La probabilidad de crisis financiera en China es baja a corto plazo

El rápido aumento de la deuda plantea serios desafíos a la economía China, especialmente a medio y largo plazo, pues[…]

El rápido aumento de la deuda plantea serios desafíos a la economía China, especialmente a medio y largo plazo, pues genera ineficiencia en la asignación de capital y creciente riesgo de perturbaciones. Sin embargo a corto plazo la probabilidad de crisis financiera sigue baja, al menos los próximos uno a dos años. Esta es la conclusión de Dong Chen, economista de Pictet WM.

Su relativamente pequeña exposición a deuda externa y fuerte posición exterior la hacen resistente. A ello se añade que cerca de 60% del total de deuda empresarial es de empresas del Estado. Además ha habido mejora macroeconómica y política.

Según nuestra estimación la deuda total de China sumaba 203 billones de renminbi en 2016, 261% sobre su PIB nominal. El sector empresarial no financiero representaba 122%, seguido de deuda del gobierno -24% gobierno central y 34% locales-, hogares 46% y sector financiero 35%. Disminuyó en el sector empresarial no financiero en 2016, aumentó el de hogares y sector y la del gobierno se ha mantenido estable en cerca de 60% desde mediados de 2014, señala Chen.

Aunque la cantidad total es grande la gran mayoría está en manos de acreedores nacionales. Además en 2016 su deuda externa representaba sólo 4,9% (12,7% del PIB), menor ratio de las principales economías, significativamente menor que la de otros países antes de la crisis financiera como México en 1981 (172%), Indonesia y Tailandia en 1997 (63% y 61%) y Corea del sur en 1997 (34%).

Además China tiene el mayor monto de reservas de divisas del mundo, 3,03 billones de dólares en marzo de 2017. Han disminuido rápidamente desde finales 2015, tras la devaluación de su divisa, pero hay señales de estabilización, con tres meses consecutivos de aumento. 

A ello se añade que aproximadamente 50% de la deuda empresarial es de empresas del Estado y 70% procede de instituciones financieras estatales. Esta alta concentración implica que el gobierno chino tiene fuerte incentivo para intervenir. No puede prevenir todos los casos de impago (y no debe intentarlo), pero el riesgo de contagio es probablemente bajo.

Además su crecimiento de PIB nominal ha repuntado fuertemente y ha subido el índice de precios de producción, con leve recuperación del IPC. Se observa reactivación industrial desde 2016 y significativa mejora en la rentabilidad de empresas industriales, lo que aumenta su capacidad de pago de deuda. El fortalecimiento del sector industrial se refleja también en la estabilización de préstamos y créditos morosos informados por los bancos comerciales chinos.

Además desde 2015 el Ministerio de Finanzas de China permitió a los gobiernos locales emitir bonos especiales para pagar préstamos bancarios y se espera que 56% de la deuda de gobiernos locales se intercambie por bonos para finales de 2017. No reduce la cantidad pero aumenta los vencimientos en 3 a 5 años. Además estos bonos requieren tipos de interés significativamente menores, lo que permite reducir los costes financieros los gobiernos locales aproximadamente a la mitad.

Al mismo tiempo el Gobierno, en respuesta al aumento del apalancamiento de los hogares en 2016, ha tomado medidas para frenar la especulación en vivienda y en la mayoría de grandes ciudades el aumento de préstamos hipotecarios se ha moderado. En cualquier caso la deuda del sector doméstico, 46% del PIB es baja en comparación con otras economías importantes. Además la tasa de ahorro de los hogares, más del 30%, es de las más altas del mundo.

El caso es que ha habido rápida creación de crédito, resultado del esfuerzo del gobierno chino por estimular crecimiento con flexibilización monetaria y fiscal, especialmente con motivo de la crisis financiera mundial. Para reducir la velocidad de deuda acumulada ha de limitar el estímulo, al menos gradualmente y eso implica menores tasas de crecimiento económico. Una fuerte desaceleración, sobre todo en términos de PIB nominal, puede provocar estallido de la burbuja de crédito, lo que sería extremadamente destructiva. Así que el gobierno chino se enfrenta a un muy fino equilibrio entre crecimiento y des-apalancamiento. No será fácil.
El paso de deuda de sectores no gubernamentales al balance del gobierno central es una opción realista. La deuda del gobierno central, 24% sobre PIB y por debajo de 60% para el conjunto del sector público, implica cierta capacidad para aumentar. Pero ha de hacerlo con cuidado y teniendo en cuenta que dicha capacidad no es ilimitada.

Además las reformas estructurales pueden facilitar su transición económica y mejora de la productividad y son cruciales. De momento hemos visto avances prometedores los últimos años en industrias "nuevas" de tecnología de la información y fabricación high-end, que dependen más de la mejora tecnológica que la expansión del crédito. Pero tomará tiempo que sea conductor dominante del crecimiento económico.

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