El mundo de Trump, cada vez más desquiciado: ¡Es un VETO!

Mientras los abogados del Gobierno defienden la orden ejecutiva que prohíbe la entrada a EEUU desde siete países musulmanes, el presidente tira por tierra los argumentos de su equipo.  Es, ¡un VETO!», asegura en Twitter. 

Nota para el alcalde de Londres: No es personal, Donald Trump también fustiga a su propia gente por Twitter, no tiene filtros, ni abogados mientras tuitea. Si el domingo le tocó a Sadiq Khan con la sangre del puente de Londres aún fresca, ayer fue el turno para su propio Departamento de Justicia, a quien acusó de haber «diluido» su veto musulmán frente al Supremo, en lugar de buscar «una versión mucho más dura».

No había necesidad de estallar públicamente cuando bastaba con llamar a su fiscal general Jeff Sessions, equivalente al ministro de Justicia y cercano asesor. Al lavar estos trapos sucios en público dejaba tras de sí un reguero de declaraciones que socavan los argumentos que presentan los abogados del Gobierno para defender su caso ante el Supremo. «La gente y los abogados lo pueden llamar como quiera, pero yo lo llamaré como es, ¡un VETO!». Todo su equipo se ha desgañitado ante las cámaras y los tribunales asegurando que la orden ejecutiva que prohibía la entrada a los habitantes de siete países musulmanes en su primera versión -seis en la segunda- no era un veto, sino una pausa por cuestiones de seguridad mientras se reescribían las reglas de inmigración para evitar la entrada de posibles terroristas. «En cualquier caso ya estamos aplicando un escrutinio extremo para mantener al país seguro. Los tribunales son demasiado lentos y políticos», continuó Trump en su habitual pataleta del amanecer.

La orden ejecutiva solo pedía 90 días que ya habrían expirado, por lo que el caso que el Departamento de Justicia ha enviado al Supremo habrá perdido validez cuando este escuche los argumentos orales la semana que viene. De ahí la indignación de Trump. «Es un poco extraño que el demandado en 'Hawai contra Trump' actúe como nuestro asesor legal», escribió el abogado Neal Katyal. «No necesitamos ayuda, pero la aceptamos».

La desesperación en el equipo legal del presidente era ayer palpable. Su consejera de comunicación, Kellyanne Conway, recurría a su habitual técnica de culpar a la prensa, ahora por su «obsesión con cubrir todo lo que dice por Twitter». Su marido, sin embargo, George Conway, que la semana pasada retiró su candidatura para un puesto que le habían ofrecido en el Departamento de Justicia, se desmarcó al recordar que esos tweets «puede que le hagan sentirse mejor, pero no le van a ayudar con los cinco votos que necesita en el Supremo, que es lo que importa". Muchos de sus colaboradores han descubierto ya que la única manera de que el presidente escuche lo que tienen que decir es contándolo en televisión o en Twiter. El mundo de Trump está cada día más desquiciado, como el resto del país.

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