Un abogado acecha a los bancos de Wall Street
Hace diez años, el abogado Dan Brockett y sus colegas decidieron echar por la borda sus puestos de trabajo en[…]
Hace diez años, el abogado Dan Brockett y sus colegas decidieron echar por la borda sus puestos de trabajo en la oficina e iniciar su trayectoria profesional como cazadores de caza mayor. Mientras Wall Street se derrumbaba debido a la crisis financiera, Brockett contribuyó a que su compañía dejase atrás la representación legal de los bancos más importantes del mundo renunciando con ello a 1.000 dólares por hora de defensa jurídica. Ahora se gana la vida demandando a aquellas compañías que en su día pagaban sus facturas. Solo cobra si gana, quedándose con una parte de lo que el cliente recupera. «Me gustan los honorarios,» comenta. «Las tarifas por hora son muy aburridas».
En su despacho en la firma Quinn Emanuel Urquhart & Sullivan LLP sita en Nueva York, Brockett, de 61 años, señala una fotografía enmarcada y colgada en la pared cerca de su mesa de una adjudicación judicial de 250 millones de dólares. Los abogados como Brockett son guardianes de valores en busca de beneficios por encargo, una función que podría ganar relevancia en la era anti-regulación del presidente Trump. A la vista del ajuste que han sufrido los presupuestos, la Comisión de Bolsa y Valores estadounidense tiene previsto recortar el personal de control y reducir las partidas para viajes.
Entretanto, en Quinn Emanuel, no se pierde ocasión de hacer una defensa jurídica en Wall Street. (La compañía sigue facturando por hora con la salvedad del grupo de Brockett.) Con arreglo a los datos del investigador jurídico ALM Intelligence, los beneficios por socio el pasado año ascendieron a 5 millones de dólares, lo que sitúa a la firma como el segundo despacho de abogados de EE.UU. En los últimos cuatro años, Quinn Emanuel ha ganado más de 30.000 millones de dólares a través de compensaciones por fraudes financieros. «Están apostando muy fuerte y en su equipo cuentan con profesionales muy prestigiosos», comenta John Coffee Jr., profesor de derecho en la Universidad de Columbia.
El golpe de suerte que conmemora la fotografía que cuelga de la pared de Brockett deriva de un acuerdo en un litigio antimonopolio de 2.000 millones de dólares protagonizado el pasado año por bancos de la entidad de Citigroup Inc. y Bank of America Corp. Tuvo por objeto ventas de bancos de swaps de incumplimiento crediticio o contratos que permitieron a los inversores jugar con la solvencia de las compañías. Durante años, el Departamento de Justicia estadounidense y la Comisión Europea han investigado a los bancos por impedir la libre competencia, una situación que puede perjudicar a los inversores mediante un incremento de costes. No obstante, nunca han actuado. Brockett, que representa a los inversores, ha iniciado su camino donde ellos lo dejaron. Con los millones de páginas de documentos recopiladas por el estado bajo el brazo, Brockett afirma que él y su equipo obtuvieron declaraciones perjudiciales en los testimonios orales extrajudiciales.
En un primer momento, los bancos buscaron una compensación conjunta negociando en bloque. Brockett se dirigió a algunos de ellos con la esperanza de que escapasen del rebaño. Durante el verano de 2015, mientras disfrutaba de una bebida en su piscina de los Hamptons, recibió una llamada de un abogado que representaba a Citigroup. El banco quería llegar a un acuerdo. Los otros 13 siguieron sus pasos.
No es Robin Hood. A pesar de que entre sus clientes se incluyen fondos de pensiones como la Asociación de Jubilación de Empleados del Condado de Los Ángeles, las partes que se quedan con la mayoría del dinero en estas demandas legales conjuntas son los fondos de cobertura. Operan con valores exóticos que con frecuencia son objeto de las causas y las indemnizaciones que solicitan son más altas. Conviene tener en cuenta el caso de un cliente, el Sistema de Jubilación Regional de Essex, en el acuerdo de 2.000 millones de dólares. Charles Kostro, director ejecutivo, cree que su fondo, que invierte para los profesores de Massachusetts y otros empleados públicos, gastó 10.000 dólares en tiempo del personal destinado a colaborar con los abogados. El recorte del fondo de pensiones: 624,54 dólares.
En algunas ocasiones, el gobierno toma ejemplo de Brockett. En 2015, un representante legal de la Commodity Futures Trading Commission de EE.UU. observó en una de las causas otro tipo de swap, uno que permitía a los inversores apostar en la dirección de los tipos de interés. La agencia se puso en contacto y Brockett expuso el caso. En la actualidad, la CFTC está investigando a Goldman Sachs Group Inc. y a Citigroup por impedir presuntamente que los gestores de fondos negocien los swaps unos con otros, según revelan las compañías en los archivos de la Comisión de Bolsa y Valores estadounidense.
Brockett ha desarrollado una red de fuentes de información que le remiten a los banqueros descontentos. Quinn Emanuel paga a sus informantes hasta 600 dólares por hora. Algunos informantes también presentan reclamaciones ante los órganos reguladores, lo que les permite reducir la recuperación financiera del gobierno. «La mayoría de las personas buscan dinero o hacer lo correcto», comenta Brockett.