Puigdemont, a Fainé: "Esperad 15 días, hay que parar el efecto dominó"

Uno de octubre. Empieza la cuenta atrás. Cuarenta y ocho horas después la operación salida de Cataluña se pone en[…]

Uno de octubre. Empieza la cuenta atrás. Cuarenta y ocho horas después la operación salida de Cataluña se pone en marcha y con ello la ruptura del relato con el que el secesionismo había intentado abducir a la sociedad. Una fabulación según la cual la independencia traería más inversión, más prosperidad a medio y largo plazo e incluso, según argumentaban los ideólogos secesionistas, la renta per cápita de la futura república catalana sería más alta.

Pero el dinero corre mucho más que la política, es miedoso y no entiende de la inseguridad jurídica que se ha instalado en Cataluña en las últimas semanas, y especialmente desde el referéndum ilegal. La biofarmacéutica Oryzon fue la primera. Anuncia su marcha a Madrid dos días después del referéndum suspendido por el Tribunal Constitucional y la misma jornada en la que Cataluña celebraba una huelga general. Se mascaba la tragedia.

Desde entonces, el suma y sigue ha sido una constante. Solo entre el 9 y el 10 de octubre 400 empresas trasladaron su sede desde Cataluña hasta otros lugares de España. Un día después la lista era ya de 540. Gas NaturalFenosa, Abertis, Cola Cao, Bimbo, Axa, Planeta, Catalana Occidente, Aguas de Barcelona, Cellnex, Colonial... Un goteo acelerado de huidas de sociedades al que aún se unirán otras tantas, temerosas de quedar atrapadas por el secesionismo.

La situación se recrudecía por momentos. Caixabank y Sabadell perdieron en los días posteriores al referéndum ilegal más de un 10% en Bolsa. Sus accionistas cosecharon así unas minusvalías de más de 3.000 millones solo por la pérdida de valor implícita. Atajar de raíz la retirada de depósitos y la pérdida de clientes ante la prolongación de la inestabilidad en Cataluña era ya acuciante.

El martes 2 de octubre, el vicepresidente de la Generalitat, Oriol Junqueras, acude a la Fundación La Caixa para mantener un encuentro con su presidente, Isidro Fainé. El banquero catalán intenta conocer los detalles de los planes del Govern tras el referéndum. Es informado entonces de que el lunes 9 más tarde se trasladaría al martes el presidente de la Generalitat tenía intención de realizar una declaración unilateral de independencia (DUI).

Fainé informó entonces a Junqueras de que en ese supuesto el Grupo La Caixa, con todo el dolor de su corazón, tendría que salir de Cataluña. «Es una decisión no querida, tomada con mucho dolor», pero es vital para asegurar el futuro de la entidad, dijo el también presidente de Gas Natural Fenosa al consejo que aprobó la operación para dejar la comunidad autónoma. Fainé y el presidente del Sabadell, Josep Oliu, han actuado de forma coordinada en esta crisis. Como una «entente cordiale». Ambos se dieron cuenta desde que el Parlamento catalán aprobó la norma del referéndum y la ley de «desconexión» el pasado septiembre de que el proceso no tenía marcha atrás. También habían empezado a percibir el temor de los clientes y las dudas de los inversores. La situación no se podría mantener por mucho más tiempo, pensaron.

Los anuncios de ambos banqueros sentaron como una bomba en los cuarteles independentistas. La salida de Cataluña era lo último que creían que podía pasar. Siempre pensaron que iban de farol. La decisión era firme y contundente, pero Puigdemont y Junqueras pidieron tiempo a La Caixa y Sabadell. «Esperad 15 días, hay que evitar el efecto dominó, que los dos bancos catalanes se queden es clave para la tranquilidad del resto de las empresas catalanas», imploraron.

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