Iglesias se estrella en su asalto a la izquierda

El candidato de Unidos Podemos reconoce cariacontecido que esperaba mejores resultados, pero avanza que no dejará el liderazgo de su partido.

Ni 'sorpasso' en votos ni en escaños. os panes de los estrategas politólogos de Podemos se dieron un sonoro batacazo en estas elecciones. Pablo Iglesias lo dijo claro. Sin tapujos. «No estamos en absoluto satisfechos con los resultados», reconoció. Ésta es la primera vez que Podemos pincha desde que en las europeas de 2014 inició un camino triunfal que en esta campaña les llevó a autoproclamarse como la única alternativa a un nuevo gobierno del PP. Pero la idea de superar al PSOE y convertirse en la primera fuerza de la izquierda ha fracasado. Y se palpó en la cara de los dirigentes de la coalición a la hora de su comparecencia ante los medios de comunicación. Las caras de Iglesias, Alberto Garzón, Íñigo Errejón o Carolina Bescansa no pudieron disimular su decepción por los resultados cosechados.

Los números son contundentes y explícitos. Con apenas cinco millones de votos y con el 98% de los votos escrutados, la coalición se queda muy lejos de los seis millones de sufragios que lograron Podemos e IU por separado el pasado diciembre. No obstante, Iglesias dejó claras sus intenciones para el futuro. Aunque visiblemente afectado por el fracaso de Unidos Podemos, adelantó que no piensa renunciar a la secretaría general de su partido. También señaló que no entra en sus planes dar el visto bueno a un Gobierno de PSOE y Ciudadanos como el que ya rechazó el pasado abril. Según justificó, existen demasiadas «incompatibilidades» con una formación como la que dirige Albert Rivera. Esto supone una declaración de intenciones. Si Unidos Podemos no apoya un ejecutivo de Sánchez con Ciudadanos, las opciones que quedan son un gobierno del PP -ya sea con una gran coalición o por la abstención de PSOE que le permita hacer valer su mayoría simple- o unas nuevas elecciones.

Consecuencias

La del 'sorpasso' fue una apuesta al todo y nada que ahora tendrá imprevisibles consecuencias en un partido que no solo adolece de una sólida estructura interna, sino que además formará un grupo parlamentario en el que se juntarán, si así lo deciden los socios de coalición, IU, los valencianos de Compromís, los catalanes de En Comú y los gallegos de En Marea. Ocurra lo que ocurra en los posibles pactos electorales, Iglesias tendrá muy complicado gobernar un grupo tan heterogéneo y con intereses tan diferentes. Máxime cuando su liderazgo ha quedado en entredicho tras estos comicios y su valoración en las encuestas cae en picado.

Pese a todo, Iglesias se esforzó en destacar que Unidos Podemos -la coalición con IU y no solo su partido- han llegado para quedarse. Según dijo, la alianza « no tiene techo» y aspirará en el futuro por llegar a la Moncloa.

Los resultados de Unidos Podemos avanzan dos cosas. La primera de ellas es que la formación morada deberá enfrentarse de nuevo a la disyuntiva de permitir un Gobierno de Pedro Sánchez, aunque sea apoyado por Ciudadanos. En la dirección de Podemos se reconoce que existieron fuertes presiones, internas y externas, para permitir esta posibilidad tras las generales del 20-D. Solo la autoridad de Pablo Iglesias, opuesto a cualquier concesión a los socialistas, frustró una abstención que hubiese permitido gobernar al secretario general del PSOE. Ahora, en cambio, el líder de Podemos se encuentra en una posición más delicada que nunca pese a recalcar sus incompatibilidades con Ciudadanos. Él fue el máximo valedor a la investidura de Sánchez como lo fue también de la alianza con IU. Eso, a pesar de que el sector próximo a Íñigo Errejón insistió en que los cinco millones de votos que obtuvo Podemos el 20-D más el millón de IU no sumarían seis millones. Según mantenía la corriente fiel al número dos del partido, muchos votantes socialistas que apoyaron al partido morado en las pasadas elecciones podrían dar marcha atrás ante una posible radicalización del partido. Y, a tenor de los resultados, así ha sido. Nadie ha discutido hasta ahora la autoridad de Iglesias al frente de Podemos, pero este fracaso podría propiciar criticas internas contra el líder que hasta hoy se veía en la Moncloa.

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