Ingmar Bergman, el hombre que desnudó el alma
Lector como pocos de la vida, el sueco Ingmar Bergman supo transmitir con su arte las dudas morales de su[…]
Lector como pocos de la vida, el sueco Ingmar Bergman supo transmitir con su arte las dudas morales de su existencia. Sus más de 50 películas merodean en torno a sus miedos y frustraciones, conflictos humanos como la muerte, el amor, la enfermedad o la existencia de Dios, una de las obsesiones que le persiguieron durante sus 89 años.
Nacido en Upsala (Suecia) el 14 de julio de 1918 en el seno de una familia luterana, Bergman recibió de su padre pastor una estricta educación que vertebra su vasta filmografía, dejando una profunda huella en el que probablemente es el director europeo más influyente del pasado siglo.
Todavía vigente, este sábado se celebra el centenario del hombre que desnudó el alma humana, figura capital del universo cinematográfico sobre todo a partir de los sesenta, tras la elogiosa recepción de su obra maestra «El séptimo sello» en el Festival de Cannes, donde ganó el premio especial del jurado. Una película que fue también la proyección definitiva de su actor fetiche, Max Von Sydow, con quien ya había trabajado en el primer montaje europeo de «La gata sobre el tejado de zinc», y de cuya estrecha devoción dan testimonio en casi todas las producciones del director durante esa época, desde «Fresas salvajes» a «La carcoma».
Experto analista del drama de las relaciones humanas, que exploró en filmes como «Secretos de un matrimonio», «Sonata de otoño» o «Cara a cara al desnudo», fue sin embargo un polémico vividor detrás de las cámaras, dejando cinco matrimonios y una extensa lista de aventuras amorosas. También rumores que contrastan con la imagen puritana del cineasta sueco, como el de que expiró su último aliento sobre los brazos de Liv Ullmann, su gran amor, que acudió a la solitaria isla de Fårö para darle un último abrazo, perdonando a Bergman por los traumatizados y torturados personajes que hicieron que su relación traspasara las cámaras.
Tampoco se resistió a colaborar con su compatriota la actriz Ingrid Bergman, que a pesar de llevar su mismo apellido apenas compartían nada en común salvo el prestigio, con tres Oscar cada uno. Juntos rodaron una sola película, «Sonata de otoño», cumpliendo así el capricho de ambos artistas y cerrando la trayectoria cinematográfica de la intérprete sueca, que logró con este trabajo su última nominación a la estatuilla dorada.
Prolijo director, adalid del cine de autor, Ingmar Bergman rompió las barreras narrativas, inventando un lenguaje que perdura como lección sobre la vida a través de sus películas. El diccionario elaborado por el crítico Joaquín Vallet, dentro del compendio sobre el autor «El universo de Ingmar Bergman» (Notorius Ediciones, 2018), disecciona la esencia de la vida y obra de un maestro del cine. de la A a la Z, así era Ingmar Bergman.
A
-Amor: ¿Se puede hablar de amor en el cine de Ingmar Bergman? O, mejor dicho, ¿se debería hablar de amor o de la asuencia del mismo, tal y como sucede con la idea de Dios? No es algo circunstancial que ambos conceptos estén relacionados e, incluso, que dialoguen en no pocas de sus películas. El cuestionamiento de las decisiones divinas que vertebran piezas como «El manantial de la docnella» o «Los comulgantes» tiene su reflejo en esos seres, igualmente vulnerables, rotos, que necesitan cubrir el vacío afectivo que sienten en películas como «Secretos de un matrimonio» o «Sonata de otoño».
C
-Cine: Las primeras imágenes de «Persona» muestran el proceso de proyección de una película. La manera en que se prende la luz en el interior del aparato; el ruido, casi ensordecedor, de la máquina; la cinta pasando por los diferentes fotogramas en los que se integran las perforaciones del 35mm. Un bloque que disecciona, tal y como el cineasta hace con el interior de sus personajes, las entrañas del cine.
D
-Dios: Los interrogantes y el cuestioanmiento sobre la figura de Dios parecen hallarse focalizados, sobre todo, en el bloque central de la filmografía de Ingmar Bergman. Aquel que comprende las películas realizadas entre «El último sello» y «El silencio» y que, curiosamente, se hallan enmarcadas entre sendas aproximaciones al universo de la comedia: «Sonrisas de una noche de verano» y «¡Esas mujeres!». No es que en el resto de sus películas la idea de Dios quedara arrinconada, pero sí es cierto que se expondría de otra manera completamente distinta al del bloque citado.
E
-Enfermedad: En «Crisis», la primera película dirigida por Ingmar Bergman, una profesora de piano se veía consternada por la súbita aparición de su verdadera madre, la cual estaba gravemente enferma. Ya desde esta película, la enfermedad se convierte sen otro dispositivo importante dentro de los elementos temáticos manejados por el cineasta. Metáfora del estado de las relaciones familiares o amorosas, habitualmente la enfermedad física no es otra cosa que la exteriorización de los males internos.
F
-Festival de Cannes: Decisivo en su trayectoria, el prestigioso certamen celebrado en la Croisette reconoció el talento de Bergman otorgándole el premio especial del jurado por «El séptimo sello» en 1957. No se olvidó de él cuatro décadas después, cuando creó un gaklardón especial que solo se entregó en esa ocasión, la Palma de las Palmas, un premio efímero que sirvió para reconocer ña trayectoria artística del director sueco después d eque ninguna de sus películas hubiese obtenido la Palmade Oro.
G
-Guerra: Los conflictos bélicos tienen gran protagonismo en bastantes secuencias de algunas de las películas más importantes del cineasta, llegando a convertirse en la base argumental de muchas de ellas como «El séptimo sello» ?un caballero que regresa de Las Cruzadas? o «Esto no puede ocurrir aquí» ?con un espía bajo las órdenes de un régimen dictatorial?.
I
-Infancia: A medida que la filmografía de Bergman se ha ido desarrollando, la mirada del cineasta se ha desviado progresivamente hacia un pasado q1ue siempre ha observado con una turbadora mezcla de nostalgia y miedo. (...) sería en «Fanny y Alexander», así como en los guiones de las posteriores «Las mejores intenciones» y «Niños del domingo», donde las idealizadas imágenes del pasado tomarían corporeidad en el presente con el fin de diseccionarlas y afrontarlas hasta sus últimas consecuencias.
L
-Locura: ¿Puede ser la locura una manifestación de un universo en descomposición? ¿O es un fin en sí misma? ¿Quizá, el paso siguiente a la tortura de la culpa o a la vorágine de los sentimientos? Sea como fuere, la locura en el cine de Bergman adquiere un significado de cambio. Como si el hecho de que el estado psicológico de los personajes se vea alterado les ofreciera la entrada a otra concepción de la realidad.
M
-Mujer: La mujer en Bergman lo es absolutamente todo. No es que no se pueda entender su cine sin la profundidad de los análisis psicológicos de los personaje sfemeninos, sino que estos catracteres terminan poseyendo todo su discurso. Toda su mirada. Todo su universo, en definitiva. En la gran mayoría de ocasiones, de hecho, los hombres tienen roles tremendamente secundarios cuando no, directamente, anecdóticos.
O
-Oscar: Su relación con la Academia de Hollywood sería una de las más especiales recogidas en la historia delos Oscar. A pesar de que algunas de las grandes obras maestras del cineasta no entraron, ni tan siquiera, entre las nominadas a la mejor película de habla no inglesa (casos flagranets como «El séptimo sello» y, sobre todo, «Persona»), tres de sus producciones conseguirían hacerse con este galardón: «El manantial de la doncella», «Como en un espejo» y «Fanny y Alexander». Además, sería nominado al Oscar en otras nueve ocasiones.
P
-Psicología: Más allá de las referencias directas que varias películas de Bergman puedan albergar hacia la psicología de Sigmund Freud («Como en un espejo»), Hermann Rorschach («Cara a cara al desnudo») o Carl Gustav Jung («Persona»), el cineasta parece erigirse en el diseccionador y analista de la esquinada personalidad de sus personajes.
R
-Recuerdos: Teñidos de nostalgia o dolor, raras veces de felicidad. Escenas que han supuesto un cambio trascendental en los personajes. Que los ha hecho crecer o descubrir aspectos, algunos de los cuales, quizá, hubiera sido preferible que siguieran ocultos. La secuencia de «Persona» en la que Bibi Andersson relata un encuentro sexual en una playa se convierte en el punto de inflexión de la narración, ya que, a partir de ese momento, tendrá ala sensación de hallarse al albur del interpretado por Liv Ullmann.
S
-Silencio: «El silencio» es una de las grandes obras maestras de Ingmar Bergman. Una pieza no únicamente sobre el silencio y, por consiguiente la ausencia de Dios, sino sobre la incomunicación. Sobre lo que no se expresa verbalmente pero que acaba pesando como una losa en los personajes.
T
-Teatro: Es la esposa de Bergman. Aquella a la que no puede serle fiel (existe el cine, amante exigente) pero que, de igual manera, no puede vivir sin ella. El teatro en Bergman lo es todo. No únicamente porque sus inicios profesionales estuvieran íntimamente circunscritos al universo teatral, sino porque en él el cineasta hallaría su verdadera forma de expresión. La autenticidad de unos estilemas que precisan de la inmediatez que ofrecen las tablas para ser afrontados y considerados de la manera más poderosa posible.
V
-Violencia: En «La hora del lobo», el personaje interpretado por Max von Sydow es atacado, en las rocas de una playa, por un niño-demonio cuya violencia es absolutamente exacerbada. Agrediéndolo de manera imprevista y sin que pueda haber otra capacidad de reacción que la propia violencia. Este concepto, en el cine de Bergman, siempre será la exteriorización de la parte oculta de los personajes. De toda su rabia interna que, necesariamente, se ha de manifestar de una u otra manera.
