera reunión tras las elecciones del Consejo Ciudadano, máximo órgano de gobierno entre asambleas ciudadanas. Una de las decisiones que se podrían adoptar será la convocatoria de una asamblea extraordinaria para el próximo otoño, similar a la fundacional de Vistalegre. En ella, se podría acometer la reforma de unos estatutos que en su momento fueron diseñados a la medida para que Pablo Iglesias tuviera un control abrumador sobre el partido. Otra posibilidad es que el secretario general busque revalidar ante la militancia su liderazgo. Con estos pasos la dirección de Podemos lograría poner a cero el contador tras el fiasco en las elecciones.

De momento Iglesias insistió en que no piensa asumir responsabilidades por el batacazo electoral. La semana pasada ya anunció que se presentará a las elecciones cuantas veces sea necesario. Hoy, con el fin de espantar los fantasmas de las disputas internas en general y la disidencia de Errejón en particular, añadió que siente «más respaldado que nunca» como líder del partido.

Cohesión interna

Iglesias enumeró durante su intervención las dificultades a las que se enfrentará su partido en la próxima legislatura. La primera será mantener la cohesión de un grupo en el Congreso en el que se mezclan diputados de IU, En Comú Podem, las Mareas, Equo o Compromís. «De momento hay buen rollo», señaló, pero a continuación reconoció que la convivencia será complicada porque hay muchas corrientes políticas.

Luego estará el trabajo desde la oposición, que tiene riesgos porque, según el líder de Podemos, «el trabajo parlamentario puede ser maravilloso y puede ser (también) el camino al cretinismo político». El temor de Iglesias es que los 71 diputados de Unidos Podemos acaben siendo lo más parecido a la casta que tanto han denunciado a los largo de los dos últimos años y medio.

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