El BCE enfría las expectativas de una retirada de los estímulos a corto plazo

Fráncfort. En la jerga anglofinanciera se llama 'tapering' y llegará, tarde o temprano, llegará. La clave es saber el cuándo[…]

Fráncfort. En la jerga anglofinanciera se llama 'tapering' y llegará, tarde o temprano, llegará. La clave es saber el cuándo y éste es el secreto mejor guardo en la torre de cristal del Banco Central Europeo. ¿Cuándo comenzará la retirada de estímulos? Todo apunta a que no será a corto plazo, pese a las expectativas levantadas la semana pasada por el propio presidente de la entidad, Mario Draghi. Este miércoles, en un encuentro con medios internacionales, Benoît Coeuré enfrío la expectativas y sugirió que la cosa va para largo. «El consejo de gobierno aún no ha discutido los cambios de política monetaria que puedan llegar a futuro», zanjó.

Una extraña calma chicha se ha apoderado de la rutina del BCE. La expectación es tal que cada adjetivo, cada gesto o cada movimiento se interpreta en los mercados internacionales como un punto de no retorno. Este miércoles volvió a vivirse uno de esos momentos. Coeuré habló y el euro, de golpe, comenzó a perder posiciones frente al dólar. Las mismas, precisamente, que había ganado la semana pasada después de que Draghi, en la reunión de banqueros centrales que cada año se celebra en Sintra (Portugal), sugiriese que había llegado el momento de la retirada. El tsunami creado fue tal que el propio BCE tuvo que salir para calmar los ánimos y desmentir esas interpretaciones.

Preguntado por este tipo de actuaciones en los mercados y el evidente nerviosismo que se palpa, el integrante francés del comité ejecutivo del BCE intentó restarle trascedencia al asegurar: «No creo que sean muy significativas dentro de una fotografía más general». Lo que parece claro, o al menos eso dejó entrever Coeuré, es que la reunión que el consejo de gobierno celebrará el día 20 de este mes será de trámite. No toca. De momento...

Porque la retirada de estímulos llegará, como lleva meses presionando el todopoderoso Bundesbank alemán con su presidente, Jens Wiedmann, a la cabeza. Muchos apuntan a la reunión de inicio de curso (primeros de septiembre), aunque gran parte de las apuestas se refieren a finales de año. No hay que olvidar que el ambicioso programa de compra de activos (sobre todo deuda pública) expira a finales de este ejercicio y hay que tomar una decisión sobre su continuidad.

Inflación aún muy baja

Ahora, las compras mensuales dentro del programa QE están fijadas en 60.000 millones mensuales y, según muchos analistas, la alternativa más viable es que las adquisiciones sigan en el tiempo aunque a un menor volumen. Los tipos de interés de referencia, por su parte, siguen en el histórico 0%.

¿Cuándo comenzará el BCE a plegar velas? El primer movimiento realmente revelador será la subida de tipos que penalizan la facilidad de depósitos y que desde hace meses esta fijada en el -0,40%. Esto, en la práctica, significa que Fráncfort cobra dinero a los bancos por aparcar su dinero en las ventanillas del Eurobanco en lugar de canalizarlo a la economía real.

 Si ya de por sí es difícil interpretar a Draghi, los niveles de inflación actuales lo complican todo sobremanera, de ahí el nerviosismo en los mercados. Berlín presiona para retirar los estímulos pero los precios, según el cierre provisional de junio, siguen anclados en el 1,3% pese a la ingente inyección de dinero del BCE y que ya suma casi 2 billones de euros a través de diferentes programas. El más destacable es el de compras de deuda pública y supera el umbral de los 1,6 billones.

No hay que olvidar que el objetivo fundacional y primordial de la actuación de la institución es que la inflación esté por debajo pero muy cerca del 2%, algo que no se alcanzará como pronto en 2019, según las últimas estimaciones. Para ello, es clave que los salarios vuelvan a subir, como demanda el BCE.

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