La "madre de las bombas" de EEUU daña al Gobierno de Kabul

La gran bomba que Estados Unidos lanzó el pasado 13 de abril en Afganistán golpeó duramente al grupo yihadista Estado[…]

La gran bomba que Estados Unidos lanzó el pasado 13 de abril en Afganistán golpeó duramente al grupo yihadista Estado Islámico (EI), pero también ha puesto al Gobierno de Kabul en una difícil situación, fortaleciendo a la oposición y a los críticos, e incluso a los talibanes.

La debilidad del Gobierno de Unidad Nacional, nacido de un acuerdo a regañadientes entre el presidente, Ashraf Gani, y el candidato perdedor en las elecciones de 2014 y hoy jefe de Gobierno, Abdulá Abdulá, ha ido en aumento en las últimas semanas entre críticas y disputas internas que el lanzamiento de la bomba GBU-43 solo ha hecho que intensificar.

De forma escueta y alejado de triunfalismos, el Gobierno apoyó el empleo de la denominada 'madre de todas las bombas' por parte de EE.UU. contra el EI, pero haber permitido una acción bélica de tal envergadura en su propio territorio ha levantado ampollas incluso en su propio seno.

Daud Hasas, un asesor del jefe de Gobierno, fue despedido tras rechazar públicamente la acción militar y el embajador afgano en Islamabad, Hazrat Omar Zakhilwal, uno de los representantes más importantes del Ministerio de Exteriores afgano, calificó de "reprobable" el lanzamiento del proyectil.

Mucho más dura ha sido la oposición, y particularmente la postura del expresidente afgano Hamid Karzai, quien llegó al punto de acusar a las autoridades de "traición a la patria" y ha dicho que el Gobierno de Gani ya no le representa.

"Aunque los políticos utilizan el asunto de la bomba como un arma para ganar apoyo para las elecciones (presidenciales de 2019), este es un tema en el que la mayoría de la gente apoyará a los políticos contra el Gobierno y podría ser un nuevo problema para el Ejecutivo", dijo a Efe el analista político Nazar Muhammad Mutmaeen.

A su juicio, el bombardeo a supuestas posiciones del EI ha podido ser un duro golpe a un Ejecutivo de por sí "débil e inestable", herido por las disputas internas y la falta de consenso entre Gani y Abdulá.

Amenaza también la falta de respaldo popular, ya en caída libre, por parte de una población indignada con lo que considera un ataque a su soberanía, apunta, por su parte, el también analista Matiullah Kharotai.

"No fue apropiado por parte de Estados Unidos mostrar su poder a Corea del Norte y Rusia a través del territorio afgano, esto no es un territorio ocupado de Estados Unidos, esto es un país soberano", dijo a Efe.

En su opinión, el lanzamiento del proyectil y las visitas pocos días después del asesor de Seguridad Nacional de EE.UU., el teniente general H.R. McMaster, y el secretario de Defensa, James Mattis, son parte de una estrategia para sacar pecho ante los crecientes lazos entre Rusia y algunos líderes afganos.

Para Kharotai, el progresivo sentimiento antiestadounidense que ha despertado el bombardeo, que afecta por extensión al Gobierno afgano, pone en peligro el apoyo de Washington a un país "que no puede ni pagar los sueldos de sus empleados durante un mes sin ayuda internacional".

"La mayoría de los afganos se oponen a la utilización de la bomba y esta es una buena campaña para los talibanes, ayuda a los talibanes a conseguir apoyo público y por ello afecta y debilita los actuales esfuerzos antiterroristas del Gobierno", concluyó el analista.

El periodista y analista político Safiullah Mullahkhil va un paso más allá y advierte de que el sentimiento antiestadounidense hasta ahora limitado a los insurgentes, se ha instaurado también entre la elite política, y ambos "podrían trabajar de forma práctica" para forzar la salida de las tropas internacionales.

Esto, para Mullahkhil, podría terminar por "cansar" a altos cargos y mandos estadounidenses y traducirse en una disminución de su apoyo al país, en el que mantienen a cerca de 8.400 efectivos en tareas antiterroristas y de capacitación.

En momentos de recrudecimiento del conflicto, con los insurgentes en avance desde el fin de la misión de combate de la OTAN en enero de 2015, el resultado, afirmó, puede ser "desastroso".

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