Bolsonaro toma el poder en Brasil con una dura dialéctica conservadora

El nuevo presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, asumió hoy el cargo con una retórica ultraconservadora directa y dura, que no[…]

El nuevo presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, asumió hoy el cargo con una retórica ultraconservadora directa y dura, que no oculta su decisión de "combatir la ideología de género" y rescatar los valores "cristianos" de la sociedad.

"Vamos a unir al pueblo, darle valor a la familia, respetar las religiones y las tradiciones judeo-cristianas, combatir la ideología de género, conservando nuestros valores", afirmó el nuevo presidente de Brasil, de 63 años, en su discurso de investidura.

"Brasil volverá a ser un país libre de las amarras ideológicas", sostuvo Bolsonaro, quien también abundó en las alusiones a "Dios", al que citó una decena de veces en sus pronunciamientos, y sentenció sin tapujos que, con su investidura, el país empieza a "liberarse del socialismo" y de la "inversión de valores".

La mención directa al combate "a la ideología de género" que hizo en su primer discurso ante el Parlamento la reforzó después, en un pronunciamiento ante a una multitud que le aclamaba en las calles, a la que prometió que acabará también con "lo políticamente correcto", que considera como una "estrategia de izquierdistas".

En la sede del Parlamento, su discurso resonó frente a algunos mandatarios extranjeros conservadores, pero no tanto, como son los presidentes de Paraguay, Mario Abdo Benítez, o Chile, Sebastián Piñera, que a diferencia de Bolsonaro son mucho más cautelosos en relación a ciertos asuntos.

De hecho, Piñera sancionó en noviembre pasado una ley de identidad de género, que permite en Chile la alteración del sexo en los documentos de una persona a partir de los 14 años, la cual consideró en su momento que iba en la "dirección correcta".

Entre los líderes extranjeros que asistieron a la ceremonia también estaban otros más alineados en la centroizquierda, como los presidentes de Uruguay, Tabaré Vázquez, o de Bolivia, Evo Morales.

El líder andino fue el único gobernante del "eje bolivariano" que viajó a Brasilia para la investidura una vez que se le mantuvo la invitación que, por el contrario, Bolsonaro ordenó que le fuera retirada al venezolano Nicolás Maduro y al cubano Miguel Díaz-Canel, a quienes considera "dictadores comunistas".

Morales escuchó a Bolsonaro con gesto serio, pero sin inmutarse, y le saludó sonriente en el besamanos de autoridades extranjeras, lo que llevó a algún diplomático a recordar que Brasil y Bolivia deben renegociar este año un contrato de suministro de gas vital para ambas economías.

Aunque Bolsonaro reiteró hoy que gobernará e impulsará una política exterior "sin ideologías", en los dos discursos de su primer día en el poder mantuvo la fuerte retórica anticomunista que le ha caracterizado durante toda su vida política.

Esa posición, ciertamente ideológica, la cuajó en su juventud, cuando estuvo en el Ejército, del que es capitán de la reserva y al que ingresó durante una dictadura (1964-1985) a la que enaltece sin rubores, algo que ni Sebastián Piñera ni el presidente argentino Mauricio Macri, también conservador, pudieran siquiera pensar hacer en sus países.

Aunque hoy no hizo menciones al régimen militar, Bolsonaro sí subrayó el papel que las Fuerzas Armadas tienen en "la misión constitucional de defensa de la soberanía, del territorio nacional y de las instituciones democráticas".

Asimismo, acentuó su anticomunismo, sobre todo en el discurso que hizo ante los miles de seguidores que se volcaron a las calles de Brasilia para aclamarle y a los que enseñó con orgullo la bandera verde y amarilla del país. "Esta es nuestra bandera, que jamás será roja. Solo será roja, si es necesario, con nuestra sangre, para mantenerla verde y amarilla", expresó.

Economía liberal

El columnista Cristian Klein, del influyente diario Valor, fue en el mismo sentido: "En economía, [Bolsonaro] resaltó la necesidad de 'confianza, libre mercado y eficiencia' y de que las reglas y contratos sean respetados. Algo más vago, difícil", escribió.

El apoyo futuro de los mercados dependerá en particular de la posibilidad de que el ministro de Economía Paulo Guedes logre avanzar en su programa de saneamiento fiscal, privatizaciones y desburocratización, para dinamizar una economía que sale de dos años de recesión y de otros dos de débil crecimiento.

Este miércoles deben tomar posesión formal los 22 ministros del nuevo gobierno, en su mayoría con poca experiencia política. Entre ellos hay siete militares, aparte del vicepresidente, el general retirado Antonio Hamilton Mourao. El propio Bolsonaro es un excapitán del Ejército.

Una agenda de acción divulgada la semana pasada fija cuatro etapas a 10, 30, 60 y 90 días para la identificación y el encaminamiento de propuestas prioritarias, así como para la eventual revocación de decretos y leyes existentes.

Este martes, en la primera (y esperada) medida como presidente, Bolsonaro decretó subir el salario mínimo a los 998 reales (262 dólares), levemente por debajo de los 1006 reales proyectados por el gobierno de Temer.

La agenda también crea un "Consejo de gobierno" que se reunirá todos los martes, integrado Bolsonaro, sus ministros y Mourao, que es uno de los pocos miembros del equipo que multiplica declaraciones, a veces en sintonías diferentes de las de Bolsonaro.

El documento establece además reglas de conducta y prohíbe contratar familiares cercanos, para evitar que las sospechas de corruptelas y nepotismo que arruinaron la imagen de la mayoría de los políticos se propaguen.

Otro peso pesado del nuevo equipo, aparte de Guedes y Mourao, será precisamente el de Justicia, Sergio Moro, un emblema de la Operación Lava Jato, que llevó a la cárcel a decenas de políticos, incluyendo al expresidente de izquierda Luiz Inácio Lula da Silva.

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