Louis Roederer, el champán de los zares

Como si de un director de orquesta se tratara, Frédéric Rouzaud lidera un equipo de profesionales de élite que en[…]

Como si de un director de orquesta se tratara, Frédéric Rouzaud lidera un equipo de profesionales de élite que en origen son los culpables de deleitar con su producto los paladares más exclusivos del mundo. Lo hace con mucha paciencia, una de las cualidades indispensables para que el producto final colme las expectativas de los más exigentes. Ese producto, al que se refieren como «obra», es el champán de Louis Roederer.

La alusión al arte no es baladí. A partir de la tierra y los viñedos comienza ese manejo del tiempo, en la Francia más septentrional, desde la ciudad de Reims. Nada más y nada menos que 240 hectáreas elegidas también por expertos de manera minuciosa. Nada queda al azar, tampoco la tierra, la «madre tierra», como gustan en llamarla. Las primeras 100 hectáreas fueron adquiridas en 1850. No se trata, pues, de flor de un día. Para muestra de ello, el árbol genealógico de Frédéric Rouzaud, séptima generación de la casa.

El equipo de Louis Roederer que se encarga de la labranza de estas parcelas, de su cuidado, lo hace con unos valores muy determinados: el apego y el amor a esa tierra. Fundamentales para el resultado final. Tierra y hombre establecen un vínculo permanente, pues cada uno de ellos, año tras año, se encarga de unos viñedos determinados, creándose así una intimidad perfecta, la unión entre naturaleza y ser humano. Para Louis Roederer, sus viticultores y enólogos son «orfebres».

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