Turismo en Túnez logra un año récord pese a la pérdida de visitantes europeos

Recostado sobre el lomo de uno de sus camellos, Mounir mira a la inmensidad del desierto que se abre a[…]

Recostado sobre el lomo de uno de sus camellos, Mounir mira a la inmensidad del desierto que se abre a sus pies y suspira antes de emitir una queja con su amplia sonrisa de beduino.

"Podrán decir lo que quieran, pero el turismo no se recupera. Si no fuera por el turismo local tendríamos que cerrar y eso que estamos en temporada alta", asegura mientras observa a las dos familias extranjeras que acompaña a divertirse entre las dunas.

"No sé si es porque no hay dinero para viajar al extranjero o que los tunecinos han decidido descubrir su país. En cualquier caso es una buena noticia", agrega.

Según el ministro tunecino del sector, Rene Trabelsi, en 2018, el turismo, uno de los motores de la endeble economía nacional, alcanzó los 8.299.137 visitantes extranjeros, la mejor cifra desde el triunfo de la revolución hace ocho años.

En declaraciones esta semana a la radio local FMExpress, el ministro dijo que el objetivo para el próximo año es superar los nueve millones y admitió que para ello debe recuperar la confianza de los visitantes europeos, aún reticentes.

"Es cierto que el número de turistas europeos sigue a la baja y que necesitamos una estrategia para atraerlos de nuevo. Diversificar la oferta, invertir en cultura, deportes y negocios, así como en el desierto, para que vengan también en temporada baja", explicó.

China es uno de los países que han venido a llenar el hueco que dejaron los visitantes europeos tras la revolución de 2011 pero, sobre todo, después de los tres atentados de 2015, que segaron la vida de 72 personas, 60 de ellas turistas extranjeros.

El otro es Argelia, que con 2,7 millones de visitantes devino en el principal origen de turistas en Túnez en 2018, atraídos no por su cultura sino por la oferta de hoteles-balneario con todo incluido a precio irrisorio.

En la medina de Touzer, ciudad situada en la frontera sur con Argelia, la principal atracción son los decorados abandonados por el equipo de George Lucas en mitad del desierto tras rodar la mítica "Stars Wars".

A media mañana de un día de Navidad, el recinto está rodeado de decenas de personas que ofrecen a los turistas, en su gran mayoría tunecinos, paseos a camello, caballo o en quad, fotos con zorrillos o un paseo en 4x4 en las dunas.

En el interior, entre las calles del puerto espacial de Mos Spa que recorrió Obi-Wan Kenobi, un grupo de comerciantes ofrecen todo tipo de baratijas, ninguna de ellas relacionadas con la película o con la artesanía local.

Igual ocurre en otros escenarios de saga -Tataouine o Ksr Ould Sultan- abandonados y olvidados por el Gobierno tunecino pese a que son, junto a las safaris por el desierto, la principal atracción para los turistas extranjeros.

"Las infraestructuras se han quedado obsoletas y la inversión en esta zona es escasa", se queja uno de los gestores del hotel Dar Hi, un remanso de paz modernista abierto al gran palmeral de Nefta, uno de los hitos turísticos del sur.

"Los extranjeros gastan más, dejan más dinero que los visitantes locales, pero también son mucho más exigentes", comenta Selim, quien se gana la vida haciendo acrobacias con un todoterreno entre las dunas.

"Aún así no nos podemos quejar, estamos mejor que otros años", agrega con una sonrisa.

En Douz, capital del sur, hoteles denominados de cinco estrellas tienen una afluencia continua de visitantes, pese a que el nivel de sus servicios de habitaciones y restauración conoció tiempos mejores.

Grupos de tunecinos, franceses, italianos y chinos se hospedan allí antes de aventurarse en el desierto, donde los beduinos ofrecen acampadas bajo las estrellas y el frío invernal por unos 75 euros al día por persona.

"El Gobierno se centra solo en los grandes hoteles de lujo, en el beneficio de las grandes familias del sector como en tiempos de la dictadura, y apenas nada en el turismo alternativo", se queja un pequeño hotelero.

"Es un turismo que se queda en el hotel y apenas tira de la industria local, que sigue sumida en la crisis. No se trata de que vengan muchos, sino que sea un turismo diferente que pueda resistir otra crisis", propone.

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