Renta variable

Indexados: los dueños de las mayores compañías de España

Las tres gestoras de fondos índice más grandes del mundo son propietarias del 6,5 por ciento del Ibex, una participación que subirá en el futuro

Las bolsas empezaron a sufrir tras la llegada del coronavirus a Italia.

 

Las tres grandes gestoras de fondos indexados estadounidenses son las principales accionistas de las mayores compañías del mundo y las empresas españolas no son una excepción: BlackRock, Vanguard y, en menor medida, State Street poseen el 6,5 por ciento del Ibex, aunque su participación se eleva al 10 por ciento en empresas tan significativas como BBVA. El fenómeno se encuentra rezagado respecto a los Estados Unidos (unos diez años por detrás debido, entre otras cosas, al carácter familiar de muchas compañías europeas), pero avanza a gran velocidad debido a la creciente popularidad de los fondos indexados entre los inversores, por lo que es de esperar que la participación de estas tres grandes siga incrementándose en las empresas españolas.

Es evidente que esto presenta un problema potencial para la competencia, aunque no haya evidencias de que se hayan producido prácticas lesivas en España (de momento). La amenaza es especialmente significativa en áreas como la banca debido a la fuerte presencia de este sector en el mercado nacional. Porque, al tratarse de gestoras que compran todo un índice a la vez, estos tres gigantes tienen participaciones importantísimas en todos los bancos españoles. Son las principales dueñas del sector. En concreto, BlackRock, Vanguard y State Street poseen de manera conjunta un 10,3 por ciento de BBVA; un 8,7 por ciento del Sabadell; un 7,5 por ciento de Santander; un 6,1 por ciento de Bankinter; un 5,2 por ciento de CaixaBank y un 2,6 por ciento de Bankia.

Poder en la sombra

Con esos números, estas compañías tendrían en sus manos dificultar una fusión bancaria si así lo desearan (precisamente, cuando se reactivan los rumores de consolidación en el sector). También tendrían capacidad para torpedear una guerra de precios (en beneficio de los clientes y en detrimento de los resultados de las entidades) o, incluso, podrían compartir información confidencial de un banco con el resto (aunque no hay ninguna prueba de que esto se haya producido). «Las gestoras americanas controlan mas del 50 por ciento de la inversión mundial en fondos (quitando los fondos soberanos), con inversiones en los países mas relevantes, por lo que dominan las finanzas mundiales. Y no son ONG. Defienden sus intereses que, en definitiva, son los de los partícipes de los fondos que manejan», explica Alfredo Bachiller, profesor de la Universidad de Zaragoza.

Si bien, parece que estas grandes compañías de fondos indexados no tienen demasiado interés en influir en las estrategias corporativas de sus participadas (por ahora), como se refleja en las memorias anuales de las mismas. En el caso de BlackRock, la compañía ha mantenido reuniones con Santander, BBVA, el Sabadell, Telefónica y Repsol en 2019 (como principal accionista) pero, llegado el momento de la verdad, en la gran mayoría de los casos votó a favor de las propuestas de la dirección en la junta de accionistas.

Porque, ¿qué incentivo tiene BlackRock para mejorar la competitividad de un banco español si resulta que tiene a toda su competencia en cartera? Ninguno. Y, si decidiera arremangarse y dedicar recursos a tratar de mejorar el beneficio de todos los bancos del Ibex, eso terminaría beneficiando a su competencia, pues obtendría la misma rentabilidad con menores costes.

Por eso, expertos como Carlos Fernández, profesor del IEB, aventuran que estas reuniones estarán más relacionadas con el gobierno corporativo —con el que estas empresas y, en concreto, BlackRock, están muy alineadas—, que con intentos de presionar a los directivos en alguna dirección. «No veo a estas gestoras como inversores activistas. Más bien, el problema sería el contrario. Una falta de control sobre el gobierno corporativo al carecer de una junta de accionistas preocupados por la evolución de la compañía», opina Fernández.

Pero que no estén incurriendo en prácticas contrarias a la competencia ahora mismo no quiere decir que no lo puedan hacer en el futuro. Ni que vayan a renunciar a su derecho de influir como principales accionistas. Las propias gestoras han explicado que su manera de cambiar las cosas es a través del ‘engagement’ accionarial, el diálogo entre inversores y empresa, que se puede hacer sin necesidad de llegar a un conflicto.

Por eso, algunos expertos se preguntan si no habría que tomar cartas en el asunto: «Tal vez deberíamos mirar la experiencia americana y pensar en Europa si queremos ir en esa dirección o hacer alguna regulación para frenar el crecimiento de estos fondos gigantes que pueden crear participaciones cruzadas significativas entre compañías», se plantea José Azar, profesor de Economía del IESE.

La Comisión Europea es consciente del asunto y lo está evaluando, al igual que la división anti-trust del departamento de Justicia estadounidense. Si bien, la CNMV ha evitado posicionarse de manera clara cuando le hemos preguntado sobre este tema. «La función de la CNMV es asegurarse de la transparencia en la comunicación de participaciones significativas, pero no podemos valorar las posiciones de los inversores ya que habría que analizar cada situación en concreto», se limitó a contestar.

La cuestión es que legislar sobre este tema no es un asunto sencillo. «No se puede tener al mismo tiempo un producto diversificado y barato para los accionistas, que las empresas actúen en beneficio de los accionistas y competencia dentro del sector. Porque, si tienes las dos primeras, afecta a la tercera. Y no está claro qué beneficio hay que priorizar. Esto es un dilema porque si se prohibieran las participaciones cruzadas, se acabaría con los fondos índice. Y es impensable prohibir los fondos índice», reflexiona Azar.

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