Se busca presidente para el Eurogrupo
Los ministros ya han comenzado a analizar quién puede suceder al lenguaraz Dijsselbloem y De Guindos, pese a que lo niega, tiene opciones
Si fuese un anuncio de clasificados, el texto quedaría más o menos así. «Se busca presidente del Eurogrupo a tiempo parcial. Requisitos: conocimientos avanzados sobre economía griega y ser ideológicamente de centro (tirando a la izquierda), además de caer bien a Alemania. Absténganse ministros de lengua afilada y gran ego. Razón: Bruselas, Edificio Europa».
El consejo de ministros de Finanzas del euro, integrado por los 19 países que conforman la moneda única, se ha convertido en la mejor metáfora del momento que atraviesa Europa. En teoría hay 19 candidatos para ocupar la presidencia del Eurogrupo cuando el holandés Jeroen Dijsselbloem deje su cargo, como muy tarde el 21 de enero de 2018, pero paradójicamente, los aspirantes con cierta consistencia se cuentan con los dedos de una mano y quizá ni eso. Son tantos los condicionantes que nadie sabe qué va a pasar. Lo único cierto es que esos mismos ministros ya han comenzado a debatir sobre el sudoku, apuntan fuentes comunitarias.
Hay que recordar que el Eurogrupo, pese al enorme eco mediático que tiene desde Bruselas, no es una institución comunitaria consagrada en los Tratados. Es una suerte de órgano oficioso que se ganó una enorme trascendencia en la era de los rescates, con Grecia asumiendo el rol de madre de todas las crisis. En lo político, su presidencia, que se compagina con el cargo nacional y se prolonga durante dos años y medio, es uno de los puestos más codiciados. Así lo evidencia el hecho de que en 2015 España pelease sin éxito para hacerse con ella. Este relato es clave pues entonces el mensaje hubiese sido contundente para los mercados: haber pasado en sólo tres años de rescatado a jefe de los rescatadores.
Pero, ¿sigue interesando a España? El discurso oficial dice que no, aunque el Eurogrupo todavía es un dulce demasiado atractivo para personas tan ambiciosas como Luis de Guindos, ministro de Economía que ahora jura y perjura que «no soy candidato» si bien también aseguró que no repetiría con Rajoy si éste gobernaba de nuevo. Así que hay partido.
Apoyo de Portugal a España
La primera incógnita es saber cuánto durará Dijsselbloem, que tiró por la borda todos sus posibilidades tras sus polémicas declaraciones acusando al Sur de gastarse el dinero recibido en «alcohol y mujeres». Tiene todo en contra, pero quienes le conocen dicen que no tirará la toalla tan fácilmente. De hecho, antes su gran objetivo era seguir más allá de 2018 asumiendo el cargo a tiempo completo, algo a día de hoy imposible. También hay que contar con las exigencias del Gobierno de Holanda, que buscará mantener el cargo con su nuevo ministro, que se conocerá en otoño.
¿Quién será entonces el presidente del Eurogrupo? Sobre el papel, debería ser socialdemócrata, como sugiere la declaración aprobada por los jefes de Estado y de Gobierno de los 28 en la cumbre de marzo. El PP europeo copa todas las grandes presidencias de la UE y la izquierda ha dicho basta. Este es, de hecho, el gran condicionante que juega en contra para De Guindos, que ahora parece echar el resto para ocupar la vicepresidencia el BCE en mayo de 2018.
Dijsselbloem, de hecho, es socialdemócrata pero muchos países del Sur recelan de él por su perfil conservador. Hablar de derecha e izquierda en Europa es algo muy difuso. Tanto que el primer ministro portugués, el socialista Antonio Costas, ha anunciado que votará por el español. Y eso que lidera en su país un tripartito de izquierdas con los comunistas y el Podemos luso. Ojo con este movimiento que Portugal aún pesa mucho en el bloque socialdemócrata europeo. De hecho, su ministro Mario Centeno es uno de los nombres que está sobre la mesa -España lo apoyaría-, pero Lisboa ha dicho que no toca.
Guiándose por el factor ideológico, el gran favorito sería el eslovaco Peter Kazimir. Pero pese a ser socialdemócrata, es considerado un delfín del alemán Wolfgang Schauble. No hay que olvidar que durante la última gran crisis griega de verano de 2015, sus duros ataques a Atenas a través de Twitter se convirtieron en un clásico de las citas del Eurogrupo.
El gran problema es que nadie sabe quién gobernará el eje francoalemán. De hecho, si gana Marine Le Pen en Francia, el euro ya puede ir encargando su certificado de defunción. Respecto a Alemania, Angela Merkel es la favorita, aunque los socialdemócratas siguen en la pelea. Todo es posible entonces. Y si cae Merkel, cae Schauble, y esto sí que sería un tsunami político que lo cambiaría todo.